Al Fahidi, el último vestigio del pasado pesquero en la futurista Dubái

Dubái, 22 feb (EFE).- Hace más de 30 años, la fiebre de los rascacielos casi acabó con el distrito de Al Fahidi para construir en su lugar modernas oficinas y restaurantes, pero este barrio de Dubái hecho a base de barro y madera sobrevivió, y a día de hoy es el único vestigio de un pasado al que la ciudad ha dejado atrás.

Al Fahidi, también conocido con el nombre de su barrio histórico, Al Bastakiya, se encuentra a orillas del mar en un canal de agua natural conocido como ensenada de Dubái, y lucha por convertirse en un atractivo turístico con olor a pasado con una oferta cultural y diferente al resto de Dubái.

El distrito fue parcialmente demolido en los años 90 para dar paso a nuevas construcciones, pero las autoridades se dieron cuenta de las consecuencias que podría acarrear borrar del mapa la poca historia y patrimonio que aún pervive en la urbe ultramoderna, antaño un pueblo de pescadores y de recolectores de perlas.

RESTAURACIÓN

Los trabajos de restauración finalizados en 2005 supusieron un salto cualitativo en cuanto a urbanización y servicios para este distrito construido en la década de 1890, explica a Efe el experto en patrimonio emiratí Hamad bin Hamdan Al Matroushi; sin embargo, no ha habido otros planes de desarrollo ni promoción de la zona desde entonces.

La zona había sido un punto de paso para el comercio entre la península arábiga y la India, Irán y el resto de Asia, agrega Al Matroushi, y por eso los primeros habitantes fueron principalmente familias de origen persa que habían llegado de Irán en el pasado.

Sus edificios se inspiraron en la arquitectura islámica y la herencia de la ciudad iraní de Bastak, de la que tomó su primer nombre el barrio, según Amr Anabtaui, experto en arquitectura de Emiratos Árabes Unidos.

Los vecinos del barrio también son conscientes de la influencia iraní y comerciante de los habitantes originarios, de los que heredaron las puertas profusamente adornadas, que reflejaban en ese momento la gran riqueza de los comerciantes y evidencian al antiguo poder económico del emirato de Dubái, algo que conserva en la economía globalizada.

Además, por su origen pesquero tomaron del mar todo tipo de elementos de construcción, como el uso de corales, junto con el barro y el yeso, añade Anabtaui.

UNA EXPERIENCIA DIFERENTE

En el proceso de restauración del siglo XXI se combinó la nobleza del pasado y el presente más actual, por eso no es extraño observar un moderno ascensor que emerge de un techo de barro, para que los visitantes accedan desde el aparcamiento de coches a la zona de cafeterías, donde hay filiales de cadenas internacionales.

Al Fahidi se aleja del lujo dominante en la parte más moderna y conocida Dubái, y en sus tiendas y bazares se pueden comprar a precios bajos tanto productos de primera necesidad como objetos tradicionales, y por ello los visitantes a los que atrae no son los que buscan las grandes firmas de moda y joyas.

El edificio más voluminoso es una antigua fortaleza del siglo XVIII, que funcionó como prisión y que ahora alberga el Museo de Dubái, donde se cuenta la historia de la ciudad y se exhiben todo tipo de objetos antiguos.

"El lugar es atractivo y antiguo, aunque no hay un mapa que indique las ubicaciones de los museos o sus horarios de apertura, para descubrir los edificios hay que hacer un esfuerzo personal", subraya Bushra al Hamui, una turista de 42 años, mientras pasea por esta zona poco conocida y poco promocionada.

Lejos de la conocida Burj Khalifa, la torre más alta del mundo; de la palmera de islas artificiales Jumeirah o de la Marina de Dubái, donde los yates desfilan en medio de los rascacielos; Al Fahidi intenta atraer a visitantes locales y extranjeros con sus modestos atractivos.

Bassam Madhoun

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