Emprendedores vigueses buscan financiación para que te bebas las Islas Cíes

Vigo, 25 abr (EFE).- Cualquiera entre los cientos de miles de personas que cada año visitan las Islas Cíes habrá podido comprobar que ese parque natural en la boca de la ría de Vigo está bañado por un agua tan gélida como cristalina que invita, más que al baño, a echar un trago.

Algo así debió pensar el ingeniero industrial Gerardo de la Huz, que sabe que varios estudios científicos demuestran que el agua de mar, ingerida en pequeñas dosis, resulta notablemente beneficiosa para la salud.

“El agua de mar tiene por litro, aproximadamente, 36 gramos de sales, de los que 30 son sal común, y los otros seis son elementos adicionales que coinciden en un 78 por ciento con el plasma sanguíneo humano, al fin y al cabo la vida nace del mar, y son oligoelementos necesarios pero difíciles de encontrar en el día a día de nuestra alimentación extensiva de una tierra sobreexplotada”, explica a Efe De la Huz.

Ahora bien, igual que no todo el monte es orégano, tampoco es la homogeneidad una propiedad del agua de mar. Y las aguas que bañan las Cíes, y por extensión la ría de Vigo y buena parte de la costa atlántica gallega, tienen unas características específicas tan difíciles de encontrar en otros lugares del planeta que las hacen notablemente singulares, como bien sabe toda esa fauna que en ella habita y que ha hecho de Galicia una referencia gastronómica mundial.

“No lo digo por amor patrio, esto es así debido a un fenómeno que se llama afloramiento y que únicamente se da en cuatro lugares del mundo, por eso no sabe igual una langosta del Caribe que una de aquí”, explica De la Huz.

¿Y qué es eso del aforamiento? Pues el afloramiento es un fenómeno natural que consiste en que las aguas de las más hondas profundidades, cuya composición es mucho más rica en nutrientes, oligoelementos, minerales y sales, emergen periódicamente a la superficie gracias a una combinación de factores como los vientos dominantes, las corrientes marinas y, sobre todo, la orografía submarina.

Según explica De la Huz, la profundidad media de la plataforma continental, que es la superficie del fondo marino próximo a la costa, no suele superar los 200 metros, pero basta adentrarse quince kilómetros en el océano a espaldas de las Islas Cíes para dar con un pronunciado escalón submarino que llega a los mil metros de profundidad, que es donde está esa agua tan rica y tan fría que cuando aflora convierte el simple hecho de darse en un baño en las Islas Cíes en una cuestión de honor.

“Y es ahí donde nace el germen de una idea”, explica De la Huz. “Así que empiezo a enlazar los estudios que aseguran que el agua de mar es saludable y me digo: ¿por qué no unir las bondades del consumo en pequeñas cantidades de agua de mar con un agua de mar que tiene unas especiales buenas características como esta?”

El resultado es Agua de Rodas, una empresa que toma su nombre de la más famosa playa de las Islas Cíes y que está formada por cinco socios decididos a aportar las aguas profundas de la ría de Vigo a una gama de productos en los que el agua y la sal sean elementos esenciales, comenzando por una rehidratante bebida deportiva que a falta de un empujón económico ya es cosa hecha.

Ahora bien, entre el germen de una idea y su materialización media un largo y complejo camino, en el que mucho ha tenido que decir la Universidad de Vigo y su Centro de Investigación Marina, que avalan con su sello de calidad el producto de una empresa que es una spin off de la UVigo y entre cuyos socios hay tres investigadores de esta institución académica.

El primer paso, “tras ponerme en contacto con la Facultad de Ciencias del Mar”, explica De la Huz, “consistió en aprender a prever cuándo se produce el fenómeno del afloramiento para identificar el momento ideal para recoger el agua”.

Una vez superado ese escollo, estos emprendedores, que habían barajado la posibilidad de alquilar un barco, hacer bombeo más allá de las Cíes, cargar depósitos y trerlos a tierra, vieron “que la naturaleza pone el agua dentro, y además con una garantía”: la de la Estación de Ciencias Marinas de Toralla (Ecimat), una isla unida al continente por un puente.

La Ecimat, de la UVigo, posee un colector que se adentra 400 metros en la ría de Vigo y que discurre a quince metros de profundidad, por lo que gracias a un convenio de colaboración de la universidad con Agua de Rodas, recogen el agua del afloramiento y la guardan en un depósito para poder trabajar.

Así, tras identificar que en el mundo existen diferentes bebidas elaboradas con agua de mar, pero ninguna con agua de mar profunda, empiezan a trabajar con el Departamento de Nutrición de la Universidad de Vigo, también con Anfaco-Cecopesca y hasta con la Facultad de Ciencias de la Alimentación de Ourense para determinar la fórmula de una bebida deportiva distinta.

“Es un largo proceso hasta identificar los componentes que va a llevar. Porque esto será muy sano pero tienen que saber bien. Así que se han hecho catas ciegas, con muchas composiciones distintas y ensayos, y ya tenemos la formulación definitiva para el mercado”, asegura.

“Ya lo tenemos todo montado, la idea, los estudios, la fórmula y ahora tenemos que empezar a fabricar. Ahí es donde nos encontramos con el gran obstáculo, que es la financiación, aunque ya tenemos dos o tres líneas de trabajo pensadas”, afirma De la Huz, que habla con una contagiosa pasión de un producto saludable que, al igual que una bebida deportiva isotónica, restituye los elementos que perdemos tras la práctica deportiva y además, “aporta otros que también son necesarios y con unas características de concentración y calidad que no tienen las aguas de otras latitudes”.

Además de sano, estos emprendedores buscan un producto sostenible, por lo que huyen del plástico y barajan utilizar cartón reciclable para un envase con un tapón fabricado a base de caña de azúcar.

En un momento en que la comida saludable, así como los productos bio y eco tienen cada vez mayor empuje en el mercado, Agua de Rodas busca su sitio con una gama de productos cuyo componente estrella es también uno de los mayores tesoros del lugar donde le ha tocado nacer: la ría de Vigo.

Por Ramón Martínez

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