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“La ley ya nos dice que hay que reciclar; es cuestión de aplicarla”

Desde hace más de 30 años, Anka Demoliciones es una de las empresas referentes del sector. Su trayectoria ha ido ligada a los altibajos de la economía española. Tras la crisis, la empresa ha recuperado un ritmo de actividad similar al de los años anteriores. Hablamos con Daniel Anka, presidente del Grupo Anka y vicepresidente de Aeded, de la situación del sector y de sus reivindicaciones.

¿Cómo ha llegado el sector al Foro de deconstrucción?

El sector ha mejorado en los últimos años viniendo de la crisis que veníamos. Los crecimientos son muy altos porque veníamos de muy abajo. A nivel de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao, los grandes mercados, se ha crecido cerca de un 35-40%. El problema son las zonas donde está más en declive: Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla y León… Son mercados que no levantan cabeza y no tienen previsión de levantarla.

¿Dónde se da esta recuperación?

La recuperación se da en zonas muy puntuales y en sectores muy concretos, hoteles y cascos históricos. Hubo un “boom” por el tema de las oficinas, que ya se ha estibilizado, el residencial prácticamente nulo, todo lo que se está construyendo es obra nueva. La demolición industrial es un mercado parado, y la obra pública prácticamente inexistente.

Estamos creciendo, estabilizándonos en volumen e intentando crecer en precio. Se ha incrementado el coste del salario por convenio, nos subió especialmente en Madrid el coste de vertedero, un 20%. Y el resto intentando optimizar con renovación de maquinaria, con productividad y con nuevos métodos de trabajo.

“Si tienen que llegar 100 toneladas de hormigón a una planta y llegan 50, la sanción debe ser lo suficientemente dura como para que no salga a cuenta delinquir”

¿Cómo ha evolucionado Grupo Anka de forma paralela a los años de la crisis?

Hemos cumplido 31 años. Hemos vivido tres crisis, esta última ha sido la más prolongada porque también vivimos un crecimiento económico muy prolongado. El problema de las empresas ha sido siempre el endeudamiento, si eres capaz de no endeudarte puedes mantenerte a flote. En tiempos de bonanza nosotros estabilizamos y optimizamos la maquinaria y el inmovilizado como para no endeudarnos. Eso nos ha permitido superar la crisis. Nosotros pasamos de ser 450 trabajadores en 2006 a 20 en 2012. El tiempo de crisis lo hemos superado también con la ayuda de los trabajadores. Hemos cogido las obras adecuadas para coger rendimiento, no nos hemos metido a intentar coger volumen para tratar de alcanzar una producción que sabemos que no va a salir.

Hemos recuperado valores positivos en 2016 y 2017, y este 2018 llevamos una buena línea de crecimiento. El problema es que el crecimiento es irreal porque no venimos de una época estable; tener un crecimiento del 40% es más o menos fácil. Este 2018 por contratación de obras estamos cerca de valores anteriores a la crisis, con cerca de 600 ofertas directas, pero por facturación estamos lejos. Los precios cayeron y no se han recuperado.

¿Dónde concentráis la actividad?

Tenemos trabajos en Madrid y en la comarca y más puntualmente en Navarra, Málaga, Valencia, Zaragoza y Teruel. Son mercados donde vemos que hay posibilidades. También tenemos algunas ofertas importantes en Extremadura.

Como demolición tenemos concentradas la actividad en España, pero como Grupo estamos en Kazajstán, China y Alemania. Allí estamos enfocados en temas de eficiencia energética y energía.

¿Cuánto pondera el sector privado y el público en vuestra actividad?

Para nosotros todo privado, para tener la calificación empresarial, que es lo que te permite trabajar con las administraciones, dependemos de las contratas. Sí trabajamos a través de ellas en concursos públicos: rehabilitación de colegios, asfaltado de calles, zanjeo… Pero siempre a través de una subcontratación.

¿En qué aspectos habéis puesto más el foco en esta edición del Foro?

En los últimos años estamos trabajando con colegios profesionales y en colaboración con el Ministerio en la elaboración de nuevas guías para la gestión de residuos. El año pasado empezamos un grupo de trabajo con profesionales dirigido a arquitectos, aparejadores y técnicos cualificados para la elaboración de proyectos de demolición. Para nosotros es muy importante enfocar el procedimiento y la trazabilidad del residuo desde el comienzo. Son dos grupos de trabajo que van enlazados, la elaboración del proyecto va vinculada a la ejecución y a cómo vas a disgregar esos materiales, cómo vas a seleccionar esos residuos y qué se puede hacer con ellos. También haremos presentación de residuos peligrosos, de procedimientos, de nuevas tecnologías… Además este año contaremos con ponentes internacionales: una empresa francesa hablará de descontaminación, y una empresa italiana de obras especiales.

