Tamara Velasco García, jardinera y diseñadora de jardines. Directora de Azul Jardines

Tamara Velasco García iba para filóloga, pero prefirió ser jardinera y trabajar también en la educación medioambiental porque cree fundamental la conexión entre niños y plantas. «Comunicar porqué hacemos las cosas como las hacemos, es una labor necesaria que ayuda al reconocimiento de la jardinería».

Es directora de Azul Jardines y ha aprendido de uno de los grandes a conocer la tierra y las plantas observando la vida que cobijan. Piensa que la pandemia nos ha hecho ver la importancia del verde en las ciudades y la necesidad de vivir con más salud porque estamos desconectados de la tierra y esa desconexión es insalubre. Se ilusiona con el convencimiento de que llevando la naturaleza a los colegios acortaremos el camino que traerá de vuelta el bosque a la ciudad. El Meteorito polinizante, que realizó junto con Teresa Cruz, fue expuesto en la Casa Murillo de Sevilla y fue finalista en la XIV Bienal de Arquitectura y Urbanismo.

 ¿Por qué es usted Jardinera?

En el año 2002 tuve la oportunidad de participar como alumna en un Taller de Empleo en el Parque del Alamillo. Dicho Taller consistía en un año dividido en dos módulos de seis meses de duración siendo el primero una formación intensiva en jardinería y el segundo en mantenimiento de edificios. Por aquella época mi meta era entrar en la universidad y hacer Filología Hispánica, en mis ratos libres y a modo de pasatiempo estaba muy comprometida con el mundo de la horticultura y el consumo responsable y ecológico siendo socia colaboradora en la Cooperativa de Consumo Ecológico La Ortiga. Pero fue empezar a practicar el oficio de jardinera que tuve lo que se dice un flechazo y un enamoramiento del que todavía no he salido ni del que creo que salga nunca. Así que soy jardinera por un Taller de Empleo a modo de certero Cupido.

Cuando enfermamos vamos al médico.  ¿Piensa que la sociedad en general es consciente de que las plantas aportan salud? ¿Hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión?

Cuando enfermamos vamos al médico y parte de nuestra recuperación, la mayoría de las veces, es una reconexión con el mundo vegetal, empezando por el modo de alimentarnos y a continuación teniéndolas lo más cerca posible, aunque sea mirando el paisaje natural desde la ventana. Las zonas verdes aumentan la salud física, mental y medioambiental pero además las plantas están continuamente mandándonos mensajes para que aprendamos sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno.  Son grandes comunicadoras, con su lenguaje químico, pero también lo son con su presencia delicada y poderosa a la vez.

Hace unos años cuando yo era “muy chica” como jardinera y conocía aún menos himenópteros, coleópteros y bichos varios que ahora, charlando con una de mis clientas en su huerta vimos a una oruga espectacular zampándose su Ruta graveolens. Nos quedamos maravilladas por la belleza de la oruga, tanto que nuestra charla sobre la planificación del huerto y el jardín pasó a un segundo plano. Llegamos a la conclusión de que tampoco era tan grave que comiera “un poco de su planta” y la dejamos en paz. No muchas semanas antes, trabajando en este mismo jardín me había quedado hipnotizada con una “mariposa enorme” de colores espectaculares. Lo que habíamos visto era la oruga de la Papilio machaon, esa oruga que se zampaba su ruda era la de la mariposa que me había dejado absolutamente maravillada….

Que las plantas están diseñadas para albergar vida es algo que me repito continuamente, para que haya mariposas, pájaros y bichos varios, que también son muy amados por las plantas.

Para explicar a la sociedad nuestra profesión es fundamental el ejemplo directo desde el buen hacer y la profesionalidad. Un jardín sano, lleno de vida, diseñado para el buen desarrollo de las especies vegetales y toda la vida inherente, es en sí mismo una explicación y un maravilloso ejercicio para la reflexión de la vida y la colaboración.  A veces imagino un mundo donde es obvio que las plantas nos cuidan y a la vez las cuidamos, pero mientras este mundo llega hemos de seguir trabajando en nuestros espacios verdes lo mejor que podamos y siempre apoyándonos en los conocimientos que continuamente hemos de actualizar. La comunicación con la sociedad del por qué hacemos las cosas como las hacemos es una labor necesaria que ayuda al reconocimiento del oficio jardinero.

