Francia entierra la austeridad

París, 28 dic (EFECOM).- Como en el resto de las economías desarrolladas del planeta, la crisis sanitaria y económica marcada por la pandemia del coronavirus tuvo como consecuencia en Francia un cambio de paradigma, con el entierro de las políticas de austeridad sustituidas por un “nuevo keynesianismo” que durará años.

“La austeridad presupuestaria ha quedado enterrada para muchos años”, indicó a Efe el analista de IG France Alexandre Baradez, que consideró que los gobiernos “no tenían otra elección” que apostar por políticas de rescate de los sectores detenidos por la pandemia.

La economía francesa perderá 9 puntos de su PIB en 2020, el paro subirá 3 puntos el año próximo y los principales organismos, ya sea el Instituto Nacional de Estadística o el Banco de Francia, no auguran un retorno a los valores normales antes de mediados de 2022.

La crisis de la COVID-19 ha detenido el consumo, que se ha desplomado un 7 % con respecto a 2019, pero ha fomentado el ahorro, que se ha incrementado 6 puntos más de lo habitual, hasta alcanzar los 130.000 millones de euros.

Esa reserva de dinero puede favorecer el retorno al gasto particular y empresarial a lo largo de 2021, un sustento que debería amortiguar el que suponen las ayudas oficiales decididas por el Gobierno para afrontar las consecuencias de la crisis.

Pero los analistas consideran que no está previsto que, por ahora, los ejecutivos decidan un retorno a las políticas de austeridad que han marcado los últimos años.

“La realidad es que el precio de la crisis no se ha visto aún, se ha retrasado a base de generar más deuda. La enorme caída del PIB no se ha traducido en una bajada del poder adquisitivo, que ha sido compensada por la ayuda pública en una huida hacia adelante”, resume el secretario general del instituto de estudios económicos Rexecode, Denis Ferrand.

“CUESTE LO QUE CUESTE”

Los gobiernos se han olvidado de los dogmas de contención presupuestaria y desendeudamiento de los últimos años. El presidente francés, Emmanuel Macron, a quien muchos colgaban la etiqueta de liberal, lo resumió en los primeros momentos de la crisis con su frase “cueste lo que cueste”.

Francia ha rescatado empresas en peligro como Air France, y ha multiplicado las ayudas a los sectores más afectados, sin olvidar el recurso masivo a los paros temporales de los trabajadores (ERTE) que han evitado, por el momento, despidos.

La crisis costará 80.000 millones de euros en gastos suplementarios y 100.000 millones en caída de las cotizaciones, compensados con préstamos por valor de 260.000 millones que situarán la deuda pública en torno al 120 % del PIB.

VIVIR A CRÉDITO

Vivir a crédito, que durante años fue el fantasma que había que combatir, “ya no asusta”, según el catedrático emérito de Economía Jean-Paul Fitoussi, que recuerda los bajos tipos de interés actuales.

Así, Francia pagará algo menos de 36.000 millones de intereses en 2020, 10.000 millones menos que diez años antes.

Lejos queda ya Maastricht y su rigidez presupuestaria, sustituida por el nuevo impulso que supone el plan de rescate comunitario que abre la puerta a un endeudamiento europeo, un “cambio sin precedentes” que tendrá efectos económicos y políticos.

“Es un proceso de integración enorme, que puede tener grandes consecuencias”, asegura Fitoussi.

Para el profesor, “el problema de Europa no es económico, es político”, puesto que “los ciudadanos votaban gobiernos que no podían cambiar de política” y eso “generaba una frustración que en el caso de Francia ha acabado por llevarse por delante a los partidos tradicionales”.

El año 2020 marcará “un antes y un después”, según Baradez, porque “coincidiendo con el fin del mandato de Angela Merkel, Alemania ha aceptado nuevas reglas que presuponen un nuevo paradigma”.

Resta por ver si el plan masivo de inversiones aprobadas por Europa permite competir con otros polos competitivos, en particular Estados Unidos y China.

Para los expertos, Bruselas “ha llegado ya tarde” y ahora tiene que demostrar que sabe emplear ese dinero.

“Si no se sabe aprovechar esa inversión para transformar la economía, será poco efectiva”, señaló Ferrand, que consideró “bien encauzadas” las prioridades impuestas a inversiones ecológicas y tecnológicas.

Fitoussi, sustento de Macron desde sus primeros pasos como candidato, apuesta por un “keynesianismo mejor adaptado” y cree que, además, “debe servir también para reconstruir infraestructuras que han sufrido mucho de años de austeridad”, como la sanidad o la educación.

Para Baradez, que cree que la batalla no está tanto entre países europeos como en la forma en la que el Viejo Continente afrontará a Estados Unidos y China, “quien antes logre superar el actual bache tendrá una ventaja competitiva en los años próximos”.

Luis Miguel Pascual

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