Entrevista con Mar Verdejo Coto, ingeniera técnica agrícola, especialista en jardinería y paisajismo

Mar Verdejo Coto es columnista semanal en La Voz de Almería «Jardín del Mar» y colaboradora en el programa de radio «El Bosque Habitado» de RNE3. Ha realizado numerosas publicaciones científicas, escrito artículos en revistas nacionales e internacionales, participado en Congresos, miembro de jurado, editora de la revista Parjap, de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, coordinadora de “Cuadernos de Arquitectura del Paisaje” y coautora en libros especializados de Cine en la Provincia de Almería.
Ha publicado relatos y poemas en antologías. Es participante activa de recitales de poesía y de proyectos de Artes Visuales. Miembro del Instituto de Estudios Almerienses en el Departamento de Arte y Literatura. Mar Verdejo es, además y sobre todo, una jardinera poetisa, marina y almeriense.

¿Por qué es usted Jardinera?

Cuando me preguntan: “¿Tú qué eres?” Con humildad digo: “Soy jardinera”. Y mi imaginación de inmediato viaja al siglo XI, junto al almeriense Ibn Luyun cuando la jardinería era ciencia, filosofía y poesía. Y allí, en el jardín de la alberca de La Alcazaba, le pregunto qué secretos atesora, pidiéndole ser su alumna para aprender, entre las áridas montañas, el oficio más antiguo de la humanidad.

Los jardineros sabemos de idiomas no hablados, de señales que no se perciben con los sentidos y que son imperceptibles para los que no están conectados con la naturaleza.  Atesoramos el oficio que conoce el secreto de la vida y cuando se les enseña hay que prepararlos para sufrir, porque el que ama: sufre. Sufrirán cuando ven cómo se contamina la tierra en la siembra, cómo se esquilma la biodiversidad por la avaricia; llorarán por el agua derrochada y sentirán como agonizan los árboles cuando se les mutila. Aún así nos sentimos dichosos porque, al contrario que una construcción, el jardín nunca se termina. Las plantas, hongos, animales y microorganismos que en él habitan, no entienden del final de una obra. En el jardín vamos haciendo crecer nuestras raíces, sintiendo, observando, pensando, conociendo, decidiendo y actuando hasta convertir al jardín en un refugio de la vida adversa que nos rodea.

Cuando enfermamos vamos al médico.  ¿Piensa que la sociedad en general es consciente de que las plantas aportan salud? ¿Hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión?

A lo largo de la historia, no sólo hemos sabido que las plantas aportan salud, sino que las plantas nos curan, nos sanan, nos hacen sentir bien. La infancia lo sabe. Nos tendríamos que plantear ¿por qué en la edad adulta cuando tenemos la capacidad de tomar decisiones olvidamos la importancia de la naturaleza? ¿Cómo olvidamos que sin árboles no hay vida? Tenemos una memoria suicida.

En nuestra profesión hay mucho intrusismo. Los trabajos de jardinería, y en particular en la arboricultura, vienen heredados de los trabajos agrarios y forestales y a pesar de que tenemos tradición jardinera es sólo en el ámbito doméstico. Creo que no hemos sabido transmitir la importancia de la profesión para el bienestar, para los ecosistemas y por tanto para la vida. 

Deberíamos observar nuestras ciudades y ver qué tipo de trabajo se valora más. No se valora a una persona cualificada para podar un arbolado urbano, para preparar un suelo o mejorarlo, o incluso para saber cuándo está controlada una plaga o enfermedad. Tampoco a los especialistas en riego y así ocurre con todos los trabajos que requieren especialización. Los jardineros trabajamos con seres vivos, no con materiales inertes y sin embargo valoramos más las construcciones que el hecho de mantener la vida en condiciones óptimas.

¿Por qué nos atraen las plantas?

No sólo nos atraen, son imprescindibles para la supervivencia del planeta: regulan la temperatura y la humedad ambiental, nos dan oxígeno, mantienen la salud de los ecosistemas, son alimento, nos proveen de materiales para dar energía, cobijo, tejidos, medicinas, etc. Son la base de la cadena alimenticia del resto de seres vivos.

