Entrevista con José Manuel Sánchez de Lorenzo-Cáceres, autor de «Árboles Ornamentales y Flora Ornamental Española»

José Manuel Sánchez de Lorenzo Cáceres es un incansable estudioso de las especies ornamentales de nuestro país, que ha publicado numerosos libros, artículos y mantiene su famosa página web Arboles Ornamentales. Él es el «Gran Divulgador de la Flora Ornamental Española». Es autor o coautor de varios libros relacionados con el tema, entre los que podemos destacar: Arboles de España, Manual de Identificación, Guía de las plantas ornamentales y Flora Ornamental Española, Premio Juan Julio de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos y Premio Nacional del Libro Agrario. Ha publicado numerosos artículos en diversas revistas profesionales del sector, así como participado en multitud de cursos, seminarios, jornadas técnicas y congresos.

Libros en autoría y coautoría publicados hasta la fecha.

Desarrolló su actividad profesional durante 31 años en el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Murcia y ha sido pionero, dentro de su extensa labor divulgativa, en las nuevas tecnologías, teniendo presencia en Facebook y en Internet, donde mantiene la conocida página web www.arbolesornamentales.es, que es un referente en la materia, citada como fuente en muchísimos trabajos de especies ornamentales.

Ha sabido posicionar las plantas ornamentales en un lugar privilegiado a nivel académico, siendo un tenaz investigador de la flora de todos los rincones de nuestro país y poniendo a disposición de todos sus conocimientos como sólo las personas especiales comparten con tanta generosidad.

¿Por qué es usted Jardinero?

En cierto modo por algo de casualidad, porque si bien desde muy joven tenía una clara inclinación hacia las Ciencias Naturales e intenciones de ser biólogo, por una serie de razones, que omito para simplificar, llegado el momento, en lugar de comenzar los estudios de Biología inicié los de Ingeniería Técnica Agrícola en la Universidad de La Laguna (Tenerife), siendo entonces cuando descubrí en el primer curso la Botánica, y en el último, y ya dentro de la especialidad, la Jardinería y las plantas ornamentales, temas que marcarían para siempre mi vida y que han constituido, además de una profesión que me ha permitido obtener ingresos y ganarme la vida, una afición que me ha proporcionado aún mayores satisfacciones. Todo ello se lo debo a quien fuera mi profesor, D. Pelayo Rodríguez López, quien durante años fue Jefe de Servicio de Parques y Jardines de Santa Cruz de Tenerife.

Floración de Colvillea racemosa Palmetum de S/C de Tenerife. 2019.

Quiso luego el destino que en 1980 trasladara mi residencia a Murcia, y que, tras un período de cinco años algo erráticos en el plano laboral, aprobara en 1985 unas oposiciones de capataz para el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Murcia, donde he permanecido 31 años hasta mi jubilación a finales de 2015. Este empleo me permitió ir adquiriendo la necesaria experiencia y el permanente contacto con la jardinería, especialmente la pública, proporcionándome, a su vez, la estabilidad económica necesaria para poder dedicarme a lo que ha constituido mi mayor pasión durante tantos años y que aún continúa, cual es visitar jardines, viveros y colecciones de plantas, tanto públicas como privadas, registrando con mi cámara fotográfica y en mis archivos abundante información que, posteriormente, es objeto de análisis y de estudio, constituyendo una valiosa documentación para muchos de mis trabajos divulgativos.

¿Piensa que la sociedad en general es consciente de que las plantas aportan salud? ¿Hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión?

De una manera totalmente consciente, son una minoría los que viven esa experiencia o los que entienden los argumentos a favor de la importancia de las plantas para el bienestar humano. De una forma inconsciente, en cambio, y porque está en nuestros genes, creo que deben ser una gran mayoría los que, estando rodeados del verde de un parque o de un bosque, se sienten a gusto y reciben sensaciones de paz, de felicidad y energías positivas. Son fenómenos que ya han sido estudiados y comprobados, especialmente en hospitales, en los que los enfermos internados se recuperaban antes o mejor en aquellas instalaciones sanitarias que se encontraban rodeadas de árboles y zonas verdes, por poner un ejemplo.

