Entrevista a José Elías Bonells, exadjunto al Jefe del Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla

José Elías Bonells es uno de los profesionales más reconocidos en el mundo de la jardinería y una referencia en Andalucía. Aunque es catalán de nacimiento, y no ha perdido su acento y torrente de voz, ha estado desde joven en el Servicio de Parques y Jardines de Sevilla hasta su jubilación y ha viajado por medio mundo conociendo jardines. Es socio fundador o miembro de muchas de las organizaciones españolas y recientemente creó el Blog “Jardines sin Fronteras” que alimenta cada día y que es una verdadera enciclopedia. Todos los días sale, cámara de foto en ristre, para ver lo que se cuece en los jardines y no hay evento relacionado con la jardinería en el que no participe o conozca al dedillo, expresando contundentemente su opinión con la tranquilidad que le proporciona su fuerte personalidad y experiencia.

¿Por qué es usted Jardinero?

Nací en una familia de agricultores con cultivo de árboles frutales y hortalizas, desde pequeño combinaba mis estudios con las faenas del campo, no siempre de buen gusto, sin pensar en estudiar jardinería. Realice cursos de fruticultura, podas y cultivo que impartían las Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos.Tenía un hermano mayor que era el que dirigía las tierras que iban a quedar en sus manos por la ley testamentaria catalana, por lo que decidí iniciar mis estudios en la Escuela de Jardineria Nicolau Maria Rubio de Barcelona, escuela que fundó Rubio antes de la guerra civil, aplazada durante la misma y de nuevo puesta en marcha después para la formación de jardineros que engrosaran las plantillas del Ayuntamiento para la conservación y mantenimiento de los jardines de la ciudad.

De la Escuela salieron grandes jardineros apoyados por los entonces jardineros tradicionales existentes en aquellos momentos, los Aldrufeu, Casasus, Salvador Barri, Andreu Batlle, Hermanos Munne, Comillas.Isart, los Camprubi, Joan Bordas, Pedro Dot etc., solo por citar algunos. Allí nos permitían hacer prácticas durante las vacaciones de la Escuela. Yo especialmente realicé prácticas con los Hermanos Munne de Gava, aprendí a injertar con una cuadrilla de injertadores de rosales valencianos que capitaneaba, el después famoso rosalista, Francisco Ferrer Marti. Con la empresa Emilio Ferrer y Josep Batlle aprendí la vivaistica, adornos florales y construcción de jardines. Terminados los ciclos escolares trabaje de asistente del Técnico Botánico del Ayuntamiento, en aquellos años, Juan Pañella Bonastre, que a mí, al igual que a muchos de sus alumnos, les inoculó entre sus venas la pasión de ser jardinero.

Los cursos de la escuela eran de cuatro años y después un año de prácticas, algunos los hicieron en Versalles, se podían obtener en sus diferentes cursos títulos profesionales de Oficial Jardinero, Maestro jardinero y Técnico en jardinería.

Los buenos profesores de la Escuela y la salida de buenos alumnos la acreditaron como la mejor escuela para aprender jardinería existente en España en aquella época, de ella salieron acreditados viveristas, empresarios, constructores de jardines, propietarios de centros de jardinería, diseñadores de jardines etc…, unos siguiendo la tradición familiar y otros, captados por las enseñanzas que recibimos, nos adentramos en el mundo de la jardinería urbana por circunstancias de la vida.

Cuando enfermamos vamos al médico.  ¿Piensa que la sociedad en general es consciente de que las plantas aportan salud? ¿Hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión?

Los parques y los espacios verdes urbanos tienen un impacto en la salud de las personas al proporcionarles un servicio recreativo conveniente y económico. Existe una correlación positiva entre la presencia de un parque en un barrio y el nivel de actividad física de sus residentes; La presencia de parques y jardines en los barrios anima a los residentes a hacer ejercicio, mejorando así su estado físico y permitiéndoles disfrutar más plenamente de sus vidas.

La sociedad es cada vez más consciente de los beneficios que aportan los parques, jardines y árboles en la ciudad, es cierto que amenazados por el cambio climático, nunca se ha hablado tanto como ahora de la influencia de las plantas en la vida humana.

¿Por qué nos atraen las plantas?

