Entrevista a Inmaculada Gascón López, jefe de Parques y Jardines de Palma de Mallorca

Inma Gascón conoce bien la complejidad del verde porque lo ha visto desde muchos prismas: empresa privada, formación como ingeniero agrónomo y responsable de Parques y Jardines de Palma de Mallorca.

Su compromiso va más allá y así lo expresa en su Blog Naturaleza Urbana en Sociedad, un canal de comunicación en el que divulga aspectos de la gestión del verde en un lenguaje comprensible y atractivo para interesados e «intolerantes a la naturaleza urbana».

Se bandea cada día entre la discordia de los que aman las plantas, a veces con vehemencia, y los que las detestan. Sin embargo, es constante y tiene esperanza porque las plantas nos enseñan a “lentear” y la pandemia nos hace cambiar las malas hierbas por las “guapas del asfalto”.

¿Por qué es usted Jardinera?

Soy Jardinera porque pertenezco a un equipo importante de profesionales que los son y lidero este equipo. Trabajo en jardinería pública desde hace más de 20 años, en la actualidad soy responsable del Servicio de Parques y Jardines. Con anterioridad trabajé en la dirección técnica de una de las empresas encargadas en la conservación. En aquella época acometí algunas reformas de jardines privados. Durante unos años formé a Ingenieros en esta disciplina dando clases de Tecnología de la Jardinería en la Universidad de les Illes Balears.

Haber sido «cocinero antes que fraile», es decir, haber conocido la conservación desde fuera de la administración y ser después responsable municipal te aporta una perspectiva muy atractiva. Así, haber trabajado durante años con una parte del personal que lleva los jardines de la ciudad hace que sienta los jardineros y arbolistas próximos y relevantes en el éxito/fracaso del proyecto.

Cuando enfermamos vamos al médico.  ¿Piensa que la sociedad en general es consciente de que las plantas aportan salud? ¿Hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión?

Pese a que dependemos de ellas, y las necesitamos, creo que la sociedad en general no es consciente de que las plantas aportan salud. De hecho, nosotros mismos, en nuestra formación no hemos sido conscientes de ello y no hemos sido preparados para comunicarlo. Durante años la sociedad urbana ha percibido los jardines y espacios verdes como ornato o espacios destinados a la contemplación. Poco a poco el modelo se ha ido transformando incorporando otras funcionalidades como espacios de juego y de encuentro, y es solo recientemente cuando empiezan a existir ligeras corrientes de ciudadanos concienciados que demandan verde ateniendo también a estos beneficios.

Creo que no, no hemos sabido explicar a la sociedad nuestra profesión y si hablamos de lo público, salvo Barcelona y Vitoria, seguimos sin comunicar bien a la sociedad la importancia del verde.

Muchos de los profesionales que gestionamos parques y jardines, nos hemos centrado en desarrollar nuestro trabajo para acometer de forma adecuada (no siempre conseguido), la conservación y transformación de los espacios, pero en la dinámica de funcionamiento de los ayuntamientos no se han ido incorporando herramientas de comunicación en el Verde. Nosotros, que no hemos recibido formación en ello, muchas veces no sabemos cómo hacerlo. El salto al mundo de redes sociales, colectivos ciudadanos y plataformas en general nos asusta y los técnicos tendemos a evitarlo.

Existe además otro aspecto que nos juega a la contra y es que de jardinería sabe todo el mundo. Por proximidad de lo que su padre hacía en su casa, por ser “leídos”, por tener un huerto en su casa, o amante de las plantas, en general se llama a Parques, cuestionando nuestras actuaciones y muchas veces sin estar dispuestos a escuchar nuestras argumentaciones.

De un tiempo a esta parte se ha deteriorado el respeto a la función pública y sus empleados. Vivimos en una sociedad que ha roto el diálogo, solo se respetan los argumentos coincidentes con los tuyos, el ambiente de crispación se destila por todo y también cala sobre el verde.

El verde forma parte de nuestro emocionario más primario. Últimamente estamos detectando una polarización importante en las sensibilidades en torno al verde; los hay “apasionados del verde”, incluso conscientes de la necesidad (y en ocasiones vehementes en sus demandas), y los hay “intolerantes a la naturaleza”, que no soportan los diservicios como las flores en el suelo o las hojas, incluso la existencia del propio árbol. Navegar entre ambos mares es una labor que te distrae de otras cuestiones importantes (como pensar a futuro) y te consume tiempo y energía.

Resulta del todo necesario dar un giro al modelo de atender ciertas cuestiones del verde, para mejorar servicio al ciudadano y al propio verde, y la comunicación y el diálogo resulta un aspecto clave en todo ello.

¿Por qué nos atraen las plantas?

