La pandemia y la crisis climática reducen el consumo de crudo a largo plazo

Viena, 8 oct (EFE).- La pandemia -y su probable efecto acelerador en la transición hacia energías renovables- ha llevado a la OPEP a rebajar este jueves sus previsiones a largo plazo sobre el consumo mundial de petróleo, en medio de una gran incertidumbre.

En su informe anual “Perspectiva Mundial del Petróleo 2020”, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) vaticina que la demanda de crudo del planeta, tras recuperarse del colapso de 2020, llegará a los 109,3 millones de barriles diarios (mbd) en 2040.

Esa cifra es 1 mbd inferior a la estimada hace un año para 2040.

Según esos cálculos, en los próximos veinte años la demanda aumentaría un 9,6 % -casi 10 mbd- respecto a 2019 (99,7 mbd), un incremento que equivale al gigantesco recorte de la producción que la OPEP+ (la OPEP y sus aliados, entre ellos Rusia) puso en marcha en mayo pasado para afrontar el desplome del precio del barril por la pandemia.

Hacia 2035 el consumo de “oro negro” se habría estabilizado y hacia 2045 habría incluso comenzado a bajar, situándose en 109,1 mbd, según las previsiones.

Estas estimaciones de OPEP contradicen la idea de algunos analistas de que el mundo puede haber alcanzado ya su “pico petrolero” en la actual crisis y que el consumo estaría ya a la baja.

Los analistas del grupo petrolero basan sus cálculos en la hipótesis de un retorno al crecimiento después de la pandemia y en una recuperación de los sectores más afectados, como la aviación, el transporte y el sector industrial.

Por ello, estas cifras están cargadas de incertidumbre debido a las dudas que despierta el futuro, aunque la OPEP considera que la pandemia tendrá un efecto negativo a largo plazo.

“Es probable que la demanda futura se mantenga por debajo de las proyecciones pasadas debido a los efectos persistentes de los cierres relacionados con la COVID-19 y su impacto en la economía global y en el comportamiento del consumidor”, expone el documento.

GRAN INCERTIDUMBRE

El panorama se presenta más incierto que nunca, destacó el secretario general, Mohamed Barkindo, al presentar el análisis en Viena y subrayar que “la pandemia ha puesto patas arriba el mercado”

“El impacto de la pandemia y los consiguientes esfuerzos de contención precipitaron” una grave crisis que golpeó con fuerza a la industria petrolera hasta enfrentarla a una “amenaza existencial”, con un colapso histórico de la demanda y los precios en abril de 2020, indicó Barkindo.

“¿Hasta qué punto habrá un impacto (de la pandemia) a más largo plazo en los hábitos de los consumidores y, por lo tanto, en la demanda (de crudo)?”, se plantea la OPEP en el informe, al considerar que es ésa “la gran pregunta” para los mercados.

Mientras aún no está claro cuándo y a qué ritmo se recuperará la economía mundial, se espera que el coronavirus “perjudique las tasas de crecimiento en casi todos los países a medio plazo”, añade.

Los diversos escenarios de la posible evolución de la demanda de petróleo analizados -por primera vez hasta 2045- coinciden en un aumento del consumo de energía y de crudo, pero la estructura del mix energético varía en función de las hipótesis.

Por ejemplo, la demanda petrolera podría situarse en 87,7 mbd en 2030, es decir, por debajo de la de 2020 y muy inferior a la de 2019, en el caso de una amplia aplicación de medidas medioambientales, o en 110,8 mbd si hay una menor reducción de las emisiones contaminantes.

¿TRANSICIÓN ENERGÉTICA ACELERADA?

“Dado que algunos de los programas de estímulo masivo anunciados para combatir el impacto de la pandemia COVID-19 están explícitamente diseñados para dirigir el apoyo a proyectos ‘verdes’, renovables y similares, es posible que se produzca una aceleración de la transición energética”, admite la OPEP.

“En el futuro, la gran pregunta que pende sobre los mercados de energía y petróleo es hasta qué punto habrá un impacto a más largo plazo en el hábito de los consumidores y, por ende, en la demanda”, destacan los expertos de la organización.

En este contexto, recuerdan los actuales “debates” sobre el impacto que podría tener el aumento del trabajo desde casa, pues reduce los desplazamientos y puede cambiar “el comportamiento de los consumidores”.

“Los viajes internacionales han sido reducidos drásticamente y muchos se preguntan si los de negocios volverán a los anteriores niveles, incluso si se recuperan los de ocio”, añaden.

Al mismo tiempo, a pesar de la disminución de las emisiones este año debido a la muy reducida actividad, los esfuerzos en la lucha contra el cambio climático “siguen en un camino que está lejos de ser suficiente para alcanzar la los objetivos del Acuerdo de París”, por lo que no se descarta que se fijen nuevas metas.

El informe apunta a que la demanda de petróleo podría caer hasta 71 mbd en 2045 -un 29 % menos que el pronóstico del “escenario de referencia”- si se adoptan políticas energéticas más estrictas “en todos los sectores de la economía”.

Wanda Rudich

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