La economía se desacelera al 2 % por la debilidad del consumo y la inversión

Madrid, 31 ene (EFE).- La pérdida de dinamismo de la demanda interna (consumo e inversión) ha frenado el crecimiento de la economía española al 2 % en 2019, cuatro décimas menos que en 2018 y la tasa más baja desde 2014, si bien el PIB encadena seis años al alza y sigue creciendo por encima de la media europea.

El dato adelantado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE) está en línea con lo que esperaban los analistas, aunque es una décima inferior al 2,1 % previsto por el Gobierno, que destaca que el crecimiento sigue siendo sólido y que la desaceleración está empezando a frenarse.

La sorpresa ha venido de los datos del cuarto trimestre al acelerarse una décima (al 0,5 %) el crecimiento registrado entre octubre y diciembre, gracias a una recuperación mayor a la esperada de las exportaciones (1,5 %).

Sin embargo, el dato trimestral también conlleva una sorpresa negativa porque se ha estancado el consumo de los hogares y ha caído la inversión (2,5 %), en especial la empresarial (5,4 %), lo que ha provocado que la demanda nacional reste 0,4 puntos al crecimiento trimestral.

Junto con el avance del sector exterior, también ha sido positivo en el cuarto trimestre el dato del empleo, que ha repuntado un 0,9 %, lo que supone una aceleración de ocho décimas respecto al incremento registrado en el tercero, mientras que creció un 2 % interanual, con la creación de 358.000 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo en un año.

En el conjunto de 2019 la demanda interna contribuyó al crecimiento anual con 1,5 puntos, 1,1 puntos menos que en 2018, mientras que la demanda externa (exportaciones e importaciones) aportó 0,4 puntos, con lo que vuelve a tener una contribución positiva al PIB tras restar 0,3 puntos en 2018.

El consumo de los hogares creció un 1,1 % en 2019, siete décimas menos que en 2018 y la tasa más baja desde 2013, mientras que el gasto público avanzó un 2,2 %, lo que supone el mayor aumento en diez años.

La inversión creció un 1,9 % y encadenó seis años al alza, pero, al igual que ocurre con el consumo, se trata de la tasa más baja desde 2013, año en el que la demanda interna aún caía.

La actividad avanzó un 2,5 % interanual en el sector servicios en el cuarto trimestre y un 1,6 % en la industria, mientras que cayó un 0,7 en el sector de la construcción y se desplomó un 6 % en el agrario.

La evolución sectorial del empleo es similar, con un avance del 2,4 % en los servicios y del 1,9 % en la industria, mientras que en la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca los ocupados cayeron un 4,5 %.

Frente al aumento de la actividad y el empleo, la productividad aparente del factor trabajo disminuyó el 0,3 % trimestral y el 0,1 % interanual.

Los costes laborales siguieron creciendo, con una subida del 2,2 % interanual, cinco décimas superior a la variación experimentada por el deflactor implícito de la economía (1,7 %), en tanto que la remuneración por asalariado creció el 2,1 %.

El valor del PIB a precios corrientes para el conjunto del año marcó un nuevo máximo en 1.244.757 millones de euros, lo que supone un 3,5 % respecto al de 2018.

En términos de rentas a precios corrientes, la remuneración de los asalariados creció el 4,7 % interanual en el cuarto trimestre y el excedente de explotación bruto (margen empresarial), un 3,3 %, mientras que los impuestos netos sobre la producción y las importaciones cayeron el 0,2 %.

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