Argentina estira la negociación para llegar a un acuerdo por su deuda y evitar un default

Buenos Aires, 12 may (EFE).- Argentina buscará esta semana y la próxima acercar posiciones con los acreedores privados de su deuda que rechazaron una oferta inicial de reestructuración de bonos por 66.239 millones de dólares y reclaman una mejora para sellar un acuerdo que, de no alcanzarse pronto, acrecienta las posibilidades de que el país suramericano caiga en un nuevo cese de pagos.

El plazo para que los tenedores de bonos emitidos bajo ley extranjera aceptaran la propuesta de canje lanzada por Argentina en abril caducaba el viernes último, pero el lunes el Gobierno de Alberto Fernández decidió extenderlo hasta el 22 de mayo debido al pobrísimo nivel de adhesión cosechado, que, según fuentes del mercado, ha rondado entre el 15 y el 20 %.

Ese porcentaje de aceptación está muy lejos del nivel requerido para avanzar con una reestructuración y obliga a Argentina a mantener abiertas las conversaciones si quiere evitar que todo el proceso termine en fracaso.

Tal como lo habían adelantado, los grandes fondos de inversión, que son los que concentran los bonos argentinos en juego en este canje, rechazaron en masa la oferta, sólo aceptada por acreedores individuales del exterior y los locales.

La posición inicial de Argentina de no poder “pagar más” que lo ofrecido también fue dura, como era de esperar en toda negociación que comienza a rodar.

Ahora que la campana del segundo round ha sonado, lo previsible es una flexibilización de las partes.

LA HORA DEL PRAGMATISMO

“Esto es una negociación, donde primero se ponen objetivos de máxima para después poder llegar a posiciones donde se supone que ganen todos. Ahora viene una etapa de flexibilización, donde se pueden revisar ciertos aspectos de la oferta inicial. Viene el momento del pragmatismo”, dijo a Efe el economista Pablo Tigani, titular de la consultora Hacer.

De momento, el Gobierno argentino se ha mostrado más conciliador: asegura que no quiere un nuevo “deafault” (cese de pagos) y está dispuesto a tener en cuenta las propuestas que acerquen los acreedores.

La oferta inicial de Argentina incluye un período de gracia de tres años, es decir, empezar a pagar recién en 2023, con un tasa inicial del 0,5 %, que se incrementaría paulatinamente hasta un interés promedio del 2,33 % y una tasa máxima de 4,875 %.

También implica una quita del 5,4 % sobre el stock adeudado y del 62 % sobre los intereses.

Las alternativas para mejorar la oferta son varias -reducir del período de gracia, mejorar los cupones o eliminar la quita de capital, por ejemplo- y la mayoría de los analistas cree que Argentina, pese a su complicado escenario económico, tiene algo de margen para hacerlo.

“Habrá que ver qué pasa estas semanas, pero si la oferta sigue exactamente igual, no tendremos motivos para pensar que la adhesión vaya a crecer”, señaló a Efe el economista Ignacio Carballo, investigador y profesor de la Universidad Católica Argentina y la Universidad de Buenos Aires.

HACIA EL 22 DE MAYO

La nueva fecha límite para que los acreedores se adhieran a la propuesta de canje no es antojadiza: el 22 de mayo expira el plazo de gracia de treinta días al que se acogió Argentina al no pagar en abril un vencimiento por 503 millones de dólares de intereses de tres títulos incluidos en la oferta de reestructuración.

“Si no se llega a un acuerdo para el 22 de mayo, muy probablemente caigamos en default”, advirtió Carballo.

De no llegarse a un entendimiento en estas dos semanas, los escenarios que se abrirán el 22-M son diversos: o bien Argentina paga el vencimiento, o hace un pago parcial, o constituye un depósito en garantía por 500 millones de dólares mientras prosiguen las conversaciones o, lisa y llanamente, entra en un incumplimiento.

“Técnicamente, si ese día no se paga, se puede considerar un default. Pero eso no significa que Argentina no pague en algún momento ni que la negociación se corte”, consideró Tigani.

Según el economista, cada una de las partes tienen motivos para, tarde o temprano, llegar a un entendimiento porque “un mal arreglo es mejor que nada”.

Tras el estrepitoso cese de pagos de finales de 2001, Argentina llevó adelante una dura reestructuración de su deuda en 2005 con un canje que reabrió en 2010, pero cerca de un 7 % de acreedores liderados por fondos de inversión especulativos rechazaron la reestructuración y optaron por largos y costosos litigios en tribunales internacionales.

Algunos creen que la entonces “intransigencia” negociadora de Argentina le costó caro en términos de la exclusión que aún padece de los mercados internacionales y porque finalmente tuvo que pagar sumar multimillonarias a los fondos litigantes, una historia que probablemente no quiera repetir.

Del lado de los actuales acreedores, influyen, por supuesto, costes legales y de pérdidas de valor en sus carteras en caso de optar por la vía judicial, pero además, pesa otro motivo para llegar a un acuerdo y es el riesgo de que, si se rompen lanzas y Argentina entra en “default”, se siente un mal precedente y se produzca un “efecto dominó” sobre las deudas de otros países cuya posición se debilita al ritmo de la expansión de la actual crisis global.

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