Guía práctica para germinar brotes comestibles, coníferas y frondosas

Germinar semillas es una técnica muy fácil y bastante rápida para conseguir brotes. Una vez germinados, es posible plantarlos o consumirlos crudos en el caso de que se usen semillas de plantas comestibles. No importa el tamaño o el objetivo del vivero, hay varias herramientas y técnicas para elegir. Aún así, es necesario tener siempre en cuenta que algunas semillas son más fáciles de germinar que otras y cada una tiene sus características y necesidades. También es bueno tener en cuenta qué uso se la va a dar a las semillas a la hora de elegir el método y los utensilios.

¿Cómo germinar?

No importa el método que se escoja, lo primero siempre es remojar las semillas, a menos que no necesiten remojo y requieran solo de una pulverización directa de agua. Normalmente el paquete suele incluir en las instrucciones si el remojo es necesario y cuánto tiempo hace falta, pero en todo caso suele ser entre seis y ocho horas. Una vez remojadas y coladas podemos pasarlas al germinador elegido.

Es mejor colocar el germinador en un lugar fresco y sin luz directa en todos los casos para que estén a una temperatura entre 23º y 27º como mucho. Así se conserva la humedad cuando comience la pulverización de agua sobre las semillas, dos veces al día cuidadosamente para que no se empapen. El momento ideal para hacerlo es por las mañanas y por las noches.

¿Qué germinador elegir para cada tipo de semilla?

  • Frasco de cristal

Este método de germinación se suele utilizar en las escuelas primarias y secundarias, para la mejor comprensión y entendimiento de la germinación en la naturaleza. Además de permitir observar el progreso de la germinación, se pueden descartar las semillas que no sirven, recuperando solo las que han germinado. En primer lugar, se pone un poco de algodón humedecido en el fondo. Encima de este se colocan las semillas elegidas para germinar, con un poco de espacio entre ellas. El frasco debe estar abierto y tapado con una gasa en la abertura para poder humedecer las semillas y después retirar el agua que sobra sin que estas se caigan. El frasco debe estar inclinado siempre con la abertura mirando hacia abajo para que el agua se escurra bien. Es un método muy eficaz para germinar pequeñas cantidades de semillas no mucilaginosas como el brócoli, la remolacha o cualquier tipo de legumbre (soja, lentejas, judías…).

Si se desea germinar coníferas o frondosas, esta es una buena herramienta. En este caso, se remojan las semillas sin el algodón humedecido durante un mínimo de veinticuatro horas. Se eliminan las semillas que floten y, en caso de hacerlo en otoño, se procede a la estratificación en frío para romper el letargo y posibilitar la germinación. Este proceso simula el invierno tras el que germinan las coníferas y las frondosas y se realiza introduciendo un recipiente cerrado (el frasco de cristal con una tapa) con un sustrato húmedo como arena, turba, fibra de coco o vermiculita durante al menos seis semanas en el frigorífico, dependiendo de cada planta. Después estarían preparadas para la siembra.

  • Bolsa de lino o de cáñamo

En este caso, el procedimiento es distinto. Después de remojar las semillas, se introducen en la bolsa incluyendo el agua utilizada previamente para remojar, y la bolsa se cuelga en algún lugar en alto para que escurra. Este será el método para humedecer las semillas cada día: verter un poco de agua en la bolsa y dejarla escurrir. Con la bolsa es posible germinar unos 10 o 15 gramos de semillas que luego germinadas pesarán unos 150 gramos.

  • Bandejas con rejilla

Estas bandejas contienen tres piezas: la que está más abajo es la bandeja, lo que será el depósito de agua; la del medio es la rejilla; la última es la tapa. Las semillas se colocan ya remojadas en la rejilla y se llena el depósito hasta que el agua toque la rejilla, para que las semillas estén en contacto con ella. La tapa tiene dos orificios para que entre oxígeno y se coloca sobre la rejilla para mantener la humedad. Es necesario revisar todos los días que el agua esté tocando la rejilla. Este sistema permite obtener también unos 150 gramos de semillas germinadas y es ideal para semillas mucilaginosas como albahaca, lino, rúcula, mostaza o berro.

  • Germinadores con varias bandejas
  • Germinadores automáticos

En el caso de los germinadores automáticos, es mucho más sencillo. Constan de le bandeja en la que se depositan las semillas y de una tapa. Se conectan a corriente eléctrica y cada dispositivo analiza y valora las condiciones ambientales ajustando la humedad y la temperatura que hay dentro.
Es necesario asegurarse de cuáles son las condiciones idóneas para germinar cada tipo de semilla ya que algunas, como por ejemplo las de calabaza, necesitan oscuridad para desarrollar brotes. También es aconsejable conocer los periodos del año que son idóneos para la germinación. En el caso de las frondosas y las coníferas es mejor germinarlas entre febrero y marzo para su posterior plantación, a menos que se haga la estratificación en frío.

Momento de la plantación

Los germinadores con varias bandejas en torre son otra opción interesante si lo que se busca es germinar muchas semillas o germinar diferentes tipos. Normalmente suelen incluir tres o cuatro bandejas una sobre otra en forma de torre cada una de ellas con agujeros en la base para que escurra el agua. La bandeja que está más abajo se deja libre para que el agua que escurra no empape las semillas y se mantenga algo de humedad.

Normalmente todas las semillas tardan unos siete días en germinar. Sus brotes medirán entonces unos dos o tres centímetros. En este momento ya podríamos consumirlas o esperar un poco más para plantarlas. Excepto en casos como el de las coníferas y frondosas, cuyo proceso dura entre dos y tres meses en su mayoría tras la estratificación en frío, a veces incluso más.

Cuando alcancen algunos centímetros más será un buen momento para plantarlas directamente en el suelo o en semilleros pequeños cerca de una zona bien iluminada sin sol directo y con orientación saliente poniente, a ser posible, para que no les dé demasiada sombra. Se añade sustrato en cada semillero, se deposita una semilla en cada uno y se cubren con más sustrato. La mejor mezcla es la combinación de suelo del lugar en el que se tenga el vivero, arena y materia orgánica.

Es necesario comprobar a diario que el sustrato está húmedo, sin llegar a estar empapado, igual que con el proceso de germinado. Al cabo de unas dos semanas ya tendrán una buena altura y algunos brotes axilares.  Ya estarán listas para trasplantarlas a su maceta definitiva, si no se han sembrado las semillas en el suelo. Esta maceta preferiblemente será grande para no tener que trasplantar varias veces.

Para plantar definitivamente en el suelo, es necesario excavar unos veinte centímetros, eliminar piedras e insectos y después revolver bien la mezcla de tierra, arena y materia orgánica. Entonces será el momento de plantar las semillas germinadas.

Germinar es una actividad muy reconfortante tanto para consumir los brotes como para participar desde el principio en el proceso de crecimiento de una planta. A diferencia de los esquejes, las plántulas resultantes de la germinación no tendrán las mismas características que la planta madre, sino la combinación de las características de ambos progenitores. A la vista está que hay muchos métodos y técnicas para la germinación. Pero, conociendo lo que necesita cada semilla, después todo consiste en ir probando y observando cada día el crecimiento de la semilla para verificar que todas las condiciones se adecúan a sus necesidades. Texto: Icíar Serrano

Suscrbete