La recogida mecánica del olivar en setos aumenta las enfermedades

La recogida mecánica del olivar en setos está favoreciendo la proliferación y gravedad de algunas enfermedades y plagas que hasta ahora no resultaban problemáticas, como el mosquito de la corteza del olivo y la lepra. Para entender mejor esta situación, el encuentro “Phytoma Nuevo escenario de la sanidad en el olivar: estrategias de control y servicios ecosistémicos”, que se celebrará el 9 y 10 de noviembre en el Auditorio de Dcoop de Antequera (Málaga), observa los problemas específicos del olivar superintensivo andaluz.

Este tipo de cultivos posee un follaje denso que ofrece unas condiciones ambientales optimas. Sin embargo, la recolección se realiza con una maquinaria que produce muchas heridas en la corteza y ramas del árbol, lo que facilita la colonización de algunos patógenos.

“No son nuevos organismos, sino especies que habitualmente pasan completamente desapercibidas y a los que, sin embargo, el olivar en seto proporciona unas condiciones muy favorables para su desarrollo”, explica Manuel José Ruiz Torres, de la Unidad de Entomología del Laboratorio de Producción y Sanidad Vegetal de Jaén.

En Andalucía están apareciendo problemas localmente importantes, como el mosquito de la corteza del olivo, Resseliella oleisuga, una plaga “que la inmensa mayoría de olivareros ni conoce”, reconoce Ruiz Torres, codirector del Encuentro junto a Rafael Sánchez Trujillo, jefe del Servicio de Sanidad Vegetal de la Junta de Andalucía.

Hasta ahora, se trataba de un organismo que pasaba desapercibido porque apenas afectaba a la producción. Sin embargo, en zonas de olivares en seto de Sevilla y Córdoba está empezando a producir problemas porque “las heridas facilitan la colonización de la planta por este cecidómido”. Los adultos realizan la puesta bajo la corteza aprovechando estas heridas no cicatrizadas. A los pocos días nacen las larvas, que se alimentan entre la corteza y la madera y pueden cortar el flujo de savia, lo que provoca la seca de las ramas finas a partir de la zona de colonización.

Otro ejemplo de patógeno que prolifera en los olivares en seto es la lepra, “una enfermedad con poca incidencia hasta que ha habido unas condiciones ambientales en las que ha aparecido y se han descubierto en España unos síntomas que no se conocían. Está siendo especialmente virulenta en muchos setos”, ha admitido el técnico del Laboratorio de Producción y Sanidad Vegetal de Jaén. “No necesariamente un cultivo intensivo es ‘el malo de la película’. Depende de cómo se gestione. He visto olivares en seto con una diversidad de cubierta vegetal fantástica”, ha matizado.

Causada por el hongo Phlyctema vagabunda, en Andalucía es considerada una enfermedad emergente. Causa la caída de los frutos y pérdidas de rendimiento como consecuencia de la descomposición de su sustancia grasa. Las condiciones favorables para el desarrollo de la lepra son temperaturas suaves, en torno a los 20 ºC, ambientes húmedos y lluvia frecuente. Los síntomas, que pueden confundirse con los de la antracnosis y el repilo, consisten en pequeñas lesiones necróticas redondeadas, deprimidas, de color marrón oscuro que acaban momificando total o parcialmente el fruto.

Para su control, el Servicio de Sanidad Vegetal andaluz recomienda medidas preventivas y culturales que favorezcan la ventilación del árbol, como podas de aireación, y retirar los frutos afectados del suelo o ramas en las parcelas donde se haya detectado la enfermedad, ya que actúan como reservorios del inóculo. Adelantar la recolección para evitar el contagio de nuevos frutos es otra práctica recomendable por Sanidad Vegetal, que limita el control químico con fungicidas a las zonas de riesgo, donde haya aparecido la enfermedad, y solamente en variedades sensibles. En ese caso, conviene realizar tratamientos preventivos en otoño, antes de la llegada de las primeras lluvias, con productos cúpricos y mezclas de estos con fungicidas orgánicos.

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