El nuevo modelo energético tras la crisis del Covid-19

Por Ernesto Macías, director general de Solarwatt España.

Ernesto Macías, director general de Solarwatt España.

La información que recibimos estos días en nuestros teléfonos móviles sobre la crisis sanitaria por el Covid-19 es apabullante. Estamos sobredimensionados de imágenes, datos y titulares, algunos con mayor acierto, y, otros que debieran ser etiquetados con la categoría de bulos. Entre esta vorágine informativa, me llamó la atención una fotografía que recibí de la ciudad de Madrid, una de esas comparativas recurrentes del antes y el después.
En uno de los paisajes se observaba la capital encumbrada por la característica boina que la ha coronado los últimos meses, ¿años quizás? La otra, en idéntica perspectiva, dejaba ver los edificios sin ese velo oscuro que ya es panorama habitual de la postal madrileña.
No cabe duda de que la crisis sanitaria está azotando la sociedad y afectando a todo el entramado productivo y los sectores económicos. Sin querer ser derrotistas completos, en la otra cara de la moneda, encontramos una obviedad: los niveles de contaminación han disminuido sobremanera, una propuesta que debe alegrarnos por el bien del cambio climático. La Agencia Estatal Europea ya ha dado cuenta de ello, mencionando a Madrid como una de las capitales europeas donde ha apreciado una llamativa disminución en la concentración de dióxido de nitrógeno. La cuarentena es la responsable.
Esta variación me ha llevado estos días a hacerme preguntas que muchos tildarían de hipotéticas por su fabulación inicial. ¿Y si España hubiera contado con una infraestructura de suministro fotovoltaico antes de la irrupción de la crisis? ¿Conocen las familias españolas las ventajas que reportan en cuanto al ahorro en sus facturas energéticas? ¿Somos conscientes de nuestra forma de consumir energía?
Entiendo que estos catastróficos momentos invitan a cuestionarse todo tipo de escenarios, posibilidades y simbiosis estrambóticas que podrían parecer hasta estrafalarias o utópicas. Pero sí me parece que esta situación nada halagüeña nos deja espacio para recapacitar sobre las bondades de los sistemas de autoconsumo energético. Y, ¿por qué no? En la necesidad de reactivar la economía para alcanzar la independencia energética que muchos hogares y empresas podrían conseguir, eso sí, si tuvieran información suficiente para valorarla.
Este periodo de hibernación debe empujarnos a implantar medidas que nos preparen para la recuperación en sus diversas vertientes y que sienten los pilares para garantizar el autoconsumo energético. La independencia energética lo está pidiendo. Algunos expertos temen que la salida de la crisis, o el momento de la escalada como lo llama el gobierno, pueda suponer un freno para la puesta en marcha de actuaciones sostenibles. Hasta 31 organizaciones de diversos sectores han instado a la Unión Europea a que impulse aún más las energías renovables. No se han quedado cortos en las peticiones. Han solicitado desde paquetes económicos integrados en el Acuerdo Verde Europeo, al fomento de inversiones en electrificación basada en energías renovables. Da cuenta de la atención que merece.

Por su situación geográfica, España es el país con mayor irradiación solar de Europa. No vamos a descubrir nada nuevo. No. Solo un recordatorio para que reconozcamos la ventaja competitiva que nos ofrece el territorio. Debemos ser conscientes de la oportunidad y tomar medidas que permitan reactivar la economía y estar preparados cuando acabe la lucha contra el Covid-19.

Los cambios en la regulación actual favorecen el potencial del mercado, pero aún necesitamos acciones para que fructifique. Y la comunicación e incentivación a los clientes es un papel fundamental para que el consumidor final pueda tomar decisiones. Desde las administraciones aún quedan acciones para materializar en este aspecto.

El autoconsumo energético no solo supone rebajar la cuantía de la luz, un alivio para muchos hogares españoles en esta época, sino un impulso para garantizarles su independencia con respecto a las compañías eléctricas. Lo que es lo mismo, consolida al ciudadano como el foco fundamental en su responsabilidad energética y lo hace gestor de su consumo.

Por no mencionar la rentabilidad que supone y los beneficios que reporta contra el cambio climático. La eliminación del IVA o, al menos su reducción, para los particulares, como ha solicitado UNEF, sería una muy buena medida. Y no olvidemos que un importante beneficio colateral es la de una importante creación de empleo ligado a estas pequeñas instalaciones.

Es tiempo de sembrar para allanar el camino de la recuperación económica, de informar para formar a los ciudadanos. Para que el autoconsumo energético deje de ser ese gran desconocido. Es una manera de prevenir si nos topamos con una crisis descomunal y asoladora de estas características. Con información estaremos preparados y muchos hogares, qué decir de las empresas, podrán estar abastecidos de su propia energía con solidez y autonomía.

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