El «face to face» no ha perdido protagonismo a pesar de la pandemia

Tras año y medio de permanecer cerrados, salones y ferias del sector abren de nuevo sus puertas con protocolos sanitarios derivados de la pandemia por la COCID-19. Vuelven sin apretones de manos, pero vuelven. En su lugar, recurriremos a los golpes de puño o codo, a una reverencia tradicional japonesa o cualquier ritual inventado para saludar o sellar intercambios profesionales y comerciales. Así, a pesar de tantos inconvenientes, las ferias han logrado mantener su pulso en este siglo XXI de la tecnología, la digitalización y el control de la información a nivel global y, sobre todo, de una crisis sanitaria que ha alcanzado límites insospechados.

A pesar de tantas dificultades, las ferias pueden seguir presumiendo de ser, hoy en día, grandes impulsoras de negocio, en un espacio de concentración —ahora tan limitado y medido— donde confluyen potenciales compradores, proveedores, distribuidores, emprendedores y congresistas. Una oportunidad para las empresas de escenificar su posicionamiento, reforzar su imagen de marca, ampliar su conocimiento sobre el conjunto de actores que integran el sector, tomar el pulso al mercado, conocer las nuevas tendencias y valores de las firmas más punteras o fomentar estratégicas alianzas.

Pero que las ferias cosechen un determinado éxito depende en gran medida del grado de conexión entre los organizadores y su comunidad. Desde el sector del jardín, este tándem ha demostrado haber hecho bien los “deberes”. Los tiempos cambian y los responsables son conscientes de que las compañías y visitantes no buscan solo intercambiar impresiones en sus stands, vestir sus espacios con las últimas novedades o llenarse los bolsillos de tarjetas de visita; sino, sobre todo, vivir una experiencia global que les aporte un valor determinante. Con este objetivo las ferias han reinventado sus formatos de la mano de la tecnología, fomentando también su sentido de comunidad, gracias a las plataformas digitales.

Asimismo, han cuidado el lado más humano, con la búsqueda del equilibrio entre el aspecto lúdico y la vía laboral. Con su arduo trabajo, en cada edición, los pasillos, donde prolifera el merchandishing, vuelven a mostrar ese casi olvidado trasiego previo a la crisis. En esta edición de octubre de Tecnogarden, hemos dado la palabra a Miguel Bixquert, director de Iberflora, y a José María Zalbidea, secretario general de Fepex, entidad organizadora junto a Ifema de Fruit Attraction. Dos profesionales de primera línea, que nos muestran su particular enfoque de estos dos salones, señalados en rojo en nuestros calendarios, así como una profusa radiografía del sector. Un honor, como siempre, poder contar con su valiosa visión.

Las ferias son, como las navidades, un tiempo que invita a reencontrarse —salvando las distancias, especialmente en estos momentos de postpandemia)—, a mantener un sustancial engagement, e incluso, si se quiere, a disfrutar. De esto no deriva el que no haya otro tipo de ocasiones, pero la realidad es que, a día de hoy, y a pesar de todo, el networking presencial es un aspecto clave para el éxito de un negocio. Más allá del auge on-line, el marketing digital y las redes sociales, el deseo de desvirtualizarse y recurrir al face to face no ha perdido protagonismo. Podrá pasar el tiempo, podrán cambiar los escenarios por crisis económicas y sanitarias, pero nadie podrá negar que el carácter presencial de las ferias, en el tiempo presente, es clave para promover un clima de confianza y de naturalidad.