La banca española se juega su mermada reputación en la crisis del coronavirus

Madrid, 22 abr (EFE).- La crisis económica causada por la pandemia del coronavirus puede ser una oportunidad para que el sector financiero español lave su imagen, recupere la confianza de sus clientes y mejore una reputación muy dañada desde hace años.

La larga lista de escándalos que han ensuciado la imagen del sector e incluso han llevado a la cárcel a algunos directivos, algo impensable hace no tanto, han sido un lastre que desde hace años pesa y mucho en la reputación del sector financiero español.

La salida a bolsa de Bankia, las tarjetas “black”, la caída del Banco Popular o el “caso Villarejo”, que ha llegado a salpicar al expresidente del BBVA Francisco González, han sido sólo algunos de sus escándalos más sonados.

Sin olvidar, eso sí, las prácticas comerciales poco transparentes o directamente abusivas cometidas por algunas entidades, como las cláusulas suelo, los elevados intereses de las tarjetas “revolving”, o las ventas a particulares sin apenas cultura financiera de productos tan complicados de entender que casi no eran adecuados ni para inversores profesionales, entre ellos las participaciones preferentes.

La banca quiere dejar atrás todo aquello y tras la gran inyección de capital público y la consecuente reconversión, el sistema bancario español goza ahora de buena salud, con ratios de solvencia y capital adecuados y con la liquidez necesaria para poner en el mercado el crédito que se demande.

Así las cosas, la crisis del coronavirus ha cogido a la banca mejor pertrechada y consciente de que es el momento de arrimar el hombro y desde que se congeló la actividad económica, no pasa un día sin que algún banco anuncie alguna iniciativa solidaria, o una aportación a algún fondo, moratorias hipotecarias y todo tipo de aplazamientos de pagos y adelanto de cobros de pensiones.

De esta manera, la banca no solo mejora su imagen, sino que pone en valor su papel como canalizador de liquidez en forma de crédito hacia la economía real: familias y empresas, sobre todo pymes, que conforman la inmensa mayoría del tejido empresarial español.

Y son precisamente estas empresas, pequeñas y medianas, comercios de todo tipo, bares, restaurantes, talleres, peluquerías, panaderías, librerías y sus proveedores, las que tienen que seguir funcionando para que la gente pueda gastar su dinero, engrasando así los engranajes de la economía.

Todo ese esfuerzo de la banca por “sanear” su imagen puede venirse abajo de inmediato si se producen nuevas denuncias de mala praxis con sus clientes.

Algunas plataformas de pymes acusan a sucursales bancarias de pedir garantías adicionales cuando solicitan los préstamos ICO covid-19 y otros clientes aseguran que los bancos les exigen contratar conjuntamente otros productos.

Todo ello, ha provocado que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) abra recientemente una investigación por posibles conductas anticompetitivas de la banca, con la venta de productos vinculados a los créditos con aval del Estado.

De momento, Bankinter inicia mañana la ronda de presentación de resultados de la banca correspondientes al primer trimestre de 2020, que podrían reflejar un beneficio ordinario similar al del mismo periodo de 2019, pero también, según algunos expertos consultados, pueden verse mermados si deciden empezar a dotar provisiones para atenuar el futuro impacto del coronavirus.

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