El trabajo infantil se podría acabar pero los países no quieren, dice experto

Madrid, 11 may (EFE).- Eliminar el trabajo infantil en el mundo costaría "céntimos" a los consumidores y las empresas pero, según el experto guatemalteco Fernando Morales De la Cruz, los países no quieren hacerlo.

A pesar de que el Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OPI) "sobre las peores formas de trabajo infantil" está ratificado por los 187 Estados Miembros de esta organización, 160 millones de niños tienen que trabajar para subsistir, según estimaciones de la propia institución y Unicef previas a la pandemia.

No obstante, Morales dice en una entrevista con EFE que esta cifra asciende a los 300 millones de niños y cree que tanto la OIT como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) "no quieren investigar dónde están los niños trabajando, ni para quién".

"Estas cifras subestiman a Asia en más de 80 millones de niños, solo en India hay decenas de millones más, en Brasil las cifras son siete veces más de lo que dicen", asegura el guatemalteco que, años antes de dedicarse a la abolición del trabajo infantil, fue asesor de varios países en temas económicos.

Según reclama, "no se puede seguir así" y pide que los países desarrollados y la Unión Europea "utilicen todas las medidas legales a su alcance" para acabar con esta explotación.

NO ES UNA PRIORIDAD PORQUE TIENE "COSTO" PARA LOS PAÍSES

Morales explica que existen tres tipos de trabajo infantil y que en el 70 % de los casos está relacionado con la agricultura, especialmente en la recogida de café, cacao o té, pero también de oro y diamantes.

Así, divide entre las labores que "solo tienen beneficio para el núcleo familiar", como el cuidado de los hermanos; los que "benefician más allá de la familia" a otros agricultores, por ejemplo; y los que se realizan "en la cadena de suministro de los países desarrollados".

"Todas las grandes corporaciones tienen trabajo infantil, se trata del modelo de negocio global, para que se acabara todos los productores tendrían que recibir un precio justo", considera.

A su juicio, acabar con el trabajo infantil "no es una prioridad" para los Estados porque tiene "un costo" económico que no están dispuestos a afrontar, pero incide en que es la única manera de erradicarlo.

Además, recuerda que ningún Ejecutivo "quiere pelearse con las corporaciones", pero cree que el cambio tiene que llegar "a raíz de los países desarrollados", ya que ni las organizaciones sin lucro ni los consumidores de a pie pueden liderar ese cambio, según dice.

"No dependerá del consumidor, sino del país del consumidor, en todos los productos procedentes de los países pobres intervienen niños", asume.

LA POBREZA GENERA TRABAJO INFANTIL Y EL TRABAJO INFANTIL, POBREZA

El guatemalteco insiste en que el actual modelo de negocio global genera miseria, hambre, desnutrición y trabajo infantil, y se detiene en la importancia de la educación para que los niños puedan salir de ese círculo vicioso.

"Hay muy pocos niños que pueden salir del trabajo infantil y en el caso de las niñas es mucho peor, necesitan educarse para poder estar preparadas y poder independizarse, pero para eso necesitan comer", analiza.

Por ello, invita a las grandes empresas a cambiar su modelo: "no les pido que cierren sus empresas sino que dejen unos euros en los países" en los que obtienen los recursos.

"El café debería dejar, con impuestos incluidos, doce euros por kilo, ahora deja cuatro y es cuando dicen que está más caro", critica.

Llegados a este punto, tiene poca paciencia con las promesas de organismos internacionales, empresas, ONG o gobiernos.

"A mí solo me valen ya los resultados, las palabras no nos sirven, no le sirven a los niños", remacha.

Macarena Soto

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