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Anuario TPI 2015

a Unión Europea ha puesto el acento en la necesidad de que la industria vuelva a ganar peso en el conjunto de la economía. Los países con una mayor tradición industrial han sufrido en menor medida los efectos de la crisis. Además los dirigentes políticos han reconocido que la industria es un motor de generación de empleo estable y de calidad. Pero, ¿cómo promover la actividad industrial? Las empresas, muy especialmente las PYMES, se han visto afectadas por la caída de la actividad y aun así, con los recursos muy mermados, las compañías supervivientes luchan por seguir en el mercado pese a las adversidades. Ante esta situación, la sociedad espera que las instituciones sabrán sentar las bases para que se desarrolle una industria competitiva, tecnológicamente avanzada, que pueda abrir mercados y así crear empleos. Un marco regulatorio estable, que disipe las trabas administrativas y que dote a las empresas industriales de un verdadero mercado único español y europeo, facilitaría esa potenciación de la industria que tanta falta hace. La multiplicidad de legislaciones y reglamentaciones superpuestas por territorios y las exigencias desiguales de las diferentes Administraciones, Sonia Fernández Ayala Directora General de ANDECE reducen la competitividad de manera innecesaria. El Reglamento europeo de productos de la construcción y el marcado CE debe ser en nuestra industria la referencia para la libre circulación de mercancías en el mercado. La vigilancia de mercado bien entendida, que destierre la competencia desleal de los incumplidores y siente unas mismas bases de competencia para las empresas industriales, es de vital importancia. Pero no solo esto afecta a la empresa, también las divergencias de fiscalidad, de condiciones crediticias, de formas de pago y periodos de cobro, así como de coste de la energía, suponen un menoscabo a la competitividad industrial. Se espera que las instituciones tomen conciencia de estas circunstancias que afectan en mayor medida a las empresas de menor tamaño. En España, cuyo sistema financiero ha acusado una reestructuración muy significativa, las condiciones de financiación y de cobro son especialmente duras en el ámbito de la industria de base de la construcción. Los saldos de circulante a financiar en los balances son incomparablemente superiores a los de nuestros homólogos europeos, dilapidando la competitividad de manera injusta e incomprensible, de todo punto injustificada, además de fuera de la legalidad vigente. Se confía en que las instituciones retomen su papel de vi- 0pinión Potenciar la actividad industrial y la construcción sostenible L 40


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