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Nada más inteligente que el dinero

Por: Juan Cano Díaz, presidente de la Real Liga Naval Española

Se dice con cierto desdén y superficialidad que no hay nada más cobarde que el dinero, cuando en realidad no es el miedo el factor que determina el flujo del dinero. En realidad, el dinero, lejos de ser cobarde, es inteligente. Responde a expectativas racionales y a la lógica de los mercados. Huye de la incertidumbre y se acuna en la seguridad.

Recientemente, con motivo del conflicto en Cataluña, hemos asistido a una demostración de esta realidad. El dinero ha huido de Cataluña en busca de mercados con un futuro más nítido. El dinero, siempre inteligente, acudió a Cataluña allá a principios del siglo XX cuando, tras el desastre del 98, los empresarios catalanes presionaron al gobierno español para crear un modelo económico proteccionista y cerrado a imagen y semejanza de sus escasamente competitivas industrias. El modelo se sostenía gracias a un mercado nacional cautivo y pequeño, pero suficiente para alimentar una industria catalana incapaz de competir con las industrias foráneas. El modelo se consolidaría con normativas proteccionistas posteriores en la época del general Primo de Rivera, cuya dictadura sería impulsada por el capitalismo catalán, harto de los desmanes anarquistas. Con la dictadura el dinero volvía a encontrar acomodo en Cataluña.

Finalizada la Guerra Civil un modelo económico cerrado y paternalista diseñó la configuración del futuro modelo industrial español sin atender a motivaciones de carácter económico, tecnológico o incluso social. Bajo la dictadura franquista el dinero se sintió especialmente cómodo en Cataluña. De nuevo un mercado cautivo se mostraba suficiente para satisfacer los anhelos de una industria históricamente alejada de la competencia exterior.

Desaparecido el franquismo, la instauración democrática en sus primeros años jugó un papel de desequilibrio para la industria catalana que pronto, y gracias a un torticero sistema electoral, recuperaría la tranquilidad necesaria para atraer de nuevo el dinero al territorio catalán. Cuarenta años más tarde el dinero huye de Cataluña. Y tal vez lo haga para no regresar.

Todo lo hasta ahora relatado se ha cumplido punto por punto en el devenir de la Marina mercante dentro de Cataluña. Una Marina mercante, la catalana, que, no necesitada de competir en duros mercados internacionales, se acomodó al lánguido pero seguro mercado del cabotaje. Ejemplo simbólico de esta realidad lo encontramos en la historia de la Compañía Trasatlántica Española, naviera que alcanzó sus mejores momentos bajo el paraguas del Estado y cuya pérdida marcó el inicio del fin de esta histórica naviera. En el caso de la Marina mercante catalana cabe señalar que la entrada efectiva de España en la CEE y la consecuente liberalización del cabotaje supusieron el golpe de gracia definitivo. Incapacitadas para competir, las navieras catalanas se aprestaron a firmar su acta de defunción.

La pérdida del mercado cautivo español y la tradicional incapacidad competitiva de la industria catalana abocaría a ésta a afrontar el futuro sin muletas ni anclajes. Y lo peor del caso es que el futuro carece de estructura cierta.

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