Días contados

Por: Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española

En una de las novelas de I. Fleming sobre su agente 007, se puede leer algo así como: solo los diamantes son eternos. Aunque no estoy muy seguro de la veracidad de esta frase, parece claro que la idea del novelista no es otra que recordarnos que la vida, el mundo y el universo son cambiantes. El cambio es lo único invariable. Y como no podía ser menos, la configuración política de los países también se ajusta a este principio universal.

Con la llegada de este nuevo gobierno, es evidente que nada o casi nada volverá a ser como antes. Pensar que la actual vertebración territorial del Estado español pueda mantenerse en el tiempo es pura quimera. Es una verdad aceptada que cuando las revoluciones o los movimientos sociales, sean de la intensidad que sean, se ponen en marcha, nunca tienen marcha atrás. No sería mucho imaginar que en menos de una década España acabe siendo una federación de estados, unidos más por vínculos económicos que políticos o históricos.

Ante este más que probable escenario, cabría imaginar cómo podría quedar dibujada la estructura administrativa del actual sector marítimo español. Como de lo menos se llega a lo más, el proceso segregacionista comenzará con la cesión total de los puertos a las comunidades autónomas, desapareciendo el ente público Puertos del Estado. En realidad, este sería un cambio formal puesto que en la actualidad Puertos del Estado no pasa de ser sino un prisionero de lujo de las Autoridades Portuarias. Con la desaparición de Puertos del Estado, la competencia entre los puertos españoles, hasta ahora mitigada por este ente, se volverá encarnizada. Desaparecerán los puertos menos competitivos y eficientes en favor de los más adaptados a unos cambios tecnológicos que avanzan a velocidades de vértigo.

Con el perfil del nuevo Gobierno, los sindicatos volverán a tener la presencia perdida en la última década. Volverán los acuerdos sectoriales en detrimento de los acuerdos empresariales, lo que vendrá a paralizar nuevamente una regulación de una estiba abierta y transparente. De igual modo, la pretendida reactivación del REBECA quedará en el olvido dada la oposición frontal de los sindicatos y la izquierda a cualquier tipo de liberalización laboral. En su favor, cabe señalar que ni la izquierda ni los sindicatos han engañado nunca a nadie. Su defensa de la igualdad nunca ha sido compatible con la libertad, al ser ambos conceptos contrapuestos por naturaleza.

Es de suponer que, dentro de este proceso descentralizador, la Dirección General de la Marina Mercante y Salvamento Marítimo acaben desapareciendo con el tiempo diluidas en nuevas transferencias autonómicas. Las titulaciones deportivas verán desaparecer su actual formato y serán adaptadas a modelos diferentes en función de los criterios de cada territorio.

En cuanto a los astilleros, la verdad es que ningún tipo de proceso desintegrador territorial tendrá gran influencia, dada la escasa atención que los Ministerios de Industria han venido prestándoles en los últimos cuarenta años.

En fin, como dicen los ejecutivos de las empresas diez minutos antes de anunciar un nuevo ERE, esto es lo que hay. La buena noticia es que siempre nos quedará Portugal. ¿Siempre?, ¿pero no habíamos convenido en que nada es para siempre?

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