Entrevista con María Soler, ingeniero Técnico Agrícola y presidenta de Plan Ve

La Expo 92 fue su escuela y conoce bien los entresijos de la gestión y formación en Jardinería. María Soler García es constante, capaz y con visión de futuro, pero sobre todo es jardinera. fue canaria hasta los catorce años, pero ya es sevillana porque en Sevilla ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional y además desde el mismísimo parque de María Luisa.

Dirige “Plan Ve con ve de Verde”, desde donde desarrolla interesantes proyectos de gestión y formación y forma parte de la Junta Directiva de la Asociación Española de Arboricultura.

Participó en la Expo 92 de Sevilla y en la Expo 98 de Lisboa desarrollando numerosos trabajos de creación y conservación de jardines y durante años estuvo como profesora en la Escuela de Jardinería Joaquín Romero Murube: “Sevilla durante 14 años tuvo una magnifica Escuela de jardinería. Han transcurrido 6 años ya desde su desaparición y, a pesar del empeño que estamos poniendo, parece difícil que pueda reabrirse”.

¿Por qué es usted Jardinera?

Desde pequeña siempre me gustó la naturaleza y cuando llegó el momento de estudiar una carrera tuve claro que quería estudiar algo relacionado con el campo o los animales. En aquella época, en la Universidad de Sevilla, la única especialidad que existía en Ingeniería Agrícola era Explotaciones Agropecuarias; pero el destino me llevó desde el inicio por el mundo de la jardinería. Terminando la carrera, estuve unos meses de ayudante/peón en los viveros que se estaban montando para la Expo’92 y ahí descubrí que, trabajando con plantas, me sentía la mujer más feliz del mundo; ese fue el pistoletazo de salida. Desde entonces, y estamos hablando del año 1.987 aproximadamente, he tenido la suerte de ir realizándome profesionalmente en los campos de la jardinería y la arboricultura.

Actualmente, desde Plan Ve, puedo desarrollar todo el aprendizaje anterior realizando proyectos, asistencias técnicas y  formación específica en materia de arboricultura y paisajismo.

Cuando enfermamos vamos al médico.  ¿Piensa que la sociedad en general es consciente de que las plantas aportan salud? ¿Hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión?

Por desgracia a menudo no somos conscientes de lo que necesitamos hasta que no nos falta. En ocasiones, nos cuesta disfrutar de las cosas “ordinarias” que nos rodean. Pienso que esta pandemia está haciendo que muchas personas aprendan a VER la naturaleza más cercana; antes miraban y no veían, por eso no lo podían valorar. Yo he sido la envidia de muchos vecinos porque en mis 4 m² de terraza tengo una selva que me aporta paz, salud, oxígeno, pájaros, salamanquesas, flores, etc. Y por qué no, también mosquitos, avispas, humedades…

Creo que cuando entendamos como sociedad que la jardinería no es solo algo ornamental, sino realmente una necesidad y que la naturaleza urbana tiene que formar parte de nuestras vidas, empezará de verdad el cambio de paradigma y avanzaremos como colectividad. Nuestra profesión no está valorada precisamente porque no se le da al verde la importancia que tiene y desafortunadamente falta mucha profesionalización en nuestro sector.

¿Por qué nos atraen las plantas?

Está claro que nuestro ADN está marcado por las plantas como parte de la evolución del ser humano, pero es cierto que cada uno frente a la naturaleza vive distintas realidades. Creo que nuestra atracción por las plantas viene de una necesidad neuronal de sentir verde cerca; y por otro lado creo que es algo sensorial difícil de explicar con palabras. Durante mis años como profesora de jardinería he visto muchos alumnos que han llegado a estudiar de rebote, sin vocación definida, porque sus padres los han obligado… y al final han acabado entusiasmados con la jardinería y con verdadera vocación.

Hablemos de usted. ¿Cuándo supo que era Jardinera?

Mi trayectoria profesional me ha permitido trabajar en muchos campos, aunque desde el inicio de mi carrera he sentido que era jardinera. Ya de pequeña era la ayudante de mi abuelo en el huerto y además durante muchos años he sido afortunada por tener casa con jardín y ejercer de jardinera los fines de semana.

Cuando comencé a trabajar en los viveros y después en la escuela taller de la Expo’92 de Sevilla, entendí que, además de sentirme jardinera, quería enseñar a los demás a serlo.

