Finlandia, Suecia y la UE: el beneficio económico y el impacto de la crisis

Helsinki/Copenhague, 1 ene (EFE).- Finlandia y Suecia sacan consecuencias positivas como balance global de sus 25 años de pertenencia a la Unión Europea (UE), con matices en el caso finlandés por la contribución a los rescates financieros durante la crisis del euro y con la consideración de las autoridades suecas del papel central para el crecimiento de su país.

Finlandia, Suecia y Austria se sumaron al club comunitario el primero de enero de 1995, en la que fue la quinta ampliación de la UE y con la que los socios europeos pasaron de 12 a 15, lo que supuso un incremento del Producto Interior Bruto (PIB) de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) del 6,9 % al ser países más ricos que la media comunitaria.

“En estos 25 años hemos tenido todo tipo de periodos económicos, pero en general, pertenecer a la UE ha sido beneficioso para la economía finlandesa, gracias a factores como el mercado común, la movilidad laboral y el libre movimiento de capitales”, explica a Efe el director de Economía Real del Ministerio de Finanzas, Jukka Railavo, pese a que Helsinki no dispone de datos oficiales sobre el impacto económico específico de su incorporación al club comunitario y a la zona euro.

Railavo subraya que “la pertenencia a la UE ha facilitado el acceso de las empresas finlandesas a los mercados, les ha ayudado a expandirse y la unión monetaria ha traído beneficios a la hora de fijar precios y eliminar los riesgos asociados a los tipos de cambio, lo que ha permitido reducir costes”.

Sin embargo muchos expertos locales creen que si Finlandia se hubiera quedado fuera de la eurozona, como hizo Suecia, no habría tenido que participar en los rescates financieros durante la crisis del euro y habría podido recurrir a la devaluación de su moneda para superar la recesión que sufrió entre 2012 y 2014.

A falta de cálculos oficiales, la consultora Oxford Economics elaboró un estudio para la confederación sindical Akava cuya conclusión es que el ingreso del país nórdico en la UE ha producido un significativo beneficio económico, que supera con creces los costes de ser un contribuyente neto a las arcas europeas.

Según el estudio, eso ha permitido a Finlandia incrementar su PIB per cápita real entre un 1,2 y un 1,7 % en estos 25 años, lo que supone un aumento de los ingresos medios anuales de los hogares de entre 1.020 y 1.450 euros.

Respecto a las inversiones, la consultora británica estima que ser miembro tanto de la UE como de la eurozona (integrada por 19 países que comparten el euro como divisa) a atraído cerca de 31.700 millones de euros extra en capital extranjero desde 1995, equivalentes a una media anual del 0,9 % del PIB.

En Suecia se considera que la UE ha tenido un papel central en el crecimiento económico, estimulando las inversiones, al igual que para las empresas (por la eliminación de aranceles y la armonización de reglas) y los consumidores (aumento de la oferta de mercancías y servicios a precios menores).

Esa es la conclusión de un análisis de 2018 del Gobierno sueco, que destaca la internacionalización de la economía y que el comercio con el mercado interno de la UE se ha duplicado desde 1995.

“Suecia lo ha hecho mejor de lo esperado. En general, ha ganado bastante económicamente por los efectos de la competencia, que ha aumentado”, explica a Efe Stefan Folster, presidente del Instituto de Reformas sueco, un laboratorio de ideas liberal.

Folster señala la expansión de servicios e industria, aunque esta se frenó en 2011 por regulaciones ambientales y altos salarios; la caída de los precios de los alimentos y el crecimiento del comercio exterior.

“Es difícil decir qué habría pasado de no ser miembros, porque Suecia ya había empezado a liberalizar su economía y probablemente habría hecho una política bastante similar. En áreas como la privatización de servicios sociales hemos ido mucho más lejos que el resto de forma voluntaria”, sostiene el economista Stefan De Vylder.

Más que la UE cree que la causa de la mayor competitividad es la liberalización del comercio mundial desde los años 90, con la bajada de los costos de información y de transporte.

A diferencia de Finlandia y de Austria, Suecia no forma parte de la unión monetaria, ya que en 2003 rechazó en un referéndum sumarse al euro, lo que a juicio del economista De Vylder explica por qué este país ofrece mejores cifras en desarrollo, crecimiento y desempleo que los de la eurozona.

Folster defiende en cambio que estar fuera de la unión monetaria perjudica a la larga, porque “mientras muchas empresas de la zona euro incrementan su productividad, en Suecia es pobre porque creen que siempre se puede confiar en una devaluación”.

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