Grecia, Chipre e Israel firman el ambicioso proyecto de gasoducto EastMed

Atenas, 2 ene (EFE).- Grecia, Chipre e Israel dieron este jueves luz verde a la construcción del gasoducto EastMed, que pretende abastecer a la Unión Europea (UE) con gas natural del Mediterráneo oriental y crear así un nuevo corredor energético que facilite la independencia energética del continente.

Se trata de una iniciativa geoestratégica y económicamente ambiciosa, que a la vez pone en jaque las aspiraciones energéticas de Turquía en la zona, lo que la convierte en una fuente de nuevos conflictos en una región históricamente disputada.

Tras la firma por parte de los ministros de Energía en un acto celebrado en Atenas, los primeros ministros de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, e Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de Chipre, Nikos Anastasiadis, recalcaron el carácter “histórico” de este acuerdo intergubernamental.

Mitsotakis y Anastasiadis subrayaron que EastMed contribuirá a la paz y la estabilidad en la región y no constituye ninguna amenaza para nadie.

En principio, a la firma debería haberse sumado Italia, país crucial en el proyecto, pero por ahora el Movimiento Cinco Estrellas se ha mostrado reticente. Aún así, el Gobierno emitió este martes un comunicado en el que recalca que sigue interesado.

TODAVÍA PERSISTEN MUCHAS INCÓGNITAS DE VIABILIDAD

El gasoducto de cerca 2.000 kilómetros podría transferir 10.000 millones de metros cúbicos al año desde las reservas del sureste del Mediterráneo en Israel, Chipre, Creta y el continente griego, hasta Italia y el resto de la Unión Europea.

El proyecto, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos y está incluido en la lista de Proyectos del Interés Común, no acaba sin embargo de convencer a los expertos energéticos.

En una reciente entrevista con el semanario New Europe, el CEO de la compañía chipriota de hidrocarburos, Charles Ellinas, advirtió de que para aplicar al acuerdo será necesario encontrar inversores dispuestos a costear un proyecto calculado en cerca de 6.000 millones de euros, y por supuesto, compradores en Europa.

“De momento nada de esto está garantizado”, señaló Ellinas, para quien el presupuesto de 6.000 millones es demasiado optimista, y los costes reales fácilmente podrían dispararse hasta los 10.000 millones.

Para que el gasoducto sea rentable el precio final que deberían pagar los europeos podría superar los 7 euros por unidad termal británica (btu), sostuvo.

EastMed, que según los deseos de los países firmantes debería estar operativo en 2025, solo podrá salir adelante si el proyecto logra pasar a la segunda fase de realización, para lo que tiene que obtener un informe positivo de viabilidad presupuestado en 70 millones de euros.

Otro problema que vienen señalando los geólogos es la extrema profundidad por la que discurrirá el gasoducto: 3.000 metros en un complicado suelo marino que además se encuentra en una zona de gran actividad sísmica.

A ello se suman los problemas políticos en una zona históricamente disputada, que ahora en concreto está al rojo vivo por las exigencias de Turquía de participar en el reparto del pastel energético, cuyo valor está calculado en unos 700.000 millones de dólares, según US Geological Survey.

PARA TURQUÍA, EASTMED SUPONE UNA AFRENTA

Desde la perspectiva del Gobierno de Atenas, la reciente firma de dos acuerdos entre Turquía y el Gobierno de Unidad Nacional de Libia -reconocido por la ONU-, uno militar y otro sobre zonas marítimas, ha hecho colmar el vaso de las provocaciones turcas.

En este acuerdo, Turquía ignora la existencia de aguas jurisdiccionales griegas al rozar las islas de Creta y Rodas.

Además, el mapa de las delimitaciones de las zonas económicas exclusivas (ZEE) de Libia y Turquía pasa junto a Chipre, cuya parte septentrional está ocupada desde 1974 por el ejército turco y a cuyas aguas el Gobierno de Ankara ha enviado varios barcos de prospección de gas, a pesar de las sanciones impuestas por la Unión Europea.

Las tensiones entre los eternos rivales se fueron exacerbando se en los últimos años después de que Grecia y Chipre comenzaran a emitir licencias de perforación en lo que consideran sus aguas.

Turquía, que quisiera depender menos del petróleo ruso, acusa a las autoridades en Nicosia de explorar en aguas que pertenecen a Ankara o donde las autoridades turcochipriotas afirman tener derecho a cualquier hallazgo.

Para dar énfasis a su protesta contra el proyecto EastMed, el presidente, Recep Tayyip Erdogan, hizo coincidir la votación en el Parlamento turco, para el envío de tropas a Libia, un apoyo que ha exasperado a la Unión Europea.

Pese a todo, Mitsotakis y Anastasiadis recalcaron hoy que la cooperación energética está abierta a “todos los países”, siempre y cuando respeten “el derecho internacional y las relaciones de buena vecindad”.

Ingrid Haack

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