En mi trabajo como jefe de obra en la empresa Riegosur pude realizar muchas y grandes obras, tanto en la Expo’92 de Sevilla como en la Expo’98 de Lisboa, además de realizar y ejecutar proyectos muy interesantes con diferentes administraciones y organismos públicos, como una obra espectacular en el jardín Botánico Histórico La Concepción. Durante ese periodo, tuve la suerte de trabajar con personas como Alberto García Camarasa y José Antonio del Cañizo, que han sido un gran ejemplo para mí. Como ellos, hoy siento la jardinería y la arboricultura corriendo por mis venas.

Con el nacimiento de mi primer hijo mi vida laboral cambió y durante 14 años ejercí de profesora titular en la Escuela de Jardinería Joaquín Romero Murube, centro que fue referente a nivel nacional de formación en jardinería, paisajismo y arboricultura. Allí pude transmitir mi vocación y pude enseñar a muchos alumnos desde la experiencia de mis trabajos anteriores. La formación profesional debe dar una visión real del trabajo y debe preparar a los alumnos a enfrentarse al mundo laboral con plenas capacidades y competencias.  En mi etapa como profesora, he intentado inculcar esta vocación a todos los alumnos a los que he dado clase y creo que en muchos casos lo he conseguido.

En la actualidad continúo desarrollando mi vocación de jardinera y arborista desde la cooperativa Plan Ve con Ve de verde, que fundamos 4 compañeras de la escuela porque no queríamos que se perdiera todo lo conseguido durante años en formación de calidad.

Con la pandemia ha habido muchos cambios. ¿En qué cree que ha afectado a los jardines?

Quizá haya sido lo único positivo que ha tenido la pandemia. Hemos dejado a los jardines respirar y hemos podido ver cómo las plantas se hacían dueñas del asfalto, de los pavimentos, de los parques, etc. La verdad, si queremos que nuestra forma de vida sea más respetuosa con el medio ambiente y más sostenible, tenemos que dejar de pensar en los jardines como algo meramente ornamental y accesorio: todos bien recortados, tratados con productos fitosanitarios y muy podados. Espero que esta situación que estamos sufriendo sirva para que muchas personas caigan en la cuenta de que tenemos los sentidos electrificados con tanta tecnología y que los jardines y la ciudad naturalizada sirven de bálsamo curativo y mejora el estado de ánimo.

De pronto hay personas que quieren abandonar las ciudades y vivir en el campo, en los pueblos. ¿Abandonar las grandes ciudades es la solución?

Es cierto que el confinamiento que hemos vivido nos ha hecho ver otra realidad. También es cierto que el trabajo se concentra cada vez más en las ciudades y que la economía determina nuestra forma de vida.Pero tengo clarísimo que la solución pasa por educar a los niños desde el colegio y concienciar a la sociedad en general.

La ciudad también debe ser naturaleza, pero para ello es necesario trabajar con equipos multidisciplinares: arquitectos, ingenieros, urbanistas, deben ir de la mano de los paisajistas y diseñadores de jardines. Mientras esto no cambie, vamos mal. Los jardineros deben ser verdaderos profesionales y tienen que tener formación y así debe exigirse por la sociedad y desde la administración. Cuando los ciudadanos dejen de ver las hojas y flores del suelo como basura y valoren que tener un árbol delante de casa es un tesoro, estaremos en el buen camino.

José Elías dijo que para que haya buenos jardines hacen falta buenos jardineros. ¿Qué pasa con la formación en Jardinería?

Claramente, es una de las asignaturas pendientes y por añadidura existe poca oferta formativa de calidad. Cuántos supuestos jardineros se dedican a podar arbustos y no conocen ni el nombre de la especie. Cuando paso por un parque o un pueblo con demasiados árboles o arbustos recortados en forma de “bolitas”, tengo claro que no hay trabajando ningún jardinero, como mucho alguien habilidoso con la cortasetos.

Por un lado, ni la administración ni las empresas exigen profesionales bien formados, y tampoco los valoran ni les pagan como correspondería; por otro, es difícil formarse adecuadamente porque hay pocos centros que impartan ciclos formativos o certificados de profesionalidad.

Sevilla durante 14 años tuvo una magnifica escuela de jardinería, Joaquín Romero Murube. Han transcurrido 6 años ya desde su desaparición y, a pesar del empeño que estamos poniendo, parece difícil que pueda reabrirse. Todavía llaman empresas para interesarse por antiguos alumnos formados en esta escuela para ofrecerles trabajo.  

Desde nuestra cooperativa, Plan Ve, al igual que AMJA, promovemos la formación de calidad y esperamos dejar nuestro granito de arena en la profesionalización del sector, que tanta falta hace. Y como decía Pepe Elías, me sumo a su comentario: ¡Necesitamos escuelas públicas en formación profesional para nuestros jardineros!

Fuente: AMJA

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