Los ratios de recuperación de materiales en países como España o Italia siguen estando lejos de otros países europeos. ¿Es un problema más normativo o cultural?

Es cierto que somos los países del corredor Mediterráneo, Grecia, Italia, sur de Francia y España, los que peor lo hacemos. No tenemos una conciencia medioambiental y además tenemos una normativa que no se aplica.

Por otro lado tenemos unos costes de gestión ridículos. Aquí hacemos vertidos, no hacemos reciclaje. Llegar al 90% de tasa de reciclaje implica, primero, una conciencia medioambiental. Segundo, una conciencia de reutilización, los proyectos se realizan con materiales nuevos. Y tercero, los costes. En España el coste de la gestión recae principalmente en el productor. Habría que vincular la gestión de residuos directamente con el promotor, para reducir la intermediación. Si eres capaz de hacer un proyecto donde detalles exactamente qué se va a sacar y qué se va a hacer con ello con un estudio de gestión de residuos, ese coste repercúteselo al promotor, no intentes abaratar a base de intermediarios. Define en el proyecto qué se va a hacer.

2020 será un año de inflexión porque el protocolo de París marca unos nuevos parámetros medioambientales y de gestión. Esperemos que eso sirva a los gobiernos para que las multas sean lo suficientemente fuertes como para que no merezca la pena seguir delinquiendo en ese aspecto.

¿Compensa hacer las cosas mal?

No existe incentivo. En Gran Bretaña se paga una tasa de 100 libras la tonelada de vertido. Entonces interesa gestionar, la interesa al promotor: vas a generar basura que vas a pagar a 100 libras la tonelada. Si la basura la separa en obra y la lleva a los diferentes gestores le va a costar 5, 10 libras.

En España estamos pagando a 8,5 la tonelada, sea limpio o no. Entonces el incentivo es la buena fe, con el riesgo de quedarte fuera de la obra porque la competencia lo hace de cualquier modo. O que el proyecto venga definido con una certificación medioambiental y que el promotor le dé valor a tener ese sello. Pero normalmente lo que hace es separar el proyecto de demolición del proyecto de ejecución y entonces no le penaliza.

¿En qué tejado está la pelota en esta situación?

Es cuestión de aplicar la ley. La ley ya nos dice que hay que reciclar, pero no hay unas tasas, no hay un incentivo. A los gestores no les interesa reciclar porque no tienen salida de producto. Si la administración apostase por el árido reciclado que sale de las obras para obra pública, restauración de caminos, drenaje para jardines, etc., estás ofreciendo un incentivo.

El yeso se va a convertir en la nueva chatarra. La nueva ley de residuos va a obligar a que las placas nuevas lleven un porcentaje de yeso reciclado, es uno de los materiales más contaminantes para los acuíferos. Estamos colaborando con empresas en recuperación de placa laminada para su recuperación. En el último estudio que sacamos en DDR de EDA vimos que en España se recupera un 2% de yesos. Todo va mezclado, apenas computa como reciclable. Ahora se construye con placa laminada, con lo que el crecimiento va a ser exponencial. Se habla de que hacia el 2022 tendrá un potencial de reciclaje de hasta el 60%. Si tú obligas a que ese material se vuelva a meter en la cadena de producción, lo estás sacando de los vertederos y se lo estás dando a un gestor. Eso lo podemos hacer con muchos materiales, el ladrillo, el hormigón, el plástico, el papel… Evidentemente no vamos a llegar al 100%, pero hay que estudiar la escala de valorización de cada uno de los materiales.

Sin embargo, el concepto de la economía circular está cada vez en más partes, incluido el ámbito político. ¿Qué hay detrás de esta declaración de intenciones?

