Hongos, bacterias y cochinillas, las pesadillas de los productores citrícolas

Madrid, 23 ago (EFE).- Las grandes amenazas de la citricultura mundial son de dimensión pequeña: hongos, bacterias y cochinillas que quitan el sueño al sector español, el primer productor comunitario, que ahora teme más que nunca que las plagas devasten naranjos y limoneros como ya ha ocurrido en otros países.

La Unión Europea prohibió temporalmente el pasado 14 de agosto la entrada de cítricos argentinos ante el peligro de que la “mancha negra” se propagara por los campos comunitarios, una medida que se extenderá al menos hasta el 30 de abril de 2021.

Unos días antes, las asociaciones agrarias españolas denunciaban la pasividad de la Unión Europea (UE) ante el alarmante aumento en los controles fronterizos de partidas infectadas por el hongo Phyllosticta citricarpa (también conocido como mancha negra o citrus black spot), que en su mayoría procedían de Argentina.

“Es incalculable el daño que podría hacer su entrada en España”, ha asegurado a Efe el presidente de la Interprofesional del Limón y Pomelo (Ailimpo), Antonio Moreno, quien califica de “histórica” la decisión de Bruselas cuando aún quedaban por llegar a Europa varios miles de toneladas de la actual campaña argentina.

Según Moreno, de 117 partidas interceptadas con mancha negra, 51 se detectaron en el Puerto de Cartagena (Murcia).

LA MANCHA NEGRA

El peligro -ha explicado-, es que los cítricos de importación vienen en palets de una tonelada que luego hay que repartir en cajas en almacenes españoles que se encuentran en las zonas de producción y que se pueden contaminar por vía aérea con las esporas de la Phyllosticta citricarpa.

El investigador responsable de la Unidad de Micología del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), Antonio Vicent, ha detallado que esta enfermedad fúngica, que se caracteriza por las manchas negras en la piel del cítrico, no afecta al contenido interno del fruto pero lo hace inservible para su venta.

Además de las lesiones necróticas en la corteza, provoca la caída anticipada del fruto; por ahora es imposible erradicar la enfermedad en una explotación, pero se pueden adoptar medidas con tratamientos fungicidas o productos biológicos que, por otro lado, suponen un coste adicional para el productor, ha indicado.

Vicent está de acuerdo con las investigaciones que creen posible su propagación por las zonas productoras españolas (Comunidad Valenciana, Andalucía y Murcia, principalmente) pese a que no tienen una pluviometría estival elevada.

Prueba de ello -ha continuado- es la aparición hace dos años de la mancha negra en áreas citrícolas de Túnez, que ya cuenta con cerca de 2.000 hectáreas infectadas.

EL COTONET

La plaga que sí que ha llegado ya a España es la de la cochinilla algodonosa o Cotonet de les Valls (Delottococus aberiae) y que según ha recordado el presidente de la Interprofesional de la Naranja y la Mandarina (Intercitrus), Enrique Bellés, se introdujo hace nueve años con algún envío sudafricano a la UE.

Para reducir la población de este minúsculo insecto, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) autorizó el pasado mes de julio la cría y liberación de un parasitoide natural, el Anagyrus aberiae, traído de África, y la producción de una feromona específica para la captura masiva de machos en trampas.

La entomóloga Antonia Soto, del Instituto Agroforestal Mediterráneo (Universidad Politécnica de Valencia), participa en la investigación de esta plaga, “que no se había descrito a nivel mundial”, y colaboró en las primeras sueltas experimentales del parasitoide realizadas el pasado abril.

En España, a diferencia de lo que ocurre en el África Subsahariana donde convive con sus enemigos naturales, este animal de no más de un milímetro succiona con su estilete las células de los cuajados de naranjos y limoneros tras la floración, a la vez que les inyecta sustancias tóxicas, provocando el crecimiento irregular del fruto.

“Ahora solo hace falta tiempo para ver si el parasitoide se adapta bien a las condiciones climatológicas durante su ciclo biológico y permite que se disperse y aumente su población”, ha precisado Soto antes de explicar que además existen otras herramientas para frenar la expansión de la plaga.

“Desde las primeras sueltas de abril todo lo que hemos observado es bastante positivo, pero aún no sabemos, por ejemplo, cómo se va a adaptar el Anagyrus aberiae al invierno”, ha avanzado.

Junto a la suelta del parasitoide y las feromonas, ha defendido otras medidas como el uso de “depredadores” y de “herramientas culturales relacionadas con el propio cultivo”, como no compartir cajas entre explotaciones, la limpieza exhaustiva de material y evitar alargar el tiempo en el que el fruto está en el árbol.

“GREENING”

Alberto Urbaneja, coordinador del centro de Protección Vegetal y Biotecnología del IVIA, ha alertado de que de todas las plagas citrícolas, la más dañina sigue siendo la de la bacteria HLB (Huanglongbing) o “greening”, que se transmite mediante vectores y que ha causado daños catastróficos en Florida (Estados Unidos).

Además de impedir la coloración naranja de la piel del fruto, el deterioro de su calidad y sabor, esta plaga causa la muerte del árbol.

Urbaneja ha advertido de que “el riesgo de tener HLB en Europa es altísimo”, porque ya se ha detectado uno de sus vectores -sin portar la bacteria- en Canarias (año 2002), Galicia (2015), Cantabria y Portugal.

“El riesgo es máximo y no hay que bajar la guardia”, ha reiterado el investigador, no sin antes asegurar que “la mejor arma es la prevención, porque a fecha de hoy no existe solución que vaya más allá de la gestión del vector”.

A finales de 2018 se comenzó a introducir enemigos naturales del vector presente en Canarias (Trioza erytreae) que han dado “resultados prometedores” y que han reducido a niveles mínimos su presencia; en 2019 se hizo lo mismo en Galicia gracias a un programa de control biológico en el que participa el IVIA.

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