Los incendios destruyen 245.000 hectáreas en España durante 2022

En España se han quemado 245.061 hectáreas forestales desde principios de 2022, según datos de Effis (Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, por sus siglas en inglés). Esta cifra supone un récord histórico en superficie calcinada en comparación con los datos de 2012, hasta ahora el peor año registrado con más de 166.185 hectáreas afectadas.

Durante un verano marcado por las olas de calor y la fuerte sequía, este fenómeno ha estado presente en toda Europa. En lo que va de año, 657.988 hectáreas han ardido a causa de los incendios forestales en el viejo continente. Y, aunque España lidera la lista de los países con mayor superficie afectada, otros como Rumanía, Portugal o Francia se han encontrado con circunstancias similares.

Además, desde Effis han destacado que los incendios de importancia no solo se han producido en los países del Mediterráneo, sino también en zonas más al norte donde estos eventos no eran tan habituales. Por ejemplo, Eslovenia donde se han visto algunos de los mayores incendios de los últimos 30 años.

“La sequía y las temperaturas extremadamente elevadas han afectado a toda Europa, lo que incrementa enormemente el riesgo de incendios forestales. La situación es muy preocupante y solo estamos a mitad de la temporada de incendios”, ha apuntado Jesús San Miguel Ayanz, coordinador del Effis, en la televisión pública alemana.

En este escenario, la pérdida de masa forestal provoca tanto un aumento directo de las emisiones de CO2 como la perdida de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que provee el bosque. Todo esto sin tener en cuenta las complicadas situaciones materiales y personales que generan los incendios para aquellas personas que viven en el medio rural.

Para tratar de resolver los problemas que presenta esta situación, el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) ha reunido a diferentes expertos en prevención y gestión de incendios forestales. En esta tribuna, el CSIC expone algunas de las claves para anticiparse a los efectos del fuego y aplicar medidas de recuperación en los ecosistemas afectados.

Los expertos han señalado que las soluciones sostenibles a este problema giran en torno a la coexistencia con el fuego, “adaptándonos a su presencia y anticipando sus efectos más devastadores minimizando la vulnerabilidad de los bosques”. Para ello el texto recoge dos ideas fundamentales: la recuperación de la población y las labores en las zonas rurales, y la gestión forestal.

Al mismo tiempo, desde la tribuna han reclamado que estas medidas deben aplicarse a lo largo de todo el año para conseguir que sean efectivas, "sin embargo, en muchas ocasiones las labores de prevención no arrancan hasta los primeros meses de calor".

Zonas rurales vacías

El ser humano ha convivido con los espacios forestales desde su aparición, condicionando su evolución y adaptación. Sin embargo, ahora Europa se enfrenta a un abandono en masa de los espacios rurales sustituyendo las pequeñas empresas por la industria agroalimentaria intensiva.

Los expertos han señalado que existe consenso dentro de la comunidad científica sobre como este éxodo total promueve la densificación y expansión del bosque en esos espacios que antes ocupaba la actividad humana (forestal, agrícola o ganadera). “Esto genera un entorno más homogéneo y por lo tanto más vulnerable a la expansión de las llamas”, han explicado desde la tribuna.

Además, la diversidad de espacios como bosques, cultivos herbáceos y leñosos, pastos, o matorrales proporciona un cortafuegos natural al mismo tiempo que impulsa la actividad y fomenta el trabajo en el campo. Dotando a las zonas mixtas de una mayor resiliencia ante fenómenos de esta índole.

“Se trata de tejer alianzas entre la gestión del bosque y el resto de los usos rurales, y que quienes viven de la agricultura y la ganadería trabajen codo con codo con los propietarios y gestores forestales para crear territorios resilientes al fuego”, han apuntado desde el CSIC. A su vez, han reclamado a la Administración medidas que vayan en esta línea y estimulen la economía de las zonas rurales.

En este sentido, la Comisión Europea lleva tiempo desarrollando actuaciones con este fin. Y podemos ver algunos ejemplos en nuestro país, como la “red de áreas pasto-cortafuegos de Andalucía (RAPCA)” o la iniciativa “Ramats de Foc” (rebaños de fuego), que promueven el pastoreo en zonas arboladas donde los animales actúan controlando el exceso de vegetación.

Gestión forestal

Asimismo, las actuaciones en los bosques también son fundamentales para prevenir los incendios o al menos limitar sus efectos. Medidas enfocadas en la reducción del combustible (la cantidad de biomasa) o los cambios en su estructura (tamaño y ubicación) pueden prevenir la expansión del fuego. En este caso las “áreas cortafuegos” son espacios en los que disminuye la densidad vegetativa partiendo de caminos y carreteras. Esto no solo limita el avance del fuego, sino que permite a los servicios de emergencia intervenir más fácilmente en las zonas afectadas.

“Además, la regulación de la densidad de árboles en edades tempranas y en alta densidad mediante claras o clareos son también medidas protectoras. Ante un futuro que se prevé más seco y con regímenes de precipitación irregular, conviene pensar también en áreas de monte bajo con especies herbáceas o arbustivas que necesitan menos agua para mantenerse hidratadas, una buena vacuna para evitar grandes incendios”, han apuntado desde la tribuna.

Del mismo modo, los espacios forestales multifuncionales con una composición mixta no solo dan menos oportunidades de expansión al fuego, sino que aumentan la capacidad de recuperación de las zonas calcinadas.

Recuperación de los bosques

En muchas ocasiones, pese a las intervenciones previas la aparición del fuego es inevitable. Además, es importante tener en cuenta que en los ecosistemas mediterráneos los incendios forestales forman parte de la dinámica natural del bosque. Y en ocasiones son necesarios para su regeneración mediante un proceso denominado serotinia.

Por ello, estos ecosistemas están preparados para regenerarse sin problemas después de los incendios y los expertos han apuntado que “en muchos casos la mejor medida es no hacer nada (restauración pasiva)”. Sin embargo, “los nuevos regímenes de incendios, mucho más virulentos, sobrepasan esta capacidad de adaptación, llegando a reducir de forma permanente la biodiversidad y la funcionalidad del ecosistema”, han advertido desde la tribuna.

Al mismo tiempo, las actuaciones posteriores al incendio están determinadas por los diferentes tipos de suelo. “Una correcta gestión pasa por desarrollar estrategias que busquen promover la capacidad para recuperarse o resiliencia del ecosistema y por asumir la mejor solución posible en cada caso particular”, han apuntad desde el CSIC.

Del mismo modo, el grupo de expertos ha avisado del grave riesgo que suponen los incendios para las zonas forestales si no tienen tiempo de recuperarse. “Dos incendios en el mismo lugar en un periodo menor del necesario conllevarían, inevitablemente, la pérdida definitiva del ecosistema arbolado. La selvicultura y la gestión forestal son nuestras respuestas para ayudar al bosque y, no nos engañemos, mientras vivamos en este planeta, somos los primeros interesados en mantener bosques y ecosistemas sanos”, han concluido en la tribuna.