Draghi traspasa a Lagarde un banco central «moderno» capaz de cualquier reto

Arantxa Iñiguez

Fráncfort (Alemania), 28 oct (EFECOM).- El presidente saliente del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Mario Draghi, dijo este lunes al pasar el testigo a la francesa Christine Lagarde que la entidad monetaria se ha transformado en «un banco central moderno capaz de gestionar cualquier reto».

El BCE ha celebrado en su sede central en Fráncfort la ceremonia de despedida de Draghi a la que han asistido los principales mandatarios europeos.

El presidente saliente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, no ha asistido a la ceremonia porque no debe volar por motivos de salud, pero sí estuvo presente la presidenta electa de la CE, Ursula von der Leyen.

Pero en su cuenta de Twitter, Juncker ha recordado «el pragmatismo y la diligencia con los que Draghi contribuyó a la creación de empleo».

Han intervenido la canciller alemana, Angela Merkel, y los presidentes de Francia, Emmanuel Macron, e Italia, Sergio Mattarella.

Todos ellos han destacado la determinación con la que Draghi actuó en un momento de crisis en la eurozona y cómo con esa determinación salvó al euro y garantizó que todos los países siguieran juntos.

En su discurso, pocos días antes de que concluya su mandato de ocho años el 31 de octubre, Draghi afirmó: «mi objetivo ha sido siempre cumplir con el mandato recogido en el Tratado, con total independencia, y llevarlo a cabo a través de una institución que ha evolucionado en un banco central moderno capaz de gestionar cualquier reto».

Draghi ha destacado la transformación del BCE durante la crisis de endeudamiento soberano de la zona del euro después de que decidiera aplicar estímulos monetarios mediante la compra de grandes cantidades de deuda.

Otros bancos centrales mundiales como la Reserva Federal (Fed) y el Banco de Inglaterra (BoE) habían aplicado también estímulos monetarios similares para apoyar a la economía tras el estallido de la crisis financiera en 2007 y la quiebra de Lehman Brothers.

Con estos estímulos monetarios y la inyección de grandes cantidades de liquidez los principales bancos centrales del mundo quisieron evitar una Gran Depresión como la que se vivió tras la crisis financiera de 1929, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, y que al final se quedó en una Gran Recesión.

Y no fue fácil para Draghi porque el BCE tenía un mandato, que es la estabilidad de precios y no tanto la estabilidad financiera, ni tampoco garantizar la creación de empleo en la zona del euro.

«No hace mucho, la economía de la zona del euro fue marcada por un nivel de desempleo probablemente no visto desde la Gran Depresión», recordó Draghi.

Pero «hoy 11 millones de personas más trabajan. Ha aumentado la confianza pública en el euro a su máximo histórico. En la zona del euro los legisladores reafirman que el euro es irreversible», dijo con orgullo Draghi.

Lagarde, en su intervención, también ha hecho hincapié en que fue Draghi con su determinación quien contribuyó a crear estos años esos 11 millones de empleos, cifra que ha sido más importante que el objetivo de inflación (una tasa algo por debajo del 2 %).

Aunque para los economistas más ortodoxos en el Consejo de Gobierno del BCE, principalmente los alemanes, esa ha sido la gran preocupación estos años, la tasa de inflación.

El presidente saliente del BCE ha considerado que «el euro es un proyecto político eminentemente, un paso fundamental al objetivo de una integración política mayor, que encuentra su justificación económica en el peligroso estado de las economías europeas» a mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando el desempleo había subido del 2,6 % en 1973 hasta el 9,2 % en 1985 y el crecimiento se había debilitado significativamente en los 12 países que formaron la zona del euro.

Fueron los países más afectados por la crisis de endeudamiento soberano a partir de 2010 los que han sufrido tasas de desempleo muy elevadas, superiores al 20 % y llegando al 50 % de la población más joven en edad de trabajar en Grecia y España en 2013.

Antes de la crisis la tasa de desempleo juvenil en Grecia era del 23 % y en España del 18 %. En Irlanda se triplicó hasta alcanzar el 30 %.

Mientras en Alemania el desempleo juvenil bajó hasta el 8 % y su mercado laboral ha dado empleo estos últimos años a jóvenes portugueses, españoles, italianos y griegos

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