Antes de ser Homo sapiens, ya teníamos una estrecha relación con las plantas y aunque podamos pensar que nosotros, el ser humano, las utilizamos, quizás sean ellas las que nos utilicen. Stephano Mancuso nos da las claves para ello y por esto hay que reflexionar: aunque hayamos ido a la Luna, aún no hemos sido capaces de imitarlas con las fotosíntesis.

Le hemos dado significado en el devenir de nuestras vidas: echar raíces, savia nueva, estamos muy verdes, árbol genealógico, etc. Incluso en nuestra memoria colectiva hay un  lenguaje de las flores que estamos olvidando. Una simbología, un sentimiento, un mensaje por ejemplo para expresar un amor secreto, esperanza, alegría, inocencia, agradecimiento, etc.

Si atraen a los insectos ¿por qué no nos van a atraer a nosotros con todo su complejo lenguaje bioquímico de seducción?

Hablemos de usted. ¿Cuándo supo que era Jardinera?

En la infancia, jugar con las manos en la tierra, era uno de mis juegos favoritos, también observar durante mucho tiempo las hormigas hacia la entrada del hormiguero. En la adolescencia pasaba más tiempo con la mochila puesta en el campo, con el grupo scout, que en la ciudad y en la Universidad ya no tuve escapatoria. Todas las asignaturas relacionadas con la vida eran mis favoritas y en un momento dado, cuando tuve que tomar la decisión sobre si ejercer de Ingeniera en la horticultura intensiva o ser jardinera en el Ministerio de Defensa, decidí sin dudar ser jardinera y aprender el oficio con tijeras de podar en mano. No he dejado de formarme ni un día, he estado en proceso continuo de aprendizaje Éste es un oficio y profesión muy exigente y requiere estar a la vanguardia de los conocimientos y técnicas que se aplican y que podemos aplicar, además del ingrediente mágico: el amor a la profesión.

Con la pandemia ha habido muchos cambios. ¿En qué cree que ha afectado a los jardines?

Cuando empezó la pandemia no sabíamos nada de ella y se cerraban los parques y jardines. Ahora sabemos que el virus se transmite por aerosoles y aún así seguimos cerrando los parques y jardines y llegado a este momento creo que no hemos aprendido nada. No hemos hecho muchos cambios para afrontar esta pandemia y las que vendrán. La salud del planeta no está bien y esto es otro de sus auxilios, junto al cambio climático. ¿Qué retrato ha dejado el virus de nuestra ciudad? ¿Estamos dispuestos a cambiar nuestro estilo de vida? ¿Y a cambiar las ciudades?

Las ciudades han demostrado que son débiles ante una crisis sanitaria, social y ecológica. No son ciudades que sirvan para habitar y tenemos que asumir que es nuestra responsabilidad.

Hemos producido una pérdida drástica de biodiversidad  y quizás aprendimos, pero en cuestión de días olvidamos, que cuando no ejercemos presión sobre la naturaleza, ella reconquista lo que le hemos arrebatado.

La infraestructura verde va a ser imprescindible para habitar las ciudades del siglo XXI y otra vez nuestras queridas plantas regresarán para darnos reiteradamente la vida y la calidad en la misma, pero nuestra relación con ellas necesita un cambio de paradigma jardinero.

De pronto hay personas que quieren abandonar las ciudades y vivir en el campo, en los pueblos. ¿Abandonar las grandes ciudades es la solución?

La solución no está en esta dicotomía, cada persona tendrá que buscar su lugar. Lo que está claro es que tenemos que aprender de esta pandemia. Tenemos que hacer un cambio radical en nuestra forma de vivir y cambiar también nuestras ciudades intentando conectar de nuevo con la naturaleza.

El planeta tiene los recursos finitos y estamos en un momento muy delicado para la supervivencia, debemos de evitar un colapso por la falta de recursos y trabajar para minimizar el cambio climático.

José Elías dijo que para que haya buenos jardines hacen falta buenos jardineros. ¿Qué pasa con la formación en Jardinería?

Hacen falta Escuelas de Jardinería Municipales continúas y homologadas donde siempre se estén formando las nuevas generaciones y las actuales y en ellas hacer lo más importante, sembrar y cultivar el amor a esta profesión que es ancestral. Fuente: AMJA

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