Polonia inicia un largo y difícil adiós al carbón con el apoyo de la UE

Varsovia, 12 dic (EFE).- Polonia, que depende en un 80 % del carbón, prevé un largo y difícil adiós a la energía térmica con el fin de cumplir con los compromisos climáticos europeos, reto en el que contará con importantes fondos comunitarios.

Varsovia acordó este viernes, junto al resto de socios comunitarios, reducir sus emisiones de la UE en "al menos un 55 %" para 2030 (frente a los valores de 1990), una meta ambiciosa quince puntos porcentuales superior a la que se había fijado hasta ahora.

El Gobierno polaco, que el año pasado se había descartado en solitario del anuncio conjunto de la UE de alcanzar la neutralidad en CO2 para 2050, ha accedido ahora a avanzar en la descarbonización de su economía, todo un reto.

En parte, por ciertas concesiones en el texto, como que el descenso sea en términos agregados y no en cada país, que se actúe con "equidad" y se tengan en cuenta las "especificidades nacionales".

Pero también porque Varsovia cuenta con poder hacerse con una importante cantidad de fondos europeos para favorecer el cierre de su sector carbonífero y transformar económicamente las cuencas mineras y su "mix energético".

"Tenemos un compromiso que da una ambición mayor por un lado, y mayor apoyo por otro", resumió en una entrevista a Efe el analista energético polaco y editor jefe del portal especializado "Biznes Alert, Wojciech Jakobik.

Un informe de este año de la consultora McKinsey apuntaba que Polonia podría ser neutra en términos de CO2 para 2050, pero precisaría inversiones de unos 13.000 millones de euros al año durante las próximas tres décadas.

UNA DIFÍCIL TRANSFORMACIÓN

La transición, por tanto, no será fácil. Por motivos económicos, políticos y sociales. El carbón lo fue todo en la economía y la sociedad polaca durante décadas, sobre todo en regiones como Silesia.

Polonia se ha comprometido a reducir la proporción del carbón en sus necesidades energéticas hasta el 50 o 60 % para 2030, aumentando su consumo de gas, fuente que considera como un factor de seguridad transitorio mientras espolea la producción eólica (con parques marinos en el Báltico) y conecta una central nuclear.

"Polonia sigue siendo básicamente un país de carbón. Nuestro sector energético es 80% carbón y las renovables son solo un 15%. Tenemos un gran cambio por hacer. Por eso necesitamos seguir teniendo apoyo para hacerlo más rápido y seguro", apuntó Jakobik.

Además, hay un "factor social", señaló este experto. La situación actual no es como en la época comunista, pero aún quedan "entre 20.000 y 40.000 trabajadores en el sector del carbón que, por motivos históricos, tienen un gran apoyo sindical.

"Tenemos una larga tradición de sindicatos mineros que son realmente importantes desde la perspectiva de la historia, pero ahora este negocio prácticamente se ha ido", añadió.

EL FACTOR ECONÓMICO

Además de los fondos europeos -sólo hasta 2027 Varsovia recibirá 8.000 millones de euros para esta cuestión-, el Gobierno polaco está haciendo cuentas sobre el futuro del sector del carbón, según Jakobik.

Porque la extracción es "deficitaria" desde hace años, la mayoría de los trabajadores están a un paso de la "jubilación" y para los jóvenes "ya no es atractivo trabajar en el sector del carbón".

"Con ese apoyo (financiero comunitario) deberíamos transformar el sector. Porque aunque no lo hagamos, el mercado cambiará la situación en el sector de todos modos. Así que no hay elección", explica.

El editor jefe de "Biznes Alert" considera que el apoyo comunitario es la oportunidad que tiene Polonia para avanzar en la transformación de su sector energético y desencadenar la descarbonización de toda la economía.

"Necesitamos cambiarlo y hacerlo rápido. Pero para ello necesitamos apoyo del Estado y de la Unión Europea", argumenta Jakobik, que cree además que "si se sigue reformando este sector habrá vía libre para la descarbonización de los demás sectores de la economía".

Según un reciente estudio del Instituto Económico Polaco, la economía del país podría ser neutra en términos de CO2 para 2056, en el mejor de los escenarios. En el peor de los supuestos, no lo lograría hasta 2067.

"Debemos descarbonizarnos y es mejor hacerlo con un plan, con cooperación, que dejarlo a merced del mercado y ver como este también cambia el sector social", concluyó Jakobik.

Por Pablo González

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