Una vez entras en su mundo de diversidad mundial no puedes salir de él si verdaderamente eres un apasionado, al igual que ocurre en otras profesiones, el músico le atrae la música, al maestro la enseñanza, al pintor las Bellas Artes, nosotros nos sentimos atraídos por el mundo vegetal porque conocemos los beneficios que diariamente nos aportan.

La presencia de la naturaleza nos hace mejores cuanto más rodeados de plantas en el entorno que vivimos, olvidamos el estrés, la ansiedad y la depresión que padecemos, además, ayudan a incrementar el bienestar comunitario. Cuando más te crees que sabes, más te queda por aprender en el mundo de las plantas.

“Nuestra sociedad sufre el síndrome de la falta de naturaleza”

Háblemos de usted. ¿Cuando supo que era Jardinero?

Cuando en la edad de veintiún años se me puso al frente de un Servicio de Parques y Jardines en la ciudad de Sevilla, poniendo en mis manos la posibilidad de seguir formándome en la teoría y la práctica de lo que había estado estudiando y poder dirigir como Director Técnico del Servicio con un primer contrato de seis meses que estuve de prueba para manejar una plantilla de trescientos cincuenta personas entre jardineros, personal auxiliar, mujeres y Guardas Jurados cada grupo con sus Inspectores, Jefes obreros, Capataces etc… Gracias a  la ayuda y el conocimiento de los jardineros tradicionales, que habían vivido la posguerra, pude salir del paso, ya que sin su colaboración no hubiera sido posible.

Respetando las actuaciones que se estaban llevando a cabo, poco a poco había que ir corrigiendo las labores que podían ser perfeccionadas y los planteamientos para un futuro mejor.

No existía prácticamente el Servicio de Parques y Jardines como estructura de gestión de las zonas verdes, el Servicio dependía de un Ingeniero de Montes que a la vez lo era de Obras Públicas, un inmejorable Jardinero Mayor y los capataces que habían colaborado con Forestier en la construcción del Parque de Maria Luisa de los que recibí muy buenos consejos.

Fue entonces cuando me di cuenta que era jardinero, pero en la Administración Local no estaba valorada la profesión, a mí me hubiera gustado, al jubilarse el jardinero Mayor, ser el Jardinero Mayor de la ciudad de Sevilla, pero esto suponía entrar en un grupo menor compensado, por lo que se creó la plaza de Jefe de jardinería a la  que concurse junto a Andrés Sabadell, después un gran amigo y un veterinario de León, creo recordar, y con los años llegue a Adjunto al Jefe del Servicio, ya que siempre fue Jefe un arquitecto. En el curso de los años, 49 de vida municipal, fueron varios los que conocí. De todos ellos guardo buenos recuerdos.

El Ayuntamiento me dio posibilidades de poder ampliar conocimientos asistiendo a muchos Congresos y Symposiums nacionales e internacionales e incluso los que entonces organizaba la Administración Local. Recuerdo que elaboramos un Pliego de Condiciones para la construcción de Parques, que no existía, colaboramos en la redacción de la Ley del Suelo, aportando apartados relacionados con las zonas verdes, creamos la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, de la que soy el único socio fundador vivo, y que sea por muchos años, nos relacionamos con servicios análogos de ciudades europeas, París, Barcelona, Viena, intercambiando soluciones a problemas planteados, innovación de prácticas y estrategias comunes de la jardinería urbana.. Y esta fue mi Universidad.

Con la pandemia ha habido muchos cambios. ¿En qué cree que ha afectado a los jardines?

Nada será igual o tardaremos en que sea igual. La pandemia ha asestado un duro golpe a la sociedad, la realidad en sí misma nos indica que debemos cambiar de rumbo, nuestra sociedad sufre el síndrome de la falta de naturaleza. Nos hemos dado cuenta de que cualquier actuación sobre ésta puede tener consecuencias que no advertimos de momento y sí a largo plazo. Hemos destruido muchos espacios naturales sin saber que los necesitaríamos.

Si las ciudades necesitan más espacios verdes, más árboles deberán ser entendidos los nuevos espacios como parte de la naturaleza, en los que los ciudadanos deben participar en los cambios de sus ciudades o pueblos, colaborando en grupos donde se desarrolle la democracia del conocimiento de la cual deberán ser agentes activos.