¿En qué medida, a través de la educación o reconexión medioambiental en Colegios e Institutos donde están nuestros niños y niñas acortamos el camino que traerá de vuelta el bosque a la ciudad?

Desde la empresa que lidero a veces tengo la inmensa suerte de colaborar en proyectos donde acondicionamos espacios para explicar los procesos de interacción entre plantas, “bichos varios” y personas. En el año 2017 gracias a Nomad Garden junto a Teresa Cruz Navarro pudimos desarrollar un proyecto multidisciplinar en el colegio Andalucía del Polígono Sur para transformar el espacio con la acción de los polinizadores. El “Meteorito polinizante”, un hotel de insectos que es a día de hoy un gran icosaedro que sirve de refugio a abejas y avispas solitarias entre otros seres que ayudan e interactúan en los procesos hortícolas y jardineros de este colegio junto a los niños y niñas en el espacio que pudo recuperarse con este maravilloso proyecto.

Ese mismo año y en esta misma edición de Luces de Barrio conozco a Cuarto Creciente, estudio de maravillosas arquitectas especializadas en arquitectura para la infancia, con el que abrimos “Agujeros Vegetales” en el Vélez de Guevara de Torreblanca y literalmente se traspasó el pavimento para volver a plantar. Una desafortunada intervención previa en este colegio había hecho desaparecer varios árboles y la tierra natural con la que contaba el patio de infantil. Era algo trágico y a la vez un reto emocionante: abrir de nuevo un camino de reconexión con la tierra y los árboles. Por eso, entre otras mejoras que se pudieron realizar, liberamos parte del suelo y plantamos una Phytocca dioica o… “Árbol de la bella sombra”.  Lo hicimos con la pasión, fuerza y destreza de los niños y las niñas, la comunidad educativa y profesionales de la arquitectura, la psicología, la enseñanza y el arte. En común pudimos trasformar la dureza de los patios escolares en refugios de vida y color, justamente la esencia de los niños.

Luces de Barrio 2017 quedó finalista con el proyecto “5 barrios de Sevilla” en la XIV Bienal de Arquitectura Más habitar, más humanizar. Este trabajo colectivo quedó finalista en la bienal de arquitectura de ese año.

Los lugares en los que se están formando los ciudadanos del mañana son las escuelas, los institutos y las universidades. Los espacios verdes biosaludables son un derecho.

La experiencia del huerto escolar, un jardín o el hotel de insectos trae consigo una serie de experiencias de transformación y de reconexión con el mundo vegetal y animal, o natural. Desde mi experiencia los niños y las plantas conectan en cuestión de milisegundos y tendríamos que cuidar que esa conexión no se rompiera nunca.

Lo máximo que puedo aportar es mi mirada de jardinera enamorada del jardín. Y el mensaje de la energía que todo lo que se transforma y puede volver de nuevo con otra utilidad o finalidad. Hay elementos que pueden ser reutilizados como mobiliario u objetos de bio construcción como la madera, la piedra y la tierra etc. Todo esto tiene el valor añadido de transmitir un mensaje importante sobre el exceso de consumismo actual y todo con una reflexión a través del ejercicio del arte, la creatividad y la ecología. Pero siempre, siempre con la energía presente de las plantas.

Yo iba para filóloga, pero me terminé reciclando en algo que me está haciendo inmensamente feliz: la jardinera.

¿Por qué nos atraen las plantas?

Están vivas y el no moverse del sitio, pero a la vez conseguir desarrollarse plenamente es un sencillo ejercicio de poderío y grandeza, aportan luz con su belleza (incluyendo la brizna de hierba más sencilla). Y el ser humano necesita belleza para elevarse espiritual y mentalmente. Son fuente de: oxígeno, refugio e inspiración.

