Ir a cenar a una habitación de hotel o cómo reinventarse en tiempos de covid

Bruselas, 13 feb (EFE).- En el ambiente íntimo de una habitación de hotel y bajo una tenue luz artificial, una engalanada mesa con dos platos espera a dos huéspedes y, a la vez, comensales que, tras casi cuatro meses sin poder acudir a un restaurante debido a las restricciones de la covid-19 en Bélgica, pueden disfrutar de un menú gastronómico especial y escapar de la rutina del teletrabajo.

El hotel Qbic de la capital belga ha encontrado la forma de reinventarse en tiempos de pandemia y de enfrentarse a las dificultades derivadas de la crisis, y lo hace, según explica a Efe su jefe de cocina, Joao Silva, “dentro de las normativas del Gobierno para proteger a los clientes”.

Su apuesta consiste en aprovechar las habitaciones disponibles del hotel y convertirlas en un comedor individualizado, de forma que cada huésped -en general, parejas- cuentan con un espacio privado para disfrutar de su menú respetando las medidas de seguridad.

“La única persona con la cual tienen contacto es con un camarero, que entra y recoge los platos”, resume el joven chef portugués.

De hecho, fue precisamente este innovador concepto de restauración uno de los factores que atrajo a Joao Silva a la capital europea: la voluntad de “intentar hacer las cosas lo más diferentes posible”, relata el chef.

“Tengo la oportunidad de ser lo más creativo posible, no tengo ningún límite”, explica el cocinero, que asegura que iniciativas como esta convierten su trabajo en algo “muy emocionante al final del día”: “Qbic es muy ‘friki’ en ese sentido”, explica Silva a Efe mientras prepara el menú para sus próximos comensales.

UNA BUENA RESPUESTA QUE DA UN IMPULSO TRAS EL PARÓN

Desde su apertura -lleva dos meses en funcionamiento, según el chef- , la iniciativa ha tenido buena respuesta, aunque él se unió más tarde al proyecto.

No obstante, su primer “evento” fue a principios de enero, en el que, asegura, tuvieron “muy buen ‘feedback'”, lo que les dio un impulso necesario para afrontar los meses de parón.”Antes no había muchos clientes”, lamenta.

Muestra de su éxito es que, de las veintidós habitaciones habilitadas para este íntimo restaurante, todas ellas están “completamente llenas” hasta finales de marzo, asegura Silva.

Su funcionamiento es sencillo: los clientes reservan una habitación para una noche y el precio es un “paquete” en el que se incluye la cena y la estancia.

El menú varía cada mes: “un ceviche de salmón curado, un tartar de carne con trufa con sriracha, un poco más asiático” y, de postre, “galleta de oreo, sorbete de mandarina y mango y una inyección de chocolate caliente” para poner el broche dulce a esta particular “noche de hotel”.

“Es lo que estamos haciendo aquí, intentando, dentro de lo que tenemos, del equipamiento y del personal, crear un menú un poco más innovador y más divertido también para los clientes”, explica el cocinero.

PARA REPETIR

No solo belgas, sino también franceses o italianos han decidido vivir esta experiencia y explorar esta alternativa a las escasas posibilidades gastronómicas que permiten las restricciones en el país.

Y, aunque las parejas sean quienes más disfruten de ello, también han ido familias aunque, según subraya Silva, “si vienen con sus hijos, deberán reservar una habitación familiar”.

Melanie y Sebastian son una pareja que, cansados de “estar todo el día en casa, haciendo cosas de la oficina y moviéndonos de la habitación a la cocina”, decidieron escapar de la rutina: “salir fuera es genial, no hemos hecho esto durante un año”, bromea Melanie al respecto, reconociendo que, si tienen la oportunidad de hacerlo, volverán.

Para Laure también fue su primera vez en este improvisado restaurante y considera que “es una súperiniciativa”: “debido a la covid, todo está cerrado, bares, restaurantes… y es un momento especial que podemos compartir con otra gente y que nos hace felices”, añade la joven.

María Moya

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