Botín dice que no hubo contrato a Orcel, cuyas pretensiones eran inasumibles

Madrid, 19 may (EFE).- El juicio por la demanda del banquero italiano Andrea Orcel al Santander por su frustrado fichaje como número dos de la entidad se ha suspendido "sine die" (sin plazo, sin fecha), si bien ha podido declarar la presidenta del banco, Ana Botín, que ha defendido que nunca hubo contrato sino "carta-oferta".

Estaba previsto que hoy declararán, además de Botín, el propio Orcel y cuatro testigos, entre ellos el responsable de talento a nivel global del Santander, Roberto di Bernardini, y el secretario general del banco, Jaime Pérez Renovales.

Los otros dos testigos son el presidente no ejecutivo del banco suizo de inversión UBS, Axel Weber, entidad de la que procedía Orcel antes de "fichar" por el Santander, y el director de Compensaciones del banco, Mark Shelton.

Pero ante la ausencia de estos dos últimos, y en vista de que los letrados de Orcel no han renunciado a su testimonio, el titular del juzgado de primera instancia número 46 de Madrid ha decidido suspender la vista sine die, hasta que se pueda garantizar la asistencia de ambos.

El juez ha descartado en principio que puedan declarar por videoconferencia, ya que se trata de personas "acostumbradas a viajar mucho".

BOTÍN RECHAZA QUE HUBIERA UN CONTRATO

Antes de la suspensión, Ana Botín ha respondido a las preguntas de ambas partes, y ha reiterado que nunca hubo un contrato, sino "una carta-oferta que nos obligaba a muchas cosas, pero no un contrato".

Botín se ha remitido al consejo de administración y a la junta de accionistas del banco, ninguno de los cuales dio su visto bueno al fichaje del italiano.

"No es posible firmar un contrato si no lo aprueba la junta de accionistas", ha explicado Botín, que en todo momento ha insistido en que no se trataba de un contrato sino de un documento que se puede calificar como "carta-oferta".

La responsabilidad del consejo era crucial, y el nombramiento "estaba sujeto a una serie de condiciones", condiciones que no se dieron y por ello "no hubo contrato de servicios".

EL BONUS

En la carta-oferta "decía claramente que el consejo se reunirá para valorar", al tiempo que se daba por hecho que Orcel se comprometía a reducir la cifra que el Santander debía compensar por las cantidades diferidas no percibidas de UBS "en todo lo posible".

Pero, según ha explicado Botín al juez y al abogado del italiano, ambos clientes confesos del Santander, Orcel rechazó rebajar esa cifra, lo que colocaba al banco en una posición inasumible.

Botín ha detallado que conocía a Andrea Orcel desde hace muchos años, a lo largo de los cuales asesoró al Santander en complejas operaciones estratégicas, como la ampliación de capital de 2015 o la adquisición del Banco Popular en 2017, y que en numerosas ocasiones le consultó "decisiones estratégicas, porque era un negociador experto".

Cuando Orcel "llega al Santander, sabía que venía a un banco comercial que no puede pagar los bonus de la banca de inversión", y no era posible que su nombramiento fuera rechazado por el 40 % de los accionistas, "como ha ocurrido recientemente".

Botín hacía así alusión al respaldo que obtuvo el propio Orcel de la junta de accionistas de Unicredit, en la que sólo un 55 % votó a favor de su retribución.

Cuando el consejo de administración dio el visto bueno inicial a su contratación, lo hizo "en base a las expectativas de que UBS no era competidor", ya que se ocupaban de mercados distintos, y que "era obvio que éramos de los mejores clientes de UBS".

"El consejo no aprobó el contrato, y sobre todo no aprobó la cifra de compensación por haber dejado UBS"; sin esa cifra bien definida, "no se ha visto nunca un contrato en 30 años que llevo en banca", ha explicado Botín.

NO HABRÁ ACUERDO

Aunque Orcel ha renunciado a su pretensión de ser nombrado consejero delegado del Santander, principal motivo de su demanda, tras rebajar este martes de 112 a cerca de 77 millones de euros su reclamación a la entidad, fuentes próximas al Santander ven muy improbable que se alcance un acuerdo.

La disputa de Orcel y el Santander comenzó en verano de 2019 cuando el banquero demandó al banco por dar marcha atrás a comienzos de ese año a su contratación, lo que le llevó a abandonar su puesto de alta dirección en el banco suizo UBS.

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