Explicar a la sociedad la importancia de lo verde en nuestras vidas, y fomentar el conocimiento, amor y respeto por las plantas, creo que implica, al mismo tiempo, transmitir la necesidad de la figura del jardinero en su sentido más amplio, pues es, en definitiva, el profesional que mejor conoce los usos, requerimientos y cuidados que demandarán esas plantas.

¿Por qué nos atraen las plantas?

Creo que deben ser varias las razones antropológicas que han hecho que nos interesemos por las plantas. La primera, y la más primitiva seguramente, es la relacionada con la alimentación. Al principio, hace varios miles de años, el hombre nómada recolectaba y consumía aquellas plantas comestibles que encontraba en su camino, pero al volverse sedentario y crear asentamientos comenzó a cultivarlas, obteniendo, así, los diversos granos, cereales y verduras que le servían para su alimentación junto con la carne obtenida por la caza. Ese interés, manifestado por el desarrollo de la agricultura, ha ido parejo, desde entonces, con el propio progreso del ser humano. Junto con el interés alimentario de ciertas plantas, el hombre va descubriendo otras que contienen sustancias con propiedades tóxicas, medicinales, etc., y que le son beneficiosas, aumentando poco a poco, de esta manera, la cantidad de plantas que el hombre iba conociendo y cultivando.

Hubo un momento, difícil de precisar por los investigadores, en que el hombre simultaneó el cultivo del huerto de frutas y hortalizas con una finalidad alimenticia, con el cultivo de flores y otras plantas ornamentales con una finalidad puramente contemplativa y de admiración de la belleza, naciendo así, probablemente, los primeros jardines.

Quizás, como antes ya dije, porque lo llevamos en nuestros genes debido a nuestros orígenes, el ser humano se siente mejor rodeado de plantas y de naturaleza, tal como han demostrado numerosos estudios científicos. Esta necesidad se ha hecho mucho más evidente en los tiempos actuales, en que más de la mitad de la población mundial vive concentrada y recluida en ciudades.     

Hablemos de usted. ¿Cuando supo que era jardinero?

Si acudimos al DRAE, jardinero es toda aquella persona que cuida y cultiva un jardín, y creo que ese debe ser, más o menos, el concepto que posee el público en general. A pesar de ser ese el significado estricto de la palabra, dentro de nuestra profesión, en la que a menudo se necesitan conocimientos técnicos constructivos, botánicos, edafológicos, hídricos, climatológicos, agroforestales, hortícolas, viverísticos, de diseño, urbanísticos, etc., hay a quienes les gusta que les llamen jardinero a secas, pero yo prefiero, pues me parece una expresión algo más clarificadora, que me llamen técnico jardinero.

En cualquier caso, no me considero un jardinero al uso, y aunque bien es verdad que durante los 31 años de ejercicio de la profesión he participado en mayor o menor medida en el diseño, ejecución y mantenimiento de jardines y zonas verdes de variadas tipologías, también he participado en temas de gestión, de organización, de producción vegetal y de educación y sensibilización, habiéndome especializado, precisamente, en aspectos divulgativos, como todo el mundo bien sabe y por lo que se me conoce.

Alguna vez he dicho que así como un arquitecto difícilmente podría diseñar sus obras si no conociera la infinidad de materiales de naturaleza pétrea, metálica, plástica o cristalina a su disposición, tampoco el jardinero podría diseñar las suyas si no conociera el mundo vegetal: portes, dimensiones y formas, colores, tonalidades y texturas, disposición, época y duración de las floraciones, crecimiento, capacidad de rebrote, resistencia y rusticidad, belleza y toxicidad de sus frutos y un largo etcétera.

Fue al utilizar los primeros libros de plantas al iniciarme en su conocimiento, cuando comprobé la ausencia en el mercado de habla hispana de buenos libros que trataran sobre las plantas presentes, o las más adecuadas, para la jardinería de las diversas zonas de nuestro país, motivando ello mi gran dedicación al estudio y la correcta identificación del mayor número posible de plantas ornamentales presentes en España, sus usos y características, divulgando posteriormente muchos de esos estudios con la seriedad y el rigor de la botánica, del que hasta ese momento carecían casi todos los libros de jardinería españoles.

