En el término medio está la virtud

Producir más con menos y ser conscientes de que los recursos naturales son limitados. Este es el objetivo de la agricultura sostenible y, sobre todo, el reto que tenemos por delante. Hoy en día, la demanda de productos sostenibles, asociada a la preocupación por el entorno y la lucha contra el cambio climático, es una tendencia al alza en nuestro país. El 73% de los españoles hacen sus compras teniendo en cuenta motivos éticos o de sostenibilidad, tal y como apuntan los datos de la OCU. Pero, además, los consumidores quieren cada vez más información sobre la forma en que se producen los alimentos, según los datos del informe La sostenibilidad en el sector alimentario: un reto de todos, elaborado por Corteva, compañía referente en el sector agrícola en tecnología de semillas, protección de cultivos y agricultura digital.

Y en este espacio, es nuestro deber reconocer el compromiso de muchas empresas y asociaciones con la promoción, la gestión ética y el uso de insumos cada vez más respetuosos con la naturaleza. Con pilares como este, vamos evolucionando, dejando atrás períodos donde el criterio principal era la productividad. En ese camino, el sector abraza conceptos más integrados, donde el respeto al entorno y la seguridad, tanto para el operario como para el consumidor, son cada vez más evidentes. Fruto de esta progresión son los nuevos productos, más específicos, más respetuosos y con menor riesgo.

Si partimos del axioma de que una agricultura biológica no sería capaz de alimentar a la población mundial actual, resulta imprescindible la buena gestión del uso de los productos fitosanitarios y el enfoque de un futuro con la perspectiva de una agricultura integrada, esa que se encuentra a medio camino entre la agricultura ecológica y la agricultura industrial o convencional, permitiendo la utilización racional y razonable de productos agroquímicos de síntesis. Los latinos decían In medio virtus; es decir, la virtud está en el término medio. Un punto de equilibrio entre dos extremos perniciosos: el exceso y el defecto. El mito de Ícaro lo ejemplifica a la perfección: para escapar del Laberinto de Creta, Dédalo fabricó para sí mismo y para su hijo unas alas de plumas pegadas con cera, advirtiéndole que no volara demasiado alto para evitar que el sol derritiera la cera de sus alas, ni tampoco demasiado bajo ya que estas se mojarían y se harían demasiado pesadas para poder elevarse. La ambición del temerario joven le llevó a acercarse al sol, precipitándose así al mar, donde murió. En definitiva, una leyenda mitológica clásica que nos recuerda la necesidad de alcanzar un deseado punto medio entre los extremos.