Entrevista con la paisajista Mónica Magister Leskovic

En sus diseños nada es casual y todo tiene una razón muy meditada. Piensa que “el respeto a las plantas debería estar en los colegios y formar parte de nuestra cultura y educación”.

Se formó e inició sus primeros trabajos en Madrid como diseñadora de jardines en la restauración del Jardín Histórico El Capricho. Continuó en Valladolid realizando jardines públicos y privados, pero la Expo 92, en donde formó parte del Equipo de Proyectos, la trajo a Sevilla. Estudió y difundió a fondo la Xerojardinería aplicándola en sus propios diseños y marcando el estilo de su carrera profesional y en 2008 crea el Estudio de Paisajismo Xeriland con el propósito de impulsar un concepto de paisajismo más original, vanguardista y a la vez, más sostenible.

Es muy creativa, innovadora y una trabajadora incansable. En sus diseños nada es casual y todo tiene una razón muy meditada. La meticulosidad y profesionalidad hacen de sus proyectos un valor seguro porque estudia con minuciosidad todos los elementos que participan en la evolución del jardín creando espacios singulares con carácter propio.

¿Por qué es usted Jardinera?

Me gustan los retos, y conseguir el orden partiendo del desorden me hace pensar y crear, y para mí, estar en ese estado de creatividad, reformando o diseñando un paisaje, jardín, ático, terraza o cualquier otro espacio que precise de plasmar nuevas ideas con acompañamiento de vegetación, conformarlo en armonía, intuir lo que te pide el lugar, me supone un reto. Es una de las fases que más nerviosismo me crea, pero también es una de las fases en las que más disfruto. La otra, cuando acabas la obra con la satisfacción primero de los profesionales involucrados que vislumbran lo diseñado y luego del cliente que ve satisfecha su necesidad. Hacer realidad el diseño y ver cómo va variando el jardín año tras año y tomando el carácter que pensamos para él, es una buena carga de adrenalina.

Pienso que un paisajista siempre debería ser también jardinero porque a la hora de diseñar debes tener en cuenta cualquier mínimo detalle que facilite el mantenimiento a las personas que vayan a cuidar ese jardín para que se logre su máximo esplendor.

Se aprende con cada proyecto, con cada diseño, con cada planta y cuanto mas avanzas, más queda por aprender, pero como decía al principio, es un reto que me apasiona.

Cuando enfermamos vamos al médico.  ¿Piensa que la sociedad en general es consciente de que las plantas aportan salud? ¿Hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión?

Pienso que hay una parte de la población que sí es consciente de que la naturaleza aporta salud y que el estar en contacto con ésta y rodearte de belleza y gratitud te va a dar vida y salud. Y hay otra parte que aún le queda el paso para integrarla plenamente en su vida. Cuidar de las plantas, desde una maceta a un jardín, huerto, paisaje… supone una toma de conciencia, un esfuerzo y un riesgo que hay que asumir y no todo el mundo es capaz de enfrentarse a ello. Pero creo que es importante animarse y arriesgarse, ya que produce más beneficios que perjuicio.

Con respecto a si hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión, creo que lo estamos haciendo en cada proyecto en el que nos involucramos, y no es fácil, porque como me dijo una vez un cliente queriendo entender nuestro trabajo, lo que nos diferencia de un arquitecto o un interiorista es que, “trabajamos con visión de futuro”.

Cuando diseñamos un jardín debemos tener en cuenta cual va a ser el fin y el desarrollo de cada planta que utilicemos, de cada material, del trazado… Aun así, hay mucho camino por recorrer y muchas asociaciones como la Asociación Española de Paisajistas y AMJA entre otras, que lo están intentando desde hace mucho tiempo cada una a su manera.

Pero también pienso que esa concienciación debe comenzar a la par desde el entorno familiar y de los colegios desde niños. Debería formar parte de nuestra cultura y de nuestra educación el respeto por las plantas, y se empieza por el embellecimiento y cuidado de las zonas verdes de nuestros colegios, centros de estudio y ciudades. Tendría que formar parte de nuestra educación el que nos sorprendiese más ver una zona verde mal cuidada y no al revés.

¿Por qué nos atraen las plantas?

Las plantas están en continuo cambio, crecimiento, floración, cambio de hoja, …Satisfacen necesidades vitales para el ser humano como alimentación, supervivencia… Y reaccionan fácilmente al cuidado que se les pueda dar.                                                  

Hablemos de usted. ¿Cuándo supo que era jardinera?