Con la pandemia ha habido muchos cambios. ¿En qué cree que ha afectado a los jardines?

Creo que en nada en realidad, si no es en evidenciar aún más la utilidad y necesidad de los espacios verdes (ahora llamadas infraestructuras verdes) como lugares de esparcimiento indispensables para los habitantes de las ciudades. Los primeros días, tras el obligado confinamiento por el estado de alarma, pudimos ver como los paseos, los parques y los espacios abiertos ajardinados eran los más empleados por los ciudadanos para sus paseos o actividades físico-deportivas. La sociedad sabe que la existencia de esas zonas verdes y del arbolado urbano, significan salud y aire más limpio, demandando, por ello, la proliferación de estos espacios y la plantación de árboles.

De pronto hay personas que quieren abandonar las ciudades y vivir en el campo, en los pueblos. ¿Abandonar las grandes ciudades es la solución?

Actualmente, a la vista de los numerosos problemas existentes en nuestras ciudades y del aumento de la insalubridad de las mismas, hemos vuelto la vista hacia el campo y los pueblos, algunos muy despoblados, por cierto. La existencia del teletrabajo, fomentado por el desarrollo de las comunicaciones inalámbricas, y que ha supuesto una solución para muchos trabajos en estos tiempos de pandemia, abre la puerta a esa posibilidad de vivir en el campo, aunque se tenga el trabajo en la ciudad. Vivir en el campo, en pequeñas poblaciones rurales, no implica que se tenga que subsistir solamente de la agricultura, ya que existen muchas otras actividades para pymes y autónomos que pueden perfectamente ser llevadas a cabo en los pueblos. A ello ayuda, además del desarrollo de las comunicaciones antes mencionado, la existencia actual de una red de buenas carreteras y autovías interconectando casi todas las capitales españolas. Por tanto, creemos que hay que reequilibrar en lo posible aquellos masivos movimientos poblacionales del campo a la ciudad, llevados a cabo en tiempos pasados buscando aquellas oportunidades laborales inexistentes en las zonas rurales, con movimientos en sentido contrario, de la ciudad al campo, buscando ahora una tranquilidad y una mayor calidad de vida, lejos del ajetreo y la polución de nuestras ciudades.

José Elías dijo que para que haya buenos jardines hacen falta buenos jardineros. ¿Qué pasa con la formación en Jardinería?

Si Pepe Elías, que es amigo y nos conocemos desde hace muchos años, dijo eso, dijo algo muy evidente con lo que estoy totalmente de acuerdo. Hace años existían escuelas de jardinería en varias capitales españolas, escuelas-talleres municipales, planes de garantía juveniles, cursos del INEM, cursos en centros integrados de formación y experiencias agrarias (CIFEA), etc., donde era habitual la impartición de cursos y enseñanzas, a varios niveles en cuanto al contenido y la duración, relacionadas con la jardinería. La jardinería era entonces una salida profesional muy bien vista y demandada, pero las cosas han ido cambiando para mal con el paso de los años. La creciente externalización del trabajo en los Servicios de Parques y Jardines Municipales, la también creciente competitividad entre las empresas por quedarse con las contratas de mantenimiento de los ayuntamientos y en reducir costes, las crisis económicas que han obligado a serios recortes presupuestarios a las administraciones, etc., todo ello ha desembocado en que actualmente, salvo excepciones que siempre las hay, se demandan pocos jardineros que conozcan bien el oficio, que han sido sustituidos por peones sin cualificar, con contratos breves o precarios, por los que recibirán, casi con seguridad, salarios más bajos. En consecuencia, y como no podía ser de otra manera, la calidad de nuestros jardines desciende a la par que su mantenimiento es cada día más deficiente por falta de personal y por la baja formación jardinera. Estamos en un periodo de crisis en casi todo, y la jardinería no está exenta. Fuente: AMJA

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