Marruecos cerrará 2020 con los peores datos económicos de este siglo

Rabat, 13 abr (EFE).- El año 2020 se cerrará con un crecimiento negativo en Marruecos y se convertirá en el peor año económico de este siglo debido a la crisis del coronavirus combinada con una larga sequía, según afirma el jefe del organismo estadístico oficial Alto Comisariado del Plan (HCP, en francés), Ahmed Lahlimi.

En una entrevista con Efe, el máximo responsable de esta respetada institución cree que el Estado ha sabido encarar esta situación excepcional mediante la movilización de los recursos internos e iniciativas sociales promovidas por el rey Mohamed VI y secundadas por el Gobierno.

UNA CRISIS MULTIDIMENSIONAL

Esta crisis, según detalla Lahlimi, tiene un carácter multidimensional porque ningún sector saldrá indemne: además de la agricultura y el turismo (que representan un 20 % del PIB), la pandemia tendrá consecuencias también sobre otros sectores primarios y secundarios (artesanía o industria agroalimentaria, por ejemplo).

Se verán también perjudicadas las exportaciones de automoción, fosfatos y textil, que constituyen junto al turismo y las remesas de los emigrantes la principal fuente de divisas del país.

“Padecemos la crisis del sector del automóvil, que representa más del 20 % de nuestras exportaciones; los fosfatos continúan aguantando pero sufren los efectos del descenso de volúmenes y de los precios, mientras que el textil está en la misma situación. Es como una cadena de impactos”, subrayó.

En sus últimas proyecciones, el HCP indicó que la economía marroquí se contraerá hasta un -1,8 % en el segundo trimestre de este año, con unas pérdidas estimadas de 10.900 millones de dirhams (970 millones de euros) en este mismo periodo.

La temida recesión retrotraerá a Marruecos a la memoria de los años noventa, cuando vivió tres años de crecimiento negativo que culminaron en 1995 con un desplome del 6,5 % del PIB nacional por efecto de la sequía, en una economía que era (y sigue siendo, aunque en menor medida) muy dependiente de la agricultura.

Ante todos estos impactos, Lahlimi cree que las tasas de crecimiento “serán seguramente negativas” en Marruecos, también porque el país no puede escapar a la coyuntura difícil que vive su entorno regional, particularmente en la Unión Europea, con quien el país magrebí mantiene el 70 % de sus intercambios económicos.

LA RESPUESTA DEL ESTADO

El Gobierno marroquí decretó el pasado 20 de marzo el confinamiento obligatorio, cerró las fronteras a la circulación de personas y prohibió reuniones, rezos colectivos y actividades de ocio, lo que se tradujo en la paralización económica casi total.

Esta coyuntura llevó al Estado a actuar de forma acelerada mediante la creación por el rey Mohamed VI de un fondo especial anticrisis nutrido con donaciones públicas y privadas, que ya ha logrado triplicar el monto inicial de 1.000 millones de euros.

El Gobierno puso en marcha un comité de vigilancia económica para ir ejecutando las políticas de subvención a sectores, trabajadores desempleados y familias más damnificadas en esta crisis.

“Marruecos ha sabido responder con suficiente iniciativa, valentía y previsión. La creación de un fondo de apoyo económico y social mediante la movilización de recursos internos es extremadamente importante”, aseveró, y alabó la implicación de toda la sociedad en estas políticas.

La crisis impuso una reorganización de varias unidades de producción: empresas que reconvierten su actividad en la fabricación de respiradores o de mascarillas (obligatorias para toda salida a la calle desde hace una semana), o la creación de nuevos circuitos de distribución alimentaria.

Para Lahlimi, estas políticas son las naturales de un Estado que “asume los grandes problemas de un país, ese es su papel y su vocación”.

“Vivimos una nueva fase de resistencia en la que los marroquíes recuperan sus recursos históricos de una nación. (…) Hay que rendir homenaje a este Gobierno quien, bajo las instrucciones del rey, se ha implicado por completo en esta fase”, añadió.

PROYECTAR EL FUTURO

Lahlimi cree que el país debe empezar a pensar en la fase de poscrisis y prever proyectos estratégicos del futuro que pongan en el centro de sus intereses el medio ambiente y el ser humano, así como en las tecnologías, energías renovables y en las infraestructuras que además “pueden interesar a inversores europeos que disponen de mucha liquidez”.

“En esta fase poscrisis el Estado tiene que ser un motor de desarrollo: no un Estado de bienestar, sino estratega y movilizador de recursos. Estoy más bien a favor de una economía planificada, no una planificación administrativa que vivimos en los años sesenta, sino con planes que se abran al futuro”, apuntó.

ENDEUDARSE NO ES UN MAL

Lahlimi se mostró además favorable a recurrir al endeudamiento interno o externo cuando sea necesario para financiar las inversiones, pero no los gastos de funcionamiento, aunque esto suponga aumentar el déficit público.

En este sentido, se mostró crítico con las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) de no superar determinados techos de crecimiento.

“No hay que mitificar algunos indicadores. El 2 o 3 % de déficit es un mito y un crecimiento que tenga que ser del 6 % es otro. El crecimiento no depende del nivel sino más bien del contenido. ¿Creará empleo e ingresos? ¿No hay desigualdades sociales en este crecimiento? Esto es lo más importante”, concluyó.

Fatima Zohra Bouaziz

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