Porque forman parte de nuestra esencia más primaria. Porque son impermanentes, nos enseñan el lentear y nos recuerdan que somos intrascendentes; tienen sus propios tiempos, distintos a los nuestros, y cuando forman parte de un paisaje, nos regalan sus cambios estacionales.  Al vivir en unos tiempos más lentos, nos dicen que somos eventuales, nos colocan en lo que realmente somos como parte de la Blogosfera.

Hablemos de usted. ¿Cuando supo que era jardinera?

Cuando terminé mis estudios de Ingeniería me quería dedicar a la agricultura ecológica. Mi aspecto, mi edad, y mi origen “forastera” en Mallorca no me permitió encajar en ese mundo y encontré mi sitio primero en una empresa de producción de planta ornamental y luego en una empresa de servicios implantada en la isla. Apasionada con el verde y con la oportunidad, me conquistó la vertiente amable de la jardinería. Si me voy atrás, aun siendo de Valencia “capital”, como decimos allí, mi madre y mis abuelos nos daban un botijo, una azada pequeña y un sombrero de paja para bajar a la huerta del “Barranco Galve” en los veranos de Cascante del Río y esto contribuyó seguro a esta pasión.

Con la pandemia ha habido muchos cambios. ¿En qué cree que ha afectado a los jardines?

La introspección vivida en los tres meses de confinamiento, por parte de los que no salimos y quedamos en casa al cuidado de hijos, teletrabajando o en el peor de los casos, sin trabajo, pero también la introspección de los que salían a trabajar y descubrían una ciudad vacía, nos colocó en una dimensión espacio-temporal distinta, y nos hizo ver muchas cosas invisibles en los tiempos modernos de prisas y de rutinas. Salir luego de forma progresiva, y hacerlo al comienzo tímidamente en los lugares de proximidad, hizo que nos detuviéramos a pensar en la vivienda en la que residimos, y en la calidad y cantidad de los espacios verdes de proximidad que encontramos en torno a nuestra casa. Los 5 minutos, el km en el que se mueven las personas mayores y los padres con niños pequeños que se desplazan caminando, nos ha emplazado en lo que deseamos y nos gustaría en nuestro entorno de proximidad. Ha afectado en la forma que tenemos de valorar los jardines de proximidad.

Pero también, la suspensión de ciertos trabajos que tuvieron que quedar aplazados, por no ser considerados cuestiones esenciales, puso en evidencia una manera distinta de percibir el verde no intervenido en una primavera lluviosa. Vimos cosas que no veíamos, en parte porque estábamos más receptivos, y nos planteamos cuestiones que no habían surgido antes como los jardines no intervenidos, especialmente en lo relativo a alcorques y praderas. De malas hierbas a simplemente hierbas, o “las guapas del asfalto”. El cambio de perspectiva de algunos, nos da la oportunidad de incorporar nuevas estrategias de conservación.

De pronto hay personas que quieren abandonar las ciudades y vivir en el campo, en los pueblos. ¿Abandonar las grandes ciudades es la solución?

Una de las películas más maravillosas que he visto es Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain. Me pirra el protagonista, un Federipo Luppi muy metido en el papel, interpreta un idealista convencido y su arraigo por un lugar agrícola y su gente, y la hostilidad que se le retorna por diversos motivos.

Lo rural no es idílico, y no siempre es posible conciliar profesiones que te permitan alejarte de las ciudades. Lo rural se ha deshabitado y cuesta asumir la pérdida de confort en la asistencia sanitaria o en el acceso a la educación de los hijos en edades escolares, entre otras cuestiones. Los urbanitas somos comodones y todas esas carencias las acusamos. En la ciudad o en el campo, tienes que encontrar tu sitio y disfrutarlo. Necesitamos ciudades y pueblos habitables y habitados. Y en ambos planos queda mucho camino por recorrer.

José Elías dijo que para que haya buenos jardines hacen falta buenos jardineros. ¿Qué pasa con la formación en Jardinería?

Para que haya buenos jardines tiene que haber buenos jardineros, sabia afirmación de quien para muchos es todo un referente. La formación de calidad es clave en el desarrollo de buenos jardineros. Pero hay más, aun con una buena formación, las empresas y Ayuntamientos deben incorporar dinámicas de mejora continua e incentivar y promover la ejecución de las técnicas aprendidas. De nada sirve un buen aprendizaje si tras este regresas a las rutinas de siempre y no se prospera en los jardines sobre lo aprendido.

La jardinería exige una formación en continuo y los pliegos de conservaciones deberían incorporar dinámicas formativas y procedimientos para su implementación en los jardines. Con mejores jardineros, tendremos seguro mejores jardines, ¿Te imaginas?

Fuente: AMJA

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