Mis padres eran eslovenos y en ese país la pasión y el respeto por la naturaleza se enseña y se disfruta desde niños. Además, mi padre fue Ingeniero Agrónomo y experto en Erosión y Conservación de Suelos.  Siempre nos inculcó su pasión por la naturaleza. Íbamos los fines de semana a El Pardo o a la Sierra de Madrid a hacer excursiones, nos enseñaba a hacer pequeñas norias con palos en los riachuelos, y mi madre nos hacía coronas de margaritas.

El proyecto Fin de Carrera fue el diseño de un Parque recreativo en Torremocha del Jarama de Madrid, y mi primer trabajo formar parte del equipo pluridisciplinar con ingenieros, arquitectos, biólogos, historiadores e incluso jardineros, para estudiar y restaurar el Jardín Histórico El Capricho en Madrid que se encontraba en un estado de total abandono.

He tenido grandes maestros, entre otros, Carmen Añón que fue nuestra directora en El Capricho, donde me introdujo en el apasionante mundo de la restauración de jardines históricos, Andrés Sabadell que fue Jefe de Parques y Jardines en mi etapa con la jardinería pública y privada en Valladolid y Alberto García Camarasa en mi etapa en la Expo del 92, al que siempre admiraré por su especial pasión por las plantas. En 2008 ya cree mi propio estudio Xeriland, cuando empezaba a hablarse de xerojardines o jardines eficientes en agua.

Con la pandemia ha habido muchos cambios. ¿En qué cree que ha afectado a los jardines?

En cuanto al espacio privado de cada persona, creo que el hecho de tener que estar confinados en los primeros meses de primavera, nos ha hecho echar de menos conectar con la explosión de la naturaleza de esos meses, valorar lo que tenemos en nuestras viviendas e intentar reorganizarlas y mejorarlas para disfrutar más de nuestro propio espacio.

Hemos escuchado en este confinamiento el silencio y como desde ese silencio se hacía destacar el sonido de la naturaleza viva, los pájaros…Mucha gente quería seguir con un poco de ese estado en el que nos permitía conectar de nuevo con nuestro yo interior, disfrutar de las pequeñas cosas de nuestro alrededor y no llevar un ritmo tan acelerado en la vida diaria. Esto ha hecho que haya aumentado la necesidad de reformar patios, terrazas o áticos, pequeños espacios, pero vitales para llevar mejor esta realidad actual.

En cuanto a las zonas verdes seguimos con mucho déficit de concienciación de la necesidad de ese bienestar para la población. Sé que son tiempos difíciles y hay muchas incógnitas difíciles de resolver. No entro si es necesario o no cerrar los parques y zonas verdes, pero ahora más que nunca es importante que no se abandone su mantenimiento. La gente necesita ver y disfrutar de la naturaleza que hay más allá del cemento, es una cuestión de bienestar y de mantener una mente más sana y positiva. Es, además, más costoso volver a rehacer todo lo perdido que mantener una zona verde de continuo.

De pronto hay personas que quieren abandonar las ciudades y vivir en el campo, en los pueblos. ¿Abandonar las grandes ciudades es la solución?

Pienso que cada uno debe elegir el lugar donde se encuentre más cómodo para vivir. Hay personas que les gusta vivir en plena naturaleza y hay personas que disfrutan de vivir en plena ciudad.

Pero sí veo fundamental llenar las ciudades y los municipios de parques y corredores verdes donde la gente pueda disfrutar de los beneficios de la naturaleza plena sin tener que desplazarse excesivamente. Son el pulmón de las ciudades. Tenemos claros ejemplos en muchas ciudades que funcionan muy bien.

José Elías dijo que para que haya buenos jardines hacen falta buenos jardineros. ¿Qué pasa con la formación en Jardinería?

Apoyo completamente la afirmación de José Elías, y no sólo eso, hay que ser bueno y ser apasionado. Se detecta perfectamente un jardín mantenido por un jardinero que le apasiona su profesión y que sabe “dominar y sacar la mayor expresión de ese jardín”.

El éxito de un jardín depende de la labor conjunta de un buen equipo de profesionales y entre ellos una parte fundamental son también los jardineros. Sevilla tenía una estupenda Escuela de Jardinería “Joaquín Romero Murube”. Esperemos que pronto sea realidad de nuevo.

Y como recalcaba en un apartado anterior, si hubiera más educación desde la infancia y desde los colegios, seguro que aparecían más apasionados a la jardinería. Es una profesión que no se debería perder, sino al contrario, fomentar más con más Escuelas de Jardinería. Fuente: AEFA

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