El Real Jardín Botánico de Madrid propone descubrir “Los árboles que somos”

Drago milenario (izquierda). Técnica mixta. Homenaje a La Palma e imagen del cartel anunciador de la exposición en el Real Jardín Botánico (derecha). Ruiz Poveda.

Tanto la flora como la fauna forman parte de la historia de un país. Desde los insectos más pequeños hasta los grandes paisajes. Cada elemento a su modo forma parte del alma de un territorio, es lo que construye sus sociedades, su economía, su sustento. El clima construye sus costumbres.

La obra de Miguel Ruiz-Poveda, que desde este domingo 5 de diciembre puede verse en el Real Jardín Botánico (RJB-CSIC) de Madrid bajo el título Los árboles que somos. Testigos del tiempo, “ahonda en las entrañas del territorio en el que vive, el territorio de la Península Ibérica. Sus árboles -encinas, olivos-, y sus campos -viñedos, trigales-, forman parte de una larga tradición de nombrar el paisaje y de indagar en las raíces de las identidades colectivas que lo habitan, desde los Machado hasta Unamuno, pasando por la Escuela de Vallecas o la Escuela de Madrid”, tal y como apunta la poetisa y profesora de español en París, Natalia Ruiz-Poveda.

Sus paisajes no solamente reflejan los ecosistemas, sino las manos que los trabajan, las de las mujeres y hombres que aran y siembran la tierra, o apacientan el ganado. El árbol ha sido transformado, utilizado, y es un patrimonio natural cuyas ramificaciones y troncos, son las raíces de todas las personas que pasan de algún modo por el territorio dejando su impronta. De aquellas personas que trabajan en las fábricas, o en los comercios, a los que mantienen vivo el campo adaptándose a las nuevas realidades y los desafíos ecológicos, conviviendo codo a codo con el entorno.

Los árboles, testigos de todas las épocas y sociedades

“Estos olivares, estos campos de amapolas, no solamente son testigos de las manos que los trabajan sino también de sus idas y venidas. Los árboles son testigos de las épocas y sociedades que han pasado por el territorio. Desde los romanos, fenicios, o árabes, hasta las revoluciones industriales y científicas, la globalización o los cambios en los hábitos de consumo). Testigos de sus guerras y de sus conflictos”, señala Natalia Ruiz-Poveda.

Pero además de retratar esta realidad geográfica e histórica, los árboles nos observan desde su silencio. “¿Quién es el espectador en esta exposición?”, se pregunta Natalia Ruiz-Poveda para, seguidamente, recordar que, “los árboles observan el tiempo pasar, han sido amigos de las mujeres y hombres del territorio durante muchos siglos, respiran en silencio, renuevan el oxígeno que nos mantiene vivos sin que les demos la más mínima importancia”.

En su obra, Ruiz-Poveda realza el papel del campo en las sociedades actuales donde todo es posible porque todo está siempre disponible. Su obra nos devuelve a los ritmos naturales, el del sol y la luna, los cambios de estación y las cosechas. En su obra, los árboles son los verdaderos espectadores y nos devuelven la pregunta anterior a los visitantes. Con su silencio nos alertan de un futuro en el que la naturaleza está en riesgo.

Por último, los árboles de Ruiz-Poveda que se pueden ver en la Sala de los Bonsáis del Real Jardín Botánico y que el artista ha dedicado a nuestro amenazado medio rural, nos exigen parar, detener la mirada y contemplar. Poner especial atención al sonido del viento o a los cantos de las aves. Árboles que actúan como testigos, que guardan en ellos todas las épocas, anhelos y cuestionamientos sobre el porvenir y que, como concluye Natalia Ruiz-Poveda,  “nos devuelven las preguntas”.