Personalmente me interesa su estudio aplicado al diseño y lo increíble de su adaptabilidad en lo intrincado del jardín. Como jardinera busco sentir que están a gusto, que son felices no desde la perspectiva humana si no de la vegetal que es la exuberancia, la intensidad o la sutileza química, la falta de enfermedad y la presencia de más vida: insectos, reptiles, aves…

Por supuesto su valor como herramienta de reconexión con el medio ambiente y que no dejo nunca de aprender de su constante generosidad siendo alimento y refugio. Si se las deja pueden ser tu Yoda particular. Cuidándolas te cuidas.

Hablemos de usted. ¿Cuándo supo que era Jardinera?

En el año 2002 cuando empecé aquel taller de empleo supe que no sería ni filóloga, ni escritora, ni profesora ni ninguna otra cosa más que jardinera…

Durante el desarrollo de este taller tuve como monitor a José Antonio Valenciano gran jardinero y persona sensible y conocedora de nuestra flora mediterránea y el cual supo transmitirme ese gran amor por las plantas. Como director a José Antonio Muñiz López, Ingeniero Agrónomo y magnifico gestor, además de un gran conocedor de la importancia de la gestión del agua en parques y jardines. Siendo además miembro del coro del Teatro del Real Maestranza traía consigo la sensibilidad de la música a los jardines, así como la enorme importancia de la autoexigencia en la búsqueda de los mejores resultados. Hoy en día sigo colaborando con él en proyectos jardineros apasionantes.

Y todo este aprendizaje en las instalaciones y zonas verdes del Parque del Alamillo, dirigido en aquella época por Adolfo Fernández Palomares el cual buscaba adecuar los trabajos de mantenimiento con prácticas ecológicas.

En el año 2008 pude volver al Parque del Alamillo y participar con mi equipo de trabajo en las labores de ampliación del antiguo vivero que abasteció de especies durante los ajardinamientos de la Expo del 92 y fue cuando tuve la enorme suerte de conocer y ver en primera persona el magnífico hacer de Alberto García Camarasa que me dio uno de los mejores consejos para mi vida de jardinera: “Los libros están muy bien y tenlos siempre cerca, pero principalmente: observa, observa y observa”.

Nuestro conocimiento sobre las plantas necesita antes de nuestra mirada respetuosa y atenta. También el estudio, pero la mirada sobre esa planta concreta, ubicada en ese lugar específico del jardín hace que conectes directamente la formación a la experiencia con un ser vivo.

¿Cuándo comenzó su propio proyecto Azul Jardines?

Antes de que finalizara el año ya entré a formar parte de un equipo de trabajo en la empresa privada, dedicada sobre todo a la poda de árboles y palmeras para dos años más tarde emprender mi propio proyecto: Azul Jardines una empresa dedicada a ofrecer servicios de jardinería ecológica.

Sí que era importante que el proyecto en el que me embarcara hablara de mi visión de la jardinería, ecológica, feminista, integradora y reivindicativa. Por eso en el año 2005 fundé Azul Jardines. Cuando yo empecé venía del mundillo ecológico y cooperativo de la Ortiga.

En aquella época las empresas no exigían el carné de aplicador y los caldos de los fitosanitarios se preparaban “por chorritos” (esa medida tan universal como subjetiva), yo misma venía de un taller que me había iniciado apenas en un mundo infinito y en el cual, con la práctica del trabajo diario, era consciente de mis inmensas limitaciones por desconocimiento y falta de experiencia.

Mientras fui trabajando y sacando adelante el proyecto no dejé nunca de formarme y aprender y siempre… observar, observar y observar.

Las lecturas que habitualmente me acompañaban de los clásicos y otros autores contemporáneos fueron sustituidas por catálogos de especies y manuales de técnicas del cuidado jardinero.

¿Cuál es su apuesta por el fomento de la biodiversidad?

Fui aplicando la metodología conocida y ampliamente documentada de la horticultura ecológica al mantenimiento de mis jardines para intentar conservar y fomentar el máximo de biodiversidad posible y eliminé los fitosanitarios y prácticas culturales que pudieran perjudicar este aspecto. En la empresa utilizamos maquinaria de batería y la maquinaria de gasolina usa un combustible menos contaminante, así como aceites biodegradables.

Creo que toda profesión debería tener una responsabilidad natural de tratar el estudio y práctica de su ejercicio de la forma menos contaminante posible. Tanto de sustancias químicas como de valores filosóficos y espirituales…

Y siempre que me ha sido posible he ido trasmitiendo estos valores en patios escolares animando a tener las zonas verdes como un recurso más para el aprendizaje a través de la observación. Gracias Alberto.