Sencillamente, creo que esto afectará a los jardines tal como los entendemos ahora, a los viveros a la hora de producir plantas y a los diseñadores para convencer a sus clientes de los cambios ocurridos: la amenaza del cambio climático, la escasez de agua por agotamiento de los acuíferos y esta será la “nueva normalidad” de los futuros jardines.

De pronto hay personas que quieren abandonar las ciudades y vivir en el campo, en los pueblos. ¿Abandonar las grandes ciudades es la solución?

No es propio vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales privados y perder el contacto físico con la naturaleza.

Cada gobierno deberá cumplir con su propio e indelegable deber de preservar el medioambiente y los recursos naturales de su pueblo o ciudad para disfrute de los ciudadanos.

La degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas y se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro de la calidad de vida de gran parte de la población.

Los ciudadanos abandonan la ciudad por la falta de infraestructuras verdes que palien el estrés diario en que se vive, por carencia de acceso a parques y actividades recreativas, por no poder pasar el tiempo y relacionarse más en entornos naturales. Los ciudadanos asocian áreas con hermosos jardines con una mejor calidad de vida que la ciudad no les ofrece.

Los estudios han demostrado que las personas que pasan más tiempo al aire libre en la naturaleza tienen una mejor salud mental y una perspectiva más positiva de la vida. No todo el mundo puede abandonar la ciudad. La ciudad es para vivirla intensamente si está dotada de espacios adecuados para ello. También se ha convertido una moda, todo el mundo quiere usar el coche para desplazarse a pesar de los sufridos atascos y la incomodidad delas muchedumbres sobre todo en las playas. Con los años cada vez lo entiendo menos.

“Necesitamos escuelas públicas en formación profesional para nuestros jardineros”

Usted ha dicho que para que haya buenos jardines hacen falta buenos jardineros. ¿Qué pasa con la formación en Jardinería?

Hemos entrado en una sociedad que, a Dios gracias, todo el mundo puede acceder a la enseñanza superior, cada año salen un buen número de licenciados en carreras universitarias, la enseñanza se ha hecho universal, todo el mundo puede acceder a ella, lo malo es la salida que tienen estas carreras a la hora de integrarse en el mundo laboral.

Está claro o por lo menos lo tengo claro, espero que ustedes también, que un buen mecánico formado en las escuelas profesionales, un buen soldador y un buen fontanero tienen más posibilidades de empleo y a veces con mejores sueldos que cualquier carrera universitaria.

De la carrera universitaria a la formación profesional existen muchas escalas en el mundo laboral. La formación en jardinería es muy necesaria, me refiero a la profesión, no a los arquitectos o paisajistas, ingenieros y biólogos que han buscado un lugar en el mundo de la jardinería.

Hoy en día existen muchas posibilidades de acceder a cursos de jardinería a todos los niveles en España, desde cursos universitarios a formación profesional y cada Comunidad ha establecido sus propios cursos para alcanzar sus objetivos, quizás en Andalucía y particularmente en Sevilla estemos todavía afectados por el cierre de la Escuela de Jardinería y Centro de Estudios Medioambientales Joaquín Romero Murube, debido a la quiebra de la Fundación Forja XXI, que estuvo 15 años gestionada con fondos públicos de la Junta y que nadie ha sabido reabrir a pesar de las promesas realizadas por los políticos de turno. Una Escuela que había conseguido un reconocido prestigio por la calidad de sus cursos y los profesores que la dirigían. Necesitamos escuelas públicas en formación profesional para nuestros jardineros

Aunque sí es cierto que muchas ciudades españolas poseen escuelas de jardinería a distintos niveles, algunas con reconocimiento de los estudios a nivel profesional, estos estudios son después poco valorados por el público, así como las propias empresas de servicios a cuyo cargo se encuentra la conservación y mantenimiento de la mayoría de los parques, jardines y arbolado de nuestras ciudades actualmente. El intrusismo y la escasa valoración de la profesión siguen existiendo.

Hay que reflexionar sobre el cada vez más importante significado de la jardinería en todos sus aspectos ante los cambios que se nos avecinan que van a suponer un uno de los principales desafíos en la profesión

En los jardines y las infraestructuras verdes su sostenibilidad tendrá gran impacto en nuestras vidas que nos exigirá jardineros incansables, eruditos con grandes ideas y sobre todo, como es esencial, con experiencias paisajísticas, hay que ser visionarios del futuro que nos espera y para ello hay que prepararse. Fuente: AMJA

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