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El sector pesquero europeo defiende el papel de las ORP y Gobiernos para garantizar una pesca sostenible

El sector pesquero europeo ha defendido la labor realizada por las Organizaciones Regionales de Pesca (ORP), los Gobiernos y el propio sector para garantizar una actividad pesquera sostenible y que salvaguarde la vida marina, considerando que organismos como CITES[1] deben ser solo complementarios a la labor de los anteriores, en casos de especies en verdadero peligro de extinción entre las especies marinas comerciales. Así lo ha manifestado el presidente de Europêche y CEPESCA, Javier Garat, durante su intervención en la jornada conmemorativa del Día Mundial de la Vida Salvaje [2], que tuvo lugar el 1 de marzo en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Garat recalcó la necesidad de fortalecer las herramientas actuales de conservación de las pesquerías, pero hizo hincapié en considerar las especies objeto y la manera de las nuevas intervenciones de gestión para, en ningún caso, perjudicar los mecanismos ya establecidos. Estos mecanismos son competencia, fundamentalmente, de las ORP que gestionan los diferentes océanos (ICCAT, IOTC, IATTC, WCPFP, NAFO o NEAFC), así como de los gobiernos, y aseguran una actividad pesquera legal y regulada.

En este sentido, el presidente de la patronal pesquera europea considera que CITES es una herramienta importante y valiosa que complementa los enfoques de gestión de las pesquerías ya existentes. Sin embargo, Garat considera que la inclusión de ciertas especies de peces marinos en el Apéndice II de esta Convención (que recoge especies no necesariamente en peligro de extinción, pero que pueden llegar a estarlo a menos que el comercio esté estrechamente controlado) carece de sentido, toda vez que el comercio internacional de dichas especies se encuentra regulado y no existen prácticas ilegales que lo pongan en riesgo.

A este respecto, Garat recordó, a modo de ejemplo, que en el caso del majarro dientuso, recientemente propuesto por Méjico para ser incluido en el Apéndice II de CITES, el panel de expertos de la FAO acaba de concluir que, con los datos disponibles, no hay evidencia alguna de que esta especie cumpla con los criterios que exige esta inclusión.

Garat también destacó que, una vez que una especie figura en este Apéndice II, el sector pesquero se ve obligado a destinar recursos para financiar al apoyo legal que requieren los países, principalmente aquellos en vías de desarrollo, para dar cumplimiento a los requisitos que exige el Convenio.

El sector pesquero europeo considera que el trabajo de la Convención debe centrarse en especies amenazadas en ciertas zonas geográficas y poblaciones vulnerables protegidas; no en aquellas que ya están reguladas y gestionadas. Así mismo, considera fundamental el trabajo de CITES en relación con las pesquerías enfocadas a la exportación, a excepción de las poblaciones altamente migratorias, para las que ya existen acuerdos de gestión transfronteriza regulados por las ORP.

De esta forma, el secretario general de CEPESCA recalcó la necesidad del trabajo conjunto de la FAO[3] con CITES suministrando el asesoramiento científico de sus expertos para que la Convención lo tenga en cuenta a la hora de tomar sus decisiones. En este sentido, Garat lamentó que la representación de las partes en CITES generalmente se realice a través de los ministerios de medio ambiente que, en muchas ocasiones, están alejados de la realidad de la actividad pesquera.

Garat también subrayó al respecto las diferencias existentes entre la vida salvaje en el mar y la vida salvaje en la tierra. Recordó que la actividad pesquera se realiza en un espacio 600 veces más grande que la biosfera terrestre y, a modo de ejemplo, apuntó que, mientras que en la tierra desaparecen 100 especies al año, en los océanos no ha desaparecido ninguna desde hace 100 años, debido a la actividad pesquera.

Según el secretario general de Cepesca y presidente de Europêche, Javier Garat, “las ORP y los acuerdos multilaterales deben ofrecer apoyo conjunto a los países para salvar la distancia entre las acciones de gestión definidas y su implementación, de forma que cualquier debilidad en la gobernanza que conduzca al comercio no sostenible de una especie marina no se vea reemplazado por el tráfico ilegal, en detrimento tanto de las comunidades pesqueras como del medioambiente”.Es necesario que el trabajo y la inversión conjunta”, -añade Garat, “aseguren que los datos científicos son la base del posicionamiento de las partes y de la toma de decisiones en CITES, así como que las partes amplíen su visión más allá de la inclusión de nuevas especies en los apéndices y tengan en cuenta el conjunto de la cadena de valor de las pesquerías”.


[1] Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre

[2] Han participado CITES, UNCTAD, UNE, y UNECE

[3] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

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