Con la pandemia ha habido muchos cambios. ¿En qué cree que ha afectado a los jardines?

Durante el confinamiento y gracias a mi profesión pude observar una mejora en la calidad del aire, menos contaminación acústica y ambiental en general que no solo influyó positivamente en las zonas verdes, sino además en las poblaciones de aves y en la fauna auxiliar en general, el descenso de las labores de mantenimiento trajo consigo un aumento significativo de la flora arvense (refugio de esta fauna que menciono) esto ha abierto un debate muy interesante y necesario respecto de este tema.

Las malas hierbas no existen. El plástico, las latas, las colillas, los papeles… eso es basura. Pero las hojas que caen, las adventicias, la madera que se descompone, etc.., todo eso es una pieza importantísima del ciclo de la vida y de la salud del suelo y si lo eliminamos sin dejar que se sucedan sus procesos, empobrecemos el jardín en todos los sentidos.

De pronto hay personas que quieren abandonar las ciudades y vivir en el campo, en los pueblos. ¿Abandonar las grandes ciudades es la solución?

Esta pandemia que nos ha traído la experiencia del confinamiento nos ha hecho hacer valorar el jardín, la naturaleza y los espacios abiertos y menos contaminados. Estar encerrado/a entre cuatro paredes trae consigo multitud de afecciones que en periodos prolongados pueden afectar gravemente a nuestra salud física y psicológica. Conozco casos de personas que se han ido al pueblo para poder vivir esta época con mayor salud y seguridad personal. Desde luego sobre todo si se tiene la posibilidad de teletrabajar es una opción.  Hay otras muchas profesiones para las que el teletrabajo no es viable, y entre ellas y en una larga lista: el oficio de jardinero o jardinera.

Para las ciudades traer el bosque será la solución. Y nuestro oficio si tiene aquí una gran responsabilidad del cuidado de las zonas verdes como importante herramienta para la salud de la ciudadanía y la biodiversidad en general.

Vivimos desconectados de la tierra y esa desconexión es insalubre. Si queremos prosperar como especie necesitamos reflexionar sobre nuestro papel en el mundo sin despreciar el que tienen que desempeñar todos los seres vivos en coexistencia con nosotros.

José Elías dijo que para que haya buenos jardines hacen falta buenos jardineros. ¿Qué pasa con la formación en Jardinería?

Absolutamente de acuerdo, es fundamental conocer nuestro oficio y adquirir formación y conocimientos de calidad. En Sevilla no se entiende el cierre de la Escuela de Jardinería Joaquín Romero Murube. Necesitamos lugares donde se formen los jardineros y jardineras que estarán al cargo de nuestras zonas verdes. Zonas que aportan belleza, salud y calidad de vida.

Y junto con buenos profesionales jardineros, buenos arquitectos, urbanistas, pedagogos, maestros… para hacer del mundo un buen jardín debemos de aprender de las plantas y además de crecer esforzándote en ser lo mejor que puedas ser, ponernos de acuerdo y ser una unidad.

Un jardín para el recuerdo

Mi primer jardín y todos los que han venido después. En todos he aprendido muchísimo de jardinería gracias a las plantas y los grandes profesionales que me he ido encontrando en el camino y a los que doy gracias.

Pero elijo como recuerdo y como pensamiento de mi presente, este pequeño jardín privado en el centro de Sevilla… Su diseño ha madurado con el tiempo buscando la coexistencia de distintas especies y el ahorro de agua.

En un principio tuvo césped y una configuración más formal de jardín mediterráneo. Con el tiempo y la gran afición y conocimiento de su propietaria se fue transformado en trabajo conjunto conmigo su jardinera y amiga en un jardín zen mediterráneo con parterres, arriates y el inerte que rastrillo en silencio como colofón de las labores de mantenimiento. Por mis manos han pasado jardines y coordinaciones de trabajos en jardines en proyectos de distinto calado, pero en este jardín no soy otra cosa que una jardinera conectada al jardín. Fuente: AMJA

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