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¡Que inventen ellos! Por Juan Díaz Cano

Allá por el año 1906 Miguel de Unamuno hacía la más nefasta declaración de intenciones que intelectual español haya hecho jamás a lo largo de la historia. Enfrentado al movimiento regeneracionista posterior al desastre del 98, el catedrático bilbaíno abría un camino hacia el ocaso que sería rápidamente seguido por una clase política incapaz de superar el fracaso industrial de un país que se acomodaba a vivir instalado bajo el paradigma del proteccionismo más rancio y radical. La renuncia a la industria y a la innovación marcaron el desatino económico que impediría a España el posterior desarrollo de una economía moderna y puntera.

Han transcurrido 115 años y, por la vía de los hechos, los políticos españoles siguen instalados en la esencia del ideario unamuniano. Desde el año 1978 se han sucedido siete presidencias de gobierno sin que ni un solo gobierno haya hecho nunca nada por dar un giro a un modelo productivo español en el que el peso de nuestra industria ha venido brillando por su ausencia. Este equivocado modelo productivo junto a un erróneo modelo de relaciones laborales explica que las puntuales crisis económicas nos afecten con mayor dureza que al resto de países industrializados.

Acercándonos al fin del primer cuarto del siglo XXI nadie discute la evidencia de comprobar que los países más desarrollados y que mejor se amoldan a los momentos de crisis son los países que registran mayor inversión presupuestaria en I+D+i. A modo de ejemplo baste el siguiente cuadro que muestra el esfuerzo presupuestario de distintos países en relación a la investigación y al desarrollo:

Y frente a este cuadro, sirva el siguiente que, al igual que el anterior, también se explica por sí mismo:

A la vista del cuadro, resulta evidente que ningún gobierno español ha sido capaz de anticipar un futuro que llegó para instalarse con carácter de continuidad.

En contraposición a esta realidad, aparentemente superada la pandemia del Covid-19, surgen personajes como el portavoz del Ministerio de Sanidad intentando hacernos creer que en España existen científicos capaces de encontrar una vacuna contra esta enfermedad. Honestamente, no parece muy factible que un país incapaz de contabilizar sus muertos sea capaz de producir la tan ansiada vacuna.

Surge también el presidente de Mercadona haciéndonos creer que el “modelo Mercadona” se estudia en universidades americanas. Tal vez, le falte señalar que, de ser cierto, solo puede tratarse de ignotas universidades americanas del cono sur. Resulta difícil de creer que un modelo tan simple como el de la distribución de productos alimenticios pueda dar pie a ningún tipo de estudio medianamente serio.

Siguiendo esta senda de desatinos, hace poco el presidente de Telefónica sacaba pecho defendiendo que un pequeño pueblo español disponía de más fibra óptica que cualquier ciudad alemana. Resulta entre cómico y patético escuchar algo así cuando en nuestro país resulta absolutamente imposible hablar mas de tres minutos seguidos por un teléfono móvil si al menos uno de los interlocutores se encuentra en movimiento. En vez de dar este esperpéntico titular, mejor harían en Telefónica en preocuparse por rebajar el preocupante pasivo que año tras año arrastra sus balances.

Dejando al margen este “Celtiberia show”, todavía estamos a tiempo de revertir este fracaso. Tan solo sería preciso un consenso político mayoritario para dar ese paso adelante. La industria del siglo XX es la tecnología del XXI. No perdamos este tren y seamos nosotros quienes, esta vez, inventemos. Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española.

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