Así han cambiado los jardines y sus cuidados. Por Fernando Pozuelo

El origen histórico de los jardines ha estado ligado desde hace milenios al disfrute de los poderosos, a los gobernantes y miembros de las clases sociales altas que podían permitirse el mantenimiento de grandes extensiones de terreno para su uso particular.  Los jardines eran el sitio de recreo de los reyes o emperadores; grandes extensiones ajardinadas en las que las altas esferas sociales pasaban su tiempo de ocio. Siguiendo la línea del paisajismo francés, de líneas geométricas, los jardines eran salones al aire libre donde estar y departir. En la tradición inglesa de diseño, más naturalista y asilvestrada, en los jardines existían zonas de bosque y pradera, extensas superficies que eran utilizadas como terrenos donde caminar y realizar actividades vinculadas a la naturaleza.

En los últimos 200 años el jardín se ha democratizado y los lugares que antes eran privados son actualmente grandes superficies abiertas a todo el público para su uso y disfrute. En el siglo XIX, con el crecimiento de las ciudades, los planificadores vieron la necesidad de crear espacios abiertos para el uso de los ciudadanos. Al mismo tiempo, grandes jardines que eran privativos de reyes y nobles se abrieron al público, como ha ocurrido por ejemplo con Versalles en Francia o nuestros jardines de Aranjuez o La Granja, que nacieron por el impulso de la Monarquía. En nuestros días, el jardín público es un espacio verde situado en la ciudad para un uso social, y las urbes cuentan con una amplia infraestructura verde: zonas ajardinadas en rotondas y medianas y se produce una proliferación de parques.

De la misma forma que han evolucionado los jardines, también lo ha hecho el personal de mantenimiento. Una figura que históricamente siempre ha existido, teniendo en cuenta que estaba solo a disposición de la nobleza o las altas clases sociales ya que eran los que contaban con estos espacios privados. Estos lugares siempre han contado con grandes escuadrones de oficiales o responsables que se encargaban del mantenimiento del jardín y así ha sido durante toda la historia hasta que su trabajo se ha profesionalizado. Estos cambios implican una diferenciación clara entre lo que es la jardinería de la nobleza y el cuidado de los jardines públicos, más relacionado con el mantenimiento urbano. Con la intención de no perder el mimo en los cuidados, están surgiendo ahora perfiles profesionales nuevos como el de garden keeper. Son especialistas que velan por el perfecto mantenimiento y desarrollo de los jardines singulares, aquellos espacios, ya sean públicos o privados, que tienen un diseño paisajístico de autor y requieren una atención esmerada que sepa mantener y continuar el plan de la obra y mantenerlo en el tiempo. Para ello se ocupan no solo de las habituales tareas de poda, abonado, siembra y cuidado del entorno, sino que también son capaces de interpretar el conjunto para poder realizar modificaciones o cambios en el diseño, siempre respetando el origen del jardín y su objetivo. 

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