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El entorno V.U.C.A.

Por: Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Español

Reconozco que hablar del entorno V.U.C.A. a estas alturas del siglo XXI no supone ninguna originalidad. En cualquier caso, y para refrescar conceptos, digamos que la idea del entorno V.U.C.A. surge en el ámbito de la estrategia militar con la llegada de la Guerra Fría, para posteriormente, pasar, a través de las escuelas de negocio, al ámbito empresarial.

V.U.C.A. hace referencia a los cuatro conceptos que presiden la realidad del mundo actual: volatilidad (volatility), incertidumbre (uncertainty), complejidad (complexity) y ambigüedad (ambiguity). Podrá objetarse que estas amenazas han estado presentes a lo largo de la Historia de una manera u otra. Sin embargo, nunca como ahora, han convivido tan estrechamente vinculadas entre sí. Vivimos un mundo global e interconexionado, en el que los cambios, al albur de una revolución tecnológica sin precedentes, se suceden a velocidades vertiginosas. Las viejas estructuras comienzan a mostrar sus primeras grietas. Es sólo el principio de un nuevo paradigma en el que nada, para bien o para mal, volverá a ser como antes.

Bajo esta nueva realidad, la volatilidad de los escenarios genera climas de incertidumbre que perjudican la adecuada toma de decisiones, todo ello bajo un marco de relaciones complejas y ambiguas. Pensemos en un hecho aislado, como pueda ser la implantación de un sistema proteccionista en defensa de la economía norteamericana, tradicionalmente subvencionada por el resto del mundo. Veamos cómo afectaría el entorno V.U.C.A. a este hecho. El solo anuncio de un reforzamiento aduanero frente a China generaría la volatilidad de los mercados de valores, siempre tan sensibles a medidas políticas. Esta volatilidad generaría, como consecuencia, la incertidumbre en una toma de decisiones compleja y ambigua dado el hecho de que la mayor parte de la enorme deuda norteamericana se encuentra controlada por intereses públicos y privados chinos. El mismo esquema podría aplicarse a asuntos como el Brexit o los acuerdos de estabilización de precios del crudo por parte de países árabes, cuyos intereses económicos se encuentran intrínsecamente vinculados a los accionariados de las principales corporaciones occidentales.

La pregunta obvia ahora sería, ¿existen antídotos frente al entorno V.U.C.A.? Y la respuesta es sí, sí existen antídotos. La volatilidad se debería combatir con planteamientos de futuro. Anticiparse a lo previsto será la clave para alcanzar tomas de decisiones realistas y fundamentadas. En un mundo tan cambiante como el que vivimos la adaptación al conocimiento de las nuevas tecnologías y de los resortes internos del nuevo paradigma, se antoja fundamental para adelantarse a un futuro capaz de transformar la volatilidad en estabilidad, dentro, eso sí, de un esquema de equilibrio inestable. Con ello, nos dotaremos de la visión global y estratégica que nos permita avanzar en el camino correcto.

Transformar la incertidumbre en certeza precisará de una aceptación del entorno a cuyo conocimiento colaborará la formación continua como un nuevo instrumento, ya consolidado, dentro el mundo laboral. Serán precisos profesionales que dirijan y enfoquen a los equipos directivos en busca de una mejora de las capacidades de cada empleado. Resulta chocante tan escasa inversión de muchas empresas en desarrollo directivo en contraposición a tan usuales fuertes inversiones en comercialización y marketing de productos. Se pierden de vista que, al final, el producto no es más que un resultado que no puede ser explicado sin la incidencia directa del directivo o del empleado.

La simplificación de los procedimientos, los sistemas, las estructuras y las tecnologías serán armas contra la complejidad del entorno que nos rodea. De lo simple a lo complejo el camino es siempre más sencillo que de lo complejo a lo simple.

Finalmente, la agilidad y le flexibilidad en la toma de decisiones se muestra como el medio idóneo de adaptación al cambio. Bajo entornos V.U.C.A. el factor temporal se configura como una variable básica. Las respuestas que exigen entornos tan cambiantes deberán fluctuar bajo los mismos parámetros que determinan el sentido de los cambios. 

Llevar a cabo esta adaptación empresarial al nuevo modelo que ya preside nuestras vidas exigirá el protagonismo de líderes inspiradores capaces de comprender que una amenaza no es más que un reto y que el futuro se escribe desde la audacia y la apertura a nuevas realidades. Busquémoslos, los necesitamos.

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