La percepción en los jardines

Vivimos nuestras vidas en un mundo de cosas y, sin embargo, las personas percibimos nuestro entorno como un todo y no de forma aislada. Solo tenemos que cerrar los ojos, mirar al frente y abrirlos, para comprobar que lo que vemos es toda la habitación donde nos encontramos y no simplemente objetos sueltos. A principios del siglo XX ya lo decía la teoría de Gestalt: “el todo es más que la suma de sus partes”.

A través de nuestra percepción somos capaces de entender de qué está formado ese todo exterior y aislar aquello que más nos interesa, como cuando descubrimos algo. Incluso somos capaces de obtener placer por medio de las texturas, los sabores, los olores, los sonidos y los colores. Con la percepción interpretamos esas sensaciones y se convierten en la suave esencia de las flores, el murmullo del agua, el frescor de la sombra de un árbol, el dulzor de la fruta…

Así que, para experimentar plenamente de nuestro jardín el desafío de su diseño consiste en estimular la percepción a través de los sentidos. Si creamos un lugar donde todos los sentidos son colmados a la vez, podremos disfrutar de un espacio mágico.

Este concepto de diseño surge con del jardín árabe del que en España tenemos el orgullo de conservar un monumento como el conjunto de la Alhambra y el Generalife.

La Alhambra se compone de varios palacios y patios yuxtapuestos, en perfecta armonía con la orografía del terreno. La interacción de arquitectura y jardines es perfecta, los elementos del jardín aparecen tanto en espacios interiores como exteriores y están siempre presentes para enlazar las construcciones, para enmarcar panorámicas y para crear espacios de recreo y relax. El Patio de la Alberca se encuentra en el centro de las salas y habitaciones, donde se desarrollaba la vida oficial de la corte. Constituye una síntesis de arquitectura y jardín concebido con extrema sencillez. Su superficie es aproximadamente de 50x30m y sus lados están flanqueados por edificios de altura modesta y por pórticos de elegante pureza. El que está situado al norte, está dominado por la masa maciza de la Torre de Comares. La alberca de 45 x 7 metros constituye una lámina de agua que espejea la arquitectura y enmarcada por setos de arrayán dirige la vista hacia el pabellón real

“Si creamos un lugar donde todos los sentidos son colmados a la vez, podremos disfrutar de un espacio mágico”

Al hacer esta descripción me pregunto si soy capaz de hacer entrever con palabras todo lo que expresa, puesto que las palabras son abstractas y no pueden sustituir a la auténtica experiencia física y sensorial que percibe cada persona.

Únicamente entrar, pasear y estar en un jardín permite que el ojo deambule libremente por entre los detalles ingeniosos y sentir la experiencia de la luz cambiante, el olor y los sonidos que resuenan en el espacio, sensaciones táctiles de la textura de la piedra y de los bancos de madera y las relaciones de escala y proporción, el paso del tiempo, la sombra, la transparencia, los matices de los colores. Y todas estas sensaciones sin palabras. El jardín habla de los fenómenos perceptivos a través del silencio.

Texto: Nerea Beitia, diseñadora paisajista