Negociación desde la firmeza para afrontar una tormenta comercial perfecta

Madrid, 4 oct (EFE).- La partida en el tablero comercial internacional afronta un escenario de tormenta perfecta para la economía española -y el sector de los alimentos y bebidas en particular-, en el que la apuesta es negociar desde la firmeza ante los aranceles de EE.UU. y la cercanía del “brexit”.

Ambos términos los utilizaba este viernes el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación en funciones, Luis Planas, cuando en su intervención tras el Consejo de Ministros analizaba la situación desde la negociación y la firmeza, tanto para reaccionar ante la guerra comercial como para apoyar a los sectores afectados.

Según Planas, hay unos 1.000 millones de euros del negocio alimentario en juego por los aranceles de Estados Unidos y más de mil camiones españoles que cruzan a diario el eje Calais-Dover y que son una de sus mayores preocupaciones como ministro ante el “brexit”.

La portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá, apelaba a la esperanza en la misma rueda de prensa al afirmar que “España y Europa sabrán responder a las medidas proteccionistas”, para resolver el desacuerdo por encima de las “represalias”.

Es el asunto de la retorsión (es decir, que Bruselas respondiera con la misma estrategia que EE.UU., con aranceles) una de las posibilidades de reacción que por el momento se mantiene en segundo plano, conscientes de que tras conocerse la sentencia de la OMC aún queda pendiente por salir una resolución sobre Boeing y de que las consecuencias económicas de la guerra comercial serían perjudiciales por todos.

El sector agroalimentario, por su parte, se reiteraba en la indignación por su “utilización” en una guerra de la que “no tienen la culpa”, pero en la que se les utiliza como “moneda de cambio”.

Desde la industria, el director general de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), Mauricio García de Quevedo, aseguraba a Efeagro que si bien “el escenario es muy exigente para la economía nacional” el sector ha demostrado “una gran capacidad de adaptación” y ha buscado “alternativas” y “diversificación” para incrementar su proyección internacional.

García de Quevedo, que aún considera prematuro saber cómo se desarrollará esta situación, apuesta por reclamar colaboración al Gobierno y la UE, y por “redoblar” los esfuerzos para mantener la competitividad.

En este sentido, Planas anunciaba para la semana que viene reuniones con los consejeros del ramo sobre el “brexit” y los aranceles; y con representantes de los agricultores, las cooperativas y la industria, para analizar la situación, con la posibilidad de plantear ayudas a los sectores afectados si la Administración Trump cumple con sus propuestas arancelarias.

En el terreno político y autonómico, distintas voces pedían encuentros con el Gobierno para preparar planes de contingencia e incluso el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, anunciaba que tratará este asunto con el futuro comisario de Comercio Internacional, Phil Hogan, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su visita a Bruselas en los próximos días.

Dicen que el optimismo genera riqueza, y a esa idea alude el profesor del Instituto Internacional San Telmo Horacio González Alemán cuando califica la situación de “delicada, pero no extrema”.

Un escenario “difícil”, explicaba a Efeagro, en el que los aranceles afectan a sectores particulares, pero no a la potencia exportadora española; las incertidumbres económicas y políticas nacionales no ayudan, y se espera que la actuación de la Comisión Europea se desarrolle con “cordura”.

Las últimas dos semanas de octubre se vislumbran complejas y definitorias, a la espera de si el 14 de octubre en Ginebra el organismo de regulación modifica la lista arancelaria propuesta por la Administración Trump, y del resultado del Consejo Europeo los días 17 y 18, que abordará la salida de la UE, prevista para el 31 de octubre.

Mientras, los productores de aceite, aceituna, vino, cítricos, porcino y quesos añadían una nueva preocupación a la báscula, las industrias españolas con sedes en Estados Unidos y Gran Bretaña recalibraban la ecuación del negocio, y el campo, de nuevo, se sentía el castigado sin culpa.

Laura Cristóbal

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