El desvanecimiento de la frontera entre la experiencia de lo presencial y la ventaja de lo virtual

Las ferias tradicionales han cerrado temporalmente sus puertas y pospuesto su apertura hasta que el Covid-19 nos dé una tregua. Estamos ante una de las áreas de actividad que más ha sufrido las consecuencias de esta pandemia. En los últimos meses hemos visto cómo multitud de ferias y demás eventos profesionales han tenido que ser cancelados, pospuestos o adaptados al entorno online. Según algunos estudios, 7 de cada 10 profesionales han trasladado su evento presencial parcial o totalmente a una plataforma virtual. Algunos, incluso, ven esta práctica más que una solución a corto plazo durante el tiempo que dure la pandemia, una realidad que se afianzará en el futuro, coexistiendo con los eventos presenciales.

En cualquier caso, las circunstancias especiales que vivimos han hecho que las herramientas digitales y el contacto online se configuren como una efectiva palanca para que las relaciones comerciales no se ralenticen, contribuyendo así a doblegar esta crisis que estamos viviendo.
Es verdad que no se puede comparar el trabajo face to face que se realiza en una feria con la opción digital. Los eventos tradicionales cuentan con una parte experiencial única e insustituible. Pero, como se suele decir, “a mal tiempo, buena cara”. ¿Cómo? Aprovechando las oportunidades que nos ofrecen las ferias online porque la digitalización también aporta ventajas. En el caso de las ferias, la reducción significativa de costes organizativos y de gestión respecto a la celebración de la opción presencial. Otra ventaja es que permiten al cliente acceder a la oferta de producto y a las conferencias sin moverse de casa, lo que conlleva comodidad, así como reducción de tiempo y costes de desplazamientos, sin olvidar la posibilidad de contratar a grandes speakers de forma online, lo que en el formato presencial podría ser más complicado.

La clave está en aplicar todo el potencial que nos ofrece la tecnología para conseguir objetivos innovadores y disruptivos en el sector de las ferias y eventos. Pero de momento, no somos 100% digitales y es difícil acostumbrarse de un día para otro a cerrar una operación sin un apretón de manos. El componente físico y la capacidad de interactuar con clientes, proveedores o competencia, no se puede sustituir por un golpe de “click”. Resultaría un fracaso el intento de replicar en digital los eventos presenciales, cuando la combinación perfecta estaría en el desvanecimiento de la frontera entre la experiencia de lo presencial y la ventaja de lo virtual. Esta combinación de factores parece haber venido para quedarse, empujándonos hacia un territorio en el que todavía no nos sentimos cómodos. Aún así, con la suma de tiempo, aprendizaje y experiencia, esta realidad se normalizará.

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