Todo son buenas palabras hasta que se ponen cifras. El papel es un ejemplo sencillo: comprar papel reciclado es más caro que comprar papel limpio. Fabricar yeso reciclado es más caro que fabricar yeso de cantera. Cuando sales a una licitación, lo primero que haces es optimizar el coste. Y hasta que no tengamos la conciencia de que el coste no es solo económico, sino medioambiental, va a seguir primando lo más barato. España recibe multas, pero las paga “España”. Ya veremos cómo repercutirán luego, pero a mí no me llegan las sanciones, le llegan al Gobierno. Y ese coste acaba repercutiendo en los proyectos.

“Lo que más ha cambiado en los últimos 30 años es la seguridad. Ahora los operarios están más especializados, la formación ha mejorado mucho”

¿Dónde se puede intervenir en este círculo vicioso?

Obligando a cumplir la ley. Tú tienes unos puntos de gestión y unos vertederos. Hoy en día con la tecnología que hay es muy fácil conocer la topografía de ese lugar y con registros de entrada y salida conocer el tránsito y la trazabilidad de los materiales. Si en la redacción del proyecto se cuantifica la cantidad de residuo que se va a generar puedes poner el destino de cada uno de ellos y hacer un seguimiento. Si tienen que llegar 100 toneladas de hormigón a una planta y llegan 50, la sanción debe ser lo suficientemente dura como para que no salga a cuenta delinquir.
Vemos ejemplos en los que además de ser sanciones pequeñas, esta tiene como destinatario un CIF. El responsable de la acción no es Anka, es Daniel quien ha tomado la decisión. Y si yo he hecho algo mal, a quien tienen que inhabilitar es a mí. Pero si me cierran Anka, puedo abrir “Daniel Demoliciones”. Esto es lo que está pasando en el sector. Hay competencia desleal porque se pueden generar CIF diferentes con el mismo personal, la misma maquinaria, el mismo domicilio social y el mismo gerente.

Una de las vocaciones de la nueva Ley de Contratos del Sector Público es precisamente la de primar otros criterios en las licitaciones más allá del precio. ¿Está cumpliendo su objetivo?

La ley marca que empresas calificadas contraten a empresas calificadas, pero vamos a seguir con los valores técnicos fuera de contratación, por lo que volverá a primar el precio. Mientras esas empresas sigan controlando los concursos van a dar posibilidad de calificación a las empresas con las que quieran trabajar. El resultado es que la contratación pública se va a convertir en una contratación privada pagada por la administración. Pero la subcontratación va a seguir la misma cadena.
Si la administración quiere abogar de verdad por ello debe primar la especialización técnica. Hoy en día no existen requisitos hacer una demolición. No hace falta maquinaria porque se alquila. Los operarios se contratan por obra y servicio.

¿Qué importancia tiene en este sector disponer de maquinaria propia?

La posibilidad de alquilar debe ser un complemento para tu actividad. Si te quieres dedicar a algo debes tener recursos propios. Evidentemente, no puedes tener toda la gama de maquinaria, pero incluso te puedes asociar con otras empresas para completar ese trabajo. Aeded está sacando una certificación propia que queremos estandarizar a nivel nacional para poder tener unos parámetros legales en relación a esto. Y uno de los aspectos es tener un parque de maquinaria lo suficientemente representativo para poder certificar que te dedicas a la demolición.

La especialización no está solo en la maquinaria. Está en los operarios, en los seguros de responsabilidad civil, en los epígrafes que tienes que tener para poder facturar, en la prevención de riesgos… Todo eso acaba difuminado en el momento que la contratación pasa a ser una subcontratación. Porque la contrata principal es una constructora que dentro de su amplio abanico de posibilidad tiene un sector de demolición. Pero no tiene ni un operario que haga demolición ni nadie que haga formación de demolición, y en ocasiones ni una excavadora. Acaba siendo un gestor, con un economista que va a controlar el comparativo, con un departamento de estudios que ha pedido oferta a todo lo que se mueve y que van a ir al precio más bajo.

“Si la administración quiere abogar de verdad por criterios que no sean los económicos, debe primar la especialización técnica”

¿Se puede cambiar el modelo?

En la construcción está empezando a funcionar el modelo de project manager. Es una figura que viene de Inglaterra y está empezando a verse aquí. Se supone que va a velar por los intereses del promotor especializando y paquetizando. Nos está dando margen suficiente para hacer una contratación directa y ser nosotros una contrata. Nosotros enfocamos nuestro futuro a este modelo, que suele aplicarse en proyectos con inversión extranjera. Esto nos permite tener un trato directo con el cliente, un cobro en fecha, una especialización y un servicio más directo. Somos nosotros los que hacemos nuestro plan de seguridad o nuestro plan de gestión de residuos. No estamos condicionados a que un tercero nos diga cómo tenemos que hacer nuestro trabajo.

Cargadora CAT 216B3 empleada en los trabajos de desescombro del hotel Rex

¿Qué obra reciente destacarías de las que estáis llevando a cabo?

Una de nuestras obras principales es el Hotel Rex, en Gran Vía (Madrid). La complejidad de esta obra está en la evacuación de los escombros. Es un edificio de 11 plantas y tuvimos el problema de que no se pueden generar huecos nuevos, por lo que teníamos que aprovechar los huecos de los ascensores. Estos huecos estaban en la otra punta del edificio y teníamos que bajar a planta -2 porque en planta baja se mantiene el antiguo cine como protegido. Estábamos saliendo con una rampa de un 55% de inclinación, que poca maquinaria los aguanta. Con escombro y una capa de hormigón hicimos esa rampa y con una cargadora Cat 216B3 pudimos salvar la pendiente.

Nuestro valor añadido es la dificultad. Una obra sencilla la puede hacer cualquiera, pero para obras de este tipo hay que recurrir a empresas especializadas. Los inversores son economistas y quieren rentabilidad desde el primer momento, no se juegan el prestigio o un posible retraso. Y la demolición es el primer paso, si puedes ganar tiempo y reducir el plazo de la obra, mejor.

¿Cómo fue la metodología de trabajo en esta obra?

En este caso, antes de realizar el proyecto de ejecución colaboramos con el project, en este caso Hill International para hacer el proyecto de demolición. Con este procedimiento al mes y medio ya tenían tres plantas limpias, con lo cual todo va con la cadena adecuada. A nosotros no nos molestan con el proyecto de demolición y nosotros les vamos liberando espacio.

Ahora está en un proceso más avanzado. Estamos haciendo recalce de estructura, demolición de zapatas antiguas, entibado y encinchado de las nuevas estructuras. Está siendo una obra muy representativa y muy simbólica para nosotros.

¿Qué es lo que más ha cambiado en el sector en estos más de 30 años que lleva Anka de actividad?

Lo que más ha evolucionado es la seguridad, ha sido vital. Los operarios están más especializados, la formación ha mejorado mucho. La maquinaria y la tecnología también han avanzado mucho: maquinaria eléctrica, brazo largo, cámara teledirigida… Aunque el proceso demolición en sí sigue siendo básicamente el mismo.

¿Qué tiene que cambiar para que la opinión pública tenga una opinión diferente de esta actividad?

La obra del vecino siempre molesta. Y hacer una obra sin ruido y sin polvo hoy por hoy es imposible. Hacer entender a la gente de que son obras necesarias es complicado. Nos han hecho mucho daño estos programas de reformas que lo primero que hacen es demoler de cualquier manera. Para poner los muebles de la cocina llamas a un carpintero. Para hacer la instalación eléctrica llamas a un electricista. ¿Para demoler vale cualquiera? Se te puede caer la casa encima si tocas un pilar que no debes. La demolición es el sector de la construcción con más siniestralidad. Trabajas con una gran inestabilidad, cada planta que estás demoliendo es distinta. Necesitas una preparación mucho mayor. Y sin embargo vemos que para demoler vale cualquiera y para el resto de oficios te llegan a pedir una certificación.

¿Qué papel pueden jugar asociaciones como Aeded de cara a esta opinión pública?

Se habla de demolición cuando hay un siniestro o una voladura controlada, que es muy espectacular, atrae a legisladores para pulsar el botón. Pero raramente se usa salvo en zonas industriales.
La realidad es que no podemos enseñar nuestro trabajo porque nosotros “deshacemos”, no somos una actividad visual. Pero cuando se informa de un siniestro, pedimos que también se hable con las empresas dedicadas o la asociación para dar las explicaciones.

¿Cómo pueden contribuir eventos a mejorar la situación del sector?

El foro es un altavoz en el ámbito profesional. Cuando nos dan voz dentro de la industria de la construcción nuestra opinión molesta, somos una especialidad muy concreta. Realmente no somos constructores, estamos antes que la construcción. Incluso para un cliente es bueno separar un proyecto de construcción de uno de demolición. Adelanta licencias, abarata costes,y evita riesgos.

About Lucas Manuel Varas Vilachán

Responsable del Área de Infraestructuras de